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Claves para detectar el acoso escolar a tiempo, con la psicóloga infantil y juvenil Andreína Pereda

La especialista alicantina, directora del centro Psicoimagina, analiza los retos emocionales a los que se enfrentan los menores y cómo prevenir y detectar el acoso dentro de los colegios

La psicóloga infantil y juvenil Andreína Pereda López, en una imagen cedida

La psicóloga infantil y juvenil Andreína Pereda López, en una imagen cedida / INFORMACIÓN

Juan Fernández

Juan Fernández

Una mirada profