Una sinfonía nocturna que atormenta a vecinos de un barrio de Alicante
Decenas de pájaros pían con fuerza en el árbol más frondoso de la glorieta del músico Emilio Álvarez Antón, junto al Puente Rojo, dificultando incluso el descanso vecinal

Rafa Arjones
Los estorninos están de vuelta con la bajada de temperaturas y no solo se hacen notar por los vuelos en bandada. En la glorieta del músico Emilio Álvarez Antón, junto al Puente Rojo, el árbol más frondoso de la zona, ubicado en la parte adyacente a la calle Ausó y Monzó del colindante barrio de Francisco Albert, decenas de pájaros se concentran cada día a partir de las 5 de la tarde.
Su estancia en el ficus se alarga durante horas. Hasta aproximadamente las 6 de la mañana, según algunos vecinos, que fijan en el amanecer el momento en el que los estorninos abandonan su hogar nocturno. Su actividad sonora supone, en gran medida, una molestia a la que los vecinos se resignan. “Es molesto, pero qué le vamos a hacer”, dice Yaumara Gutiérrez, vecina de la calle Ausó y Monzó y residente en un portal situado a escasos metros del árbol.
Por la madrugada suenan todo el rato, y esto es así en cada otoño y se alarga hasta que acaba el invierno
Esta vecina calcula que los pájaros se concentran en el árbol, que también da a la avenida del Doctor Jiménez Díaz, desde finales de octubre. “Por la madrugada suenan todo el rato, y esto es así en cada otoño y se alarga hasta que acaba el invierno”, indica recordando que lleva sufriendo el sonido desde hace tres años, momento en el que se mudó a su domicilio actual.
Los pájaros defecan y hay que tener cuidado
Los paseantes observan el árbol con cara de sorpresa. El ruido que emiten los pájaros insonoriza, por momentos, el de los vehículos de una rotonda muy frecuentada, arterial, puerta de acceso a barrios como Florida, Babel y Francisco Albert.

Un coro de estorninos desvela a un barrio de Alicante. / Rafa Arjones
Una trabajadora de un establecimiento de la rotonda, Yadira Hernández, pasa por debajo del árbol con una bolsa cubriéndose la cabeza. “Los pájaros defecan y hay que tener cuidado”, asegura. Otro trabajador de la zona, el hostelero Christian Ortuño, define el sonido de los pájaros como “escandaloso”, y añade también que “el olor se concentra en la terraza del bar y a veces huele a gallinero”.
El olor se concentra en la terraza del bar y a veces huele a gallinero
Sin embargo, no todo son quejas. Una vecina de la zona, Estela Báidez, asegura que los pájaros no le suponen incomodidad. “Me molestan mucho más los coches”, dice a la vez que afirma “disfrutar de verlos volar en bandada”. La vecina admite que algunos vecinos tienen problemas por las noches para dormir, pero su cuarto se ubica en el interior de su casa y a ella no le llegan los sonidos.
Explicación científica
Según Germán López, profesor del Departamento de Ecología de la Universidad de Alicante (UA), hay dos especies de estorninos, el negro y el pinto. El primero “está presente todo el año porque cría aquí”, mientras que el segundo “es de distribución europea y viene a pasar el invierno a la cuenca mediterránea”. El estornino pinto, cuando se concentra en las ciudades con la llegada del otoño, supera al negro en cantidad, y se hacen notar más con la formación de dormideros.
Los estorninos duermen en los árboles porque buscan sitios resguardados, protección ante el viento y la generación de un microclima
Diversos ejemplares de esta especie, “decenas de miles”, se concentran en la zona mediterránea peninsular, especialmente en las ciudades, tras pasar las épocas de calor en ambientes rurales. Llegado el frío “duermen en los árboles porque buscan sitios resguardados, protección ante el viento y la generación de un microclima para pasar la noche fría refugiados”. También buscan “seguridad ante los depredadores, como aves rapaces o mamíferos en el entorno urbano”. Otros grandes dormideros se forman en los carrizales, donde es habitual ver bandadas sincronizadas de estos animales, “con acrobacias curiosas y apelotonándose si se aproxima un depredador”.
Estos pájaros acuden a las zonas rurales en búsqueda de comida y cuando anochece regresan a las ciudades, donde se produce el fenómeno de la isla de calor
Respecto a los ruidos, el profesor de la UA identifica dos: “El que hacen al volar con tantas alas batiendo al unísono y las vocalizaciones, que son vías de contacto y se escuchan también en disputas, ya que no todas las zonas del árbol son igual de confortables”.
Por el día, según López, estos pájaros acuden a las zonas rurales en búsqueda de comida, y cuando anochece regresan a las ciudades, donde se produce el fenómeno de la isla de calor con la concentración de asfalto y edificios. “En el interior de la ciudad la temperatura es algo más alta que en el campo, uno o dos grados y esto también les beneficia", concluye.
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