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LA CALLE ES NUESTRA

Virgen del Socorro: la calle que resiste entre la tradición y el turismo en Alicante

Los vecinos de esta vía, a los pies del Benacantil y con vistas al Postiguet, conviven con la presión inmobiliaria por la proliferación de apartamentos turísticos y la falta de accesibilidad, pero se aferran a un modo de vida que aún conserva la identidad del viejo Alicante

Vídeo | Así es la calle Virgen del Socorro de Alicante en "La calle es nuestra"

La calle es nuestra. Capítulo 1 / Alex Domínguez

Lydia Ferrándiz

Lydia Ferrándiz

Dicen que para conocer una ciudad de verdad hay que caminar por ella. Y en Alicante pocas vías resumen tan bien la evolución la ciudad como la de Virgen del Socorro. Situada a las faldas del monte Benacantil, esta calle ha sido testigo del paso de los siglos y del cambio de una ciudad que creció mirando al mar. De antiguo enclave de pescadores a zona residencial codiciada, su trazado estrecho y su vida de barrio conservan todavía una parte esencial de la identidad alicantina.

Este reportaje inaugura la serie "La calle es nuestra", con la que INFORMACIÓN recorrerá las vías más emblemáticas de la ciudad para mostrar su historia, su presente y sus desafíos. En esta primera entrega, la calle Virgen del Socorro sirve como espejo de esa transformación urbana, a veces acelerada: un espacio donde conviven los negocios familiares, los nuevos residentes y los efectos del turismo que ha cambiado el pulso de la vía en los últimos años.

La calle Virgen del Socorro nació fuera de las murallas de la antigua Alicante. A comienzos del siglo XVII, tras la expulsión de los moriscos, se consolidó como un barrio de pescadores. Su eje principal fue, desde entonces, la calle Virgen del Socorro. En 1585, los Padres Agustinos se establecieron en una pequeña ermita dedicada a Nuestra Señora del Socorro, que según las crónicas fue antes casa de los Caballeros Templarios. Durante un tiempo, la imagen venerada mantuvo su nombre original, la Mare de Déu del Lluc, procedente del santuario mallorquín.

"Aquí seguimos defendiendo lo nuestro. Hemos perdido un poco la identidad, pero yo estoy aquí para recordar lo que somos"

Vicente Giner

— Carnicero en Virgen del Socorro

Los pescadores del barrio en el que se encuentra esta calle, el Raval Roig, agrupados en la Cofradía de San Jaime, tuvieron un papel destacado en la Romería de la Santa Faz y en las celebraciones de Moros y Cristianos, donde representaban a las huestes musulmanas. Gente de mar, valientes y tenaces, muchos de ellos abandonaron la pesca de bahía para enrolarse en embarcaciones que faenaban hasta los caladeros africanos. A comienzos del siglo XX, con los ingresos cada vez más escasos, combinaron las artes de pesca con trabajos portuarios. De ellos ahora solo queda uno, el último pescador del Raval Roig: Felete Torres, el Payero.

Una calle con mundo

Y como no podía ser de otra forma, los residentes de esta calle también fueron el alma de las Fiestas de Septiembre en honor a la Virgen del Socorro, que datan de 1840 y que se cuentan entre las más antiguas de Alicante. Allí se celebra todavía cada septiembre la tradicional "poalà", y durante Semana Santa la calle acoge la salida procesional de El Morenet y, además, la segunda estación de Vía Crucis de la Santa Faz.

"Estoy encantada. Ha cambiado, claro, con más cafeterías y comercios, pero sigue siendo bonito y tranquilo"

Amparo García

— Vecina de Virgen del Socorro

Ahora, la calle Virgen del Socorro combina la memoria de los oficios antiguos con una vida de barrio que resiste entre nuevos comercios y turistas. Entre ellos, Vicente Giner, carnicero y sexta generación de comerciantes, mantiene viva una tradición que comenzó en 1864. "Aquí seguimos defendiendo lo nuestro", explica Giner quien destaca como en la calle se ha "perdido un poco la identidad". "Pero yo estoy aquí para recordar lo que somos y que las tradiciones no se pierdan", añade Giner, quien define la calle como "abierta al mundo". Según explica, casi el 40 % de sus vecinos son extranjeros: "Tenemos gente de todos los países. Es una pasada".

La calle Virgen del Socorro, a vista de dron

La calle Virgen del Socorro, a vista de dron / Alex Domínguez

El carácter acogedor de la calle Virgen del Socorro es su mayor patrimonio. Amparo García, vecina de toda la vida, no cambiaría su calle por nada. "Estoy encantada. Ha cambiado, claro, con más cafeterías y comercios, pero sigue siendo bonita y tranquila", asegura. Como ella, Alicia Martínez comparte ese sentimiento: "Tomar un café aquí o comprar en las tiendas de la calle de siempre es una delicia". Para ella, lo mejor es "estar tan cerca del mar y poder charlar con los amigos". "Antes era un barrio más escondido, ahora es más animado", defiende esta vecina.

