LA CALLE ES NUESTRA
Pintor Gisbert: la calle de Alicante que combina como ninguna comercio, fiestas, tradición y política
La calle Pintor Gisbert, en el barrio San Blas, ha tenido de todo a lo largo de su historia. Carnicerías centenarias, peluquerías, Moros y Cristianos, Hogueras y la peña taurina "Pacorro" han convivido en un mismo espacio. Vecinos y comerciantes sienten la calle como propia aunque reclaman mayor limpieza y cuidado para que esta vía siga manteniendo su esencia

Alex Domínguez
A primera hora de la mañana, en la calle Pintor Gisbert ya no queda ni rastro del silencio de la noche. Comercios como la carnicería, la mercería o el estanco abren sus puertas casi al unísono mientras los primeros vecinos salen rumbo al trabajo. En esta calle durante todo el año se guarda un especial recuerdo a sus filaes de Moros y Cristianos y a su hoguera, San Blas. Es una vía donde conviven comercios que llevan media vida abiertos y la sede de un partido político, el PSOE, que ha visto crecer a tres alcaldes de Alicante.
Una calle con personalidad propia, reconocible por sus vecinos veteranos que todavía recuerdan los antiguos raíles del tranvía o los ecos taurinos la peña "Pacorro". "La calle es nuestra" aterriza esta semana en una calle en la que todo convive en el corazón del barrio de San Blas. "Esta calle es un espectáculo, tenemos de todo, moros, cristianos, hogueras. Hay bastante gente, comercios, bancos… nos apoyamos entre todos", comenta el comerciante Andrés Rodríguez.
Esta calle es un espectáculo, tenemos de todo, moros, cristianos, hogueras. Hay bastante gente, comercios, bancos… nos apoyamos entre todos
El nombre de esta vía rinde homenaje al pintor alcoyano Francisco Gosálbez Gisbert, director del Museo del Prado en el siglo XIX. Pero su historia más visible es la que se construyó en torno al propio barrio, cuando la antigua huerta dio paso a las primeras viviendas de ferroviarios con la llegada del tren. Y no solo eso. En 2017, durante unas obras de remodelación, la calle se sorprendió al ver salir del asfalto los viejos raíles del tranvía que unió San Blas con el Mercado Central entre 1928 y 1969. "Me decían las abuelitas que aquí en la esquina se montaban para no pagar", relata Susana Lillo.
Aunque en la calle todavía hay quien vivió esta historia de cerca. Manuel del Pozo es uno de esos alicantinos que fue conductor del tranvía. "Subí muchas veces el tranvía de San Blas. Era un trabajo muy duro, había que hacer mucha fuerza para frenar. Era muy característico ir colgado en los estribos", recuerda.
Subí muchas veces el tranvía de San Blas. Era un trabajo muy duro, había que hacer mucha fuerza para frenar. Era muy característico ir colgado en los estribos
Pero Pintor Gisbert también es escenario de la política alicantina. En el número 3 se ubica la sede del PSOE en Alicante, siglas de tres alcaldes de la ciudad. Por allí pasaron figuras de la política local como Gabriel Echávarri, alcalde entre 2015 y 2018, que además fue vecino de la calle desde niño; Ángel Luna (1991-1995); o José Luis Lassaletta (1979-1991), que ya era alcalde cuando el partido se instaló en esta sede.
El estanco lleva tantos años abierto que al principio se veía el mar desde el mostrador
Un eje que no descansa
Aunque la calle no es todo historia. Pintor Gisbert tiene algo que otras calles envidian: constancia. Ni la competencia de las grandes superficies, ni el cambio de hábitos de consumo han conseguido romper su músculo comercial. "En esta calle llevamos 22 años. Está siempre muy concurrida", explica Mari Carmen del Pozo desde su zapatería. El trasiego es continuo y los vecinos lo confirman: "En Pintor Gisbert hay de todo: supermercados, carnicerías, mercerías. Siempre hay movimiento", cuenta Carmen Alba.
Lo que hoy se ve no es más que la evolución de una tradición comercial que lleva en pie casi un siglo. "Jo me’n recorde de la carnisseria de Ramón, del Melsa, de la merceria, de Lozano el dels mobles, de Candela. Una muntonada de comerços", recuerda Beatriz Blanco. Algunos siguen vivos, como la histórica carnicería Ramón, hoy en manos de nuevos propietarios. "Todo surgió porque Ramón se jubilaba. Es una tienda de 1932 y ojalá continúe otros 50 o 60 años más", explica el comerciante Carlos Albert.
