De pub nocturno a tablao flamenco: así es la nueva vida del Palacio Marbeuf de Alicante
El músico alicantino Félix Amador ha transformado un edificio emblemático del casco antiguo en La Guitarrería Santa Cruz, un tablao que conecta a locales y turistas con la esencia del flamenco

El Palacio Marbeuf recupera su esplendor como tablao flamenco / Pilar Cortés
Tras décadas de usos cambiantes y etapas de abandono, uno de los edificios más emblemáticos del centro histórico de Alicante comienza a recuperar el brillo perdido. Durante años, muchos inmuebles del casco antiguo han sufrido el deterioro, la especulación y el ruido del ocio nocturno, lo que ha puesto en riesgo un patrimonio de gran valor histórico y arquitectónico.
Entre esos edificios se encuentra el Palacio Marbeuf, una construcción noble del siglo XVIII, levantada entre finales de ese siglo y comienzos del XIX, que fue ejemplo de la arquitectura señorial alicantina. Pese a estar catalogado como Bien de Relevancia Local, su esplendor pasó desapercibido durante años, cuando el inmueble funcionó como local de copas bajo nombres como Puerta de Hierro o Rincón Bohemio.
En 2019, el Patronato de Vivienda del Ayuntamiento de Alicante tuvo que aprobar una obra de estabilización de su fachada por valor de 55.000 euros, con la intención de rehabilitar el edificio y darle un uso cultural público. Sin embargo, el 28 de marzo de este año, el guitarrista alicantino Félix Amador inauguró en las antiguas caballerizas del palacio un tablao flamenco de corte clásico, que en pocos meses se ha consolidado como nuevo punto de encuentro cultural de la ciudad.

El Palacio Marbeuf recupera su esplendor como tablao flamenco / Pilar Cortés
Bajo el nombre La Guitarrería Santa Cruz, el espacio ofrece espectáculos de flamenco tradicional con bailaores, cantaores e instrumentistas de primer nivel. “Mi intención era devolverle a Alicante la conexión que siempre tuvo con el flamenco”, explica Amador. “Con Miguel Valor impulsamos durante años actividades culturales muy ligadas a nuestra música, siempre respetando las tradiciones y los lugares. Ahora hemos encontrado un hogar estable para seguir esa labor”.
El músico recuerda que ya en su día fundó La Guitarrería, un pequeño local en la calle Mayor que se convirtió en referencia para los aficionados antes de tener que cerrar por la pandemia. “Seis años después hemos recuperado aquel espíritu, pero con un público más diverso. Conservamos a los seguidores de siempre y estamos llegando a mucha gente nueva”, asegura. Esta nueva ubicación les ha permitido crear un producto más exclusivo en un entorno especial.
Un patrimonio conservado
La reapertura del espacio fue posible gracias a la intervención municipal previa, que permitió asegurar la fachada del edificio para evitar posibles desprendimientos con el paso del tiempo. El interior, sin embargo, se ha mantenido intacto debido a su protección patrimonial. “No podíamos modificar la estructura, solo decorar a nuestro gusto. Ha sido un reto, pero también una oportunidad para conservar su esencia”, comenta Amador.

Hall principal del palacio, que ha mantenido toda su estructura original / PILAR CORTES
De hecho, en la entrada principal se conserva el nombre de Rincón Bohemio y el escudo de armas de la familia Marbeuf, compuestos por piedra de sillería, al igual que la fachada original. El guitarrista flamenco y empresario asegura que muchos visitantes se acercan al local movidos por la nostalgia: “Viene gente que estuvo aquí hace años, cuando esto era un pub, solo para recordar los buenos momentos. Siempre les dejamos pasar, porque esa memoria también forma parte del alma del edificio”.
A nivel cultural, el espacio cuenta con un trío fijo de percusionista, bailaor y guitarra; y semanalmente emplaza a artistas de renombre como los bailaores Carlos Carbonell, Yoni, «El Remache" o Cristina Benítez, dando también la oportunidad a gente joven con talento como la murciana Saray que, con 18 años, Félix Amador asegura que es "un portento de artista, presente y futuro del flamenco". También participan referentes como el cantaor Antonio Heredia "Monillo" o el percusionista Chiqui Jiménez.
De esta manera, el tablao se ha consolidado no solo como una nueva atracción para quienes visitan Alicante, sino también como un referente cultural para los vecinos. “Vienen turistas y alicantinos; hemos conseguido atraer a ambos públicos”, explica el impulsor del proyecto, que ofrece recitales de flamenco de martes a domingo, con doble sesión los sábados. El local, además, es de corte intimista, por lo que las localidades son muy limitadas para cada una de las actuaciones, favoreciendo que los asistentes se metan de lleno en el espectáculo.

Fachada del Palacio Marbeuf, que conserva el escudo de armas de la familia y el nombre del Rincón Bohemio / PILAR CORTES
Lo que más le sorprende, asegura, es la presencia creciente de público joven, un fenómeno poco habitual en los espacios flamencos tradicionales. “Ya no son solo los aficionados de siempre. Hay chicas de 21 años que prefieren sentarse aquí antes que ir a un pub. Algunos me dicen: ‘Es la primera vez que vengo a un tablao, y ya no quiero ir a otro sitio’. Eso me llena, porque lo hacemos con respeto y con amor. Que la gente joven se enganche significa que estamos dando años de vida al flamenco en Alicante”.
Historia de nobles
La historia del Palacio Marbeuf se remonta al siglo XVIII, cuando un miembro de la nobleza bretona decidió establecerse en Alicante. Francisco Marbeuf Bomanoix, nacido entre 1680 y 1690 en San Sormer (Bretaña, Francia), llegó a la ciudad durante la Guerra de Sucesión Española al servicio de Felipe V. En 1707 desempeñó un papel clave como oficial de abastecimiento, encargado del suministro de víveres a la fortaleza y al castillo de Alicante, en plena contienda.
Una vez finalizadas las hostilidades, Marbeuf se asentó definitivamente en la ciudad, donde ejerció como mercader de sedas, una de las actividades más prósperas del momento. Su integración en la vida local fue tal que acabó ingresando como Caballero en la Orden de San Juan de Jerusalén, además de ocupar el cargo de cónsul de la orden en Alicante en 1752. Asimismo, contrajo matrimonio en Alicante en 1711 con Francisca Soler Soriano, uniendo así su apellido extranjero a una de las familias alicantinas de la época.
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