"Vengo todos los días porque me encanta el mar. Hago ejercicio, me baño y vuelvo andando. Para mí esto es la vida, mucho mejor que un gimnasio"

Loli Hurtado

— Vecina de Benalúa

Aunque en esta vía también hay quienes llegan desde otros barrios o incluso desde otros países, atraídos por la calidad de vida. Loli Hurtado, vecina de Benalúa, acude cada día a la calle Virgen del Socorro a hacer ejercicio con lo que ella define como "las mejores vistas" de toda la ciudad. "Vengo todos los días porque me encanta el mar. Hago ejercicio, me baño y vuelvo andando. Para mí esto es la vida, mucho mejor que un gimnasio", afirma.

"Venimos de Arizona. Alicante nos enamoró, es encantadora, y esta calle tiene algo especial: se ve el mar desde casi cualquier punto"

Scott Olsen

— Nuevo vecino de Virgen del Socorro

Scott Olsen, estadounidense recién instalado en Alicante, coincide en ese encanto. "Venimos de Arizona y nos acabamos de mudar aquí porque nuestra hija vive en Madrid y queríamos estar más cerca. Alicante nos enamoró, es encantadora, y esta calle tiene algo especial: se ve el mar desde casi cualquier punto. Lo que más nos gusta es poder ir andando a todos lados y vivir sin coche. La calidad de vida es increíble", asegura.

El desafío de conservar la identidad

Entre los locales con historia destaca la panadería de María Teresa Compañ, donde tres generaciones han vendido pan y dulces al barrio. "Antes esto era como un pueblecito, todo muy familiar", recuerda Compañ, quien señala como "ahora hay muchos cambios, se ven más extranjeros y ya no conoces a la gente". "Hay muchos pisos turísticos, y eso lo cambia todo. A veces no sabes quién vive en tu edificio, porque cada tres días hay nuevos vecinos", destaca.

"Hay muchos pisos turísticos, y eso lo cambia todo. A veces no sabes quién vive en tu edificio, porque cada tres días hay nuevos vecinos"

María Teresa Compañ

— Panadera en Virgen del Socorro

Y es que el encanto de la calle Virgen del Socorro, con su situación privilegiada, ha disparado el interés inmobiliario. Los precios han crecido hasta superar el millón de euros en algunos pisos, y la proliferación de apartamentos turísticos preocupa a los vecinos. "Los pisos turísticos están desplazando a los vecinos de toda la vida", advierte Compañ, quien subraya que uno de los problemas ha sido que "no se ha apoyado la restauración de las casas viejas, y eso ha hecho que muchas familias no puedan quedarse".

Los problemas de accesibilidad, un clásico en la calle

Los problemas de accesibilidad, un clásico en la calle / Alex Domínguez

Aunque el inmobiliario no es el único problema que describen los residentes. José Antonio López, vecino de la calle Virgen del Socorro desde hace 40 años, coincide en que el barrio "está un poco abandonado". "Antes se hizo una rotonda para facilitar la entrada de los coches desde Virgen del Socorro, pero ahora la dirección prohibida llega más arriba. Hay varios garajes con unos ochenta coches, y todos tienen que dar la vuelta por el centro. Es inexplicable", critica el veterano vecino.

"Hay varios garajes con unos ochenta coches, y todos tienen que dar la vuelta por el centro. Es inexplicable"

José Antonio López

— Vecino de Virgen del Socorro

"Los accesos están fatal. La subida por el Paseíto Ramiro tiene una curva mortal, ahí han reventado ruedas a montones", recuerda la panadera, quien teme un nuevo proyecto: "Ahora, con el cierre peatonal de la plaza del Ayuntamiento, puede que para entrar en el barrio vamos a tener que dar una vuelta enorme. No tiene sentido". El mal funcionamiento del ascensor de la pasarela del Postiguet, inoperativo habitualmente, es otro símbolo de ese olvido. "Son cosas pequeñas, pero que hacen la vida diaria más difícil", señala el residente.

Con todo, Virgen del Socorro es mucho más que una vía con vistas al mar. Pese a las dificultades, conserva su carácter. Aquí la gente se conoce, hay negocios de siempre que siguen en pie y las tradiciones marcan el calendario. Pero todos coinciden en que el futuro pasa por encontrar un punto de equilibrio entre la apertura al turismo y la protección del tejido vecinal y comercial. Porque si algo define a Virgen del Socorro es que, pese al paso del tiempo, sigue siendo la calle que cose la historia de una ciudad, y sus vecinos están decididos a que siga siendo suya.

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