El estanco lleva 101 años en esta calle, desde el mostrador se veía el mar, no había nada. Hay mucha vida
Y, por supuesto, están los supervivientes centenarios. "El estanco lleva 101 años en esta calle, desde el mostrador se veía el mar, no había nada. Hay mucha vida, es una arteria principal del barrio", cuenta Toni Jorge. En la misma línea, la mercería, abierta en 1984, conserva todavía el espíritu familiar de antaño. "La abrió la madre de Raúl. La calle ha cambiado mucho, la gente también. Antes era todo más familiar: te preguntaban por tu madre, tu hijo…", explican Susana Lillo y Raúl Pastor.
La calle ha cambiado mucho, la gente también. Antes era todo más familiar: te preguntaban por tu madre, tu hijo…
La calle de las peluquerías
No obstante, si Pintor Gisbert destaca por algo más que su comercio es por la insólita concentración de peluquerías. La calle alberga desde hace décadas una escuela de peluquería y estética y la zona es todo un polo de estilistas. "Llevo 30 años en esta calle, madre mía. Hay cambios de comercio, gente que viene y va, pero a mi Pintor Gisbert me gusta mucho", señala Miguel Ángel Leal, estilista desde hace décadas de la Bellea del Foc y sus damas de honor.
La peluquera Conchi Mercal, sin embargo, no teme la concentración de peluquerías. "A mi me va muy bien, aunque hay muchas peluquerías. Hay clientes para todos, cada uno tiene los suyos y no competimos", apunta. La escuela, mientras tanto, sigue formando a nuevas generaciones. “Estamos aprendiendo y perfeccionando… Peluquería, barbería con tijera y máquina, peinados con secador, con peines y cepillos", explica el estudiante Juan Antonio Jiménez.
A mi me va muy bien, aunque hay muchas peluquerías. Hay clientes para todos, cada uno tiene los suyos y no competimos
Pero no todo es dinamismo comercial. La limpieza, o más bien de ella, aparece como el principal motivo de queja del vecindario. "Está muy sucio el barrio… lo tienen un poco dejado. Pasan poco los barrenderos", apunta Carmen Alba. La comerciante Susana Lillo coincide: "Está muy sucia, no limpian. Mira los contenedores que me han puesto ahí… las pobres abuelitas. Deberían buscar una solución". La peluquera Conchi Mercal añade otro matiz: "Aquí solo pasa el camión cuando son los Moros".
El antiguo cine Novedades acabó sus días convertido en una sala de cine para adultos
Del cine más "golfo" a la fiesta
La calle guarda recuerdos que hoy solo sobreviven en las conversaciones de los vecinos. Uno de ellos es el antiguo cine Novedades, que cerró sus puertas como sala de cine para adultos. "Primero se llamaba El Pelut. Ahora todo lo que ocupaba es una heladería", recuerda un vecino.
Mi marido fue uno de los fundadores. Ahora tengo a mis dos hijos en las fiestas, uno en los cristianos y otro en los moros
Las fiestas también forman parte del ADN de Pintor Gisbert. Los Moros y Cristianos, con más de 80 años de historia, viven aquí cada segundo fin de semana de julio la llegada del desfile. "Mi marido fue uno de los fundadores. Ahora tengo a mis dos hijos dentro, uno en los cristianos y otro en los moros", explica Juana Lorente. Para no olvidarlas, las aceras cuentan desde 2018 con las placas metálicas con la cruz y la media luna tras la petición de Junta Central de San Blas.
"La calle es muy festera. Moros, Semana Santa, Hogueras… Nos llevamos todo muy bien entre nosotros", añade Tomás Lizcano, miembro de la hoguera San Blas. La comisión también tiene en esta calle parte de su legado. En 1987, bajo la dirección del artista Pedro Soriano, ganó el primer Premio de categoría Especial, un reconocimiento que repetiría al año siguiente. En 2005, se trasladó al parque de San Blas, durante su regreso a la categoría Especial por el 75 aniversario. Tras ese paréntesis, volvió a su ubicación original, en la confluencia de la calle del Pilar con Pintor Gisbert.
La calle es muy festera. Moros, Semana Santa, Hogueras… Nos llevamos todo muy bien entre nosotros
Durante décadas, la calle también escuchó los ecos taurinos gracias a la peña fundada en 1954 por aficionados al torero Francisco Antón "Pacorro". La agrupación, que llegó a contar con 3.200 socios, tuvo que trasladar su sede debido al gran número de miembros. En los años 70 se instalaron en Pintor Gisbert, primero en el número 16 y más tarde en el 48, permaneciendo allí hasta su último traslado en 2015 a una calle contigua. "Hace unos días fuimos a comprar el décimo de la peña "Pacorro" y aún lo jugamos los antiguos. Siempre nos lo guardan", recuerda Juana Lorente.
Pintor Gisbert combina comercios que miran hacia el futuro con locales que conservan la esencia del pasado. Sobrevive a los cambios y resiste a base de vida cotidiana, de vecinos que siguen apostando por ella y comerciantes que levantan la persiana cada mañana.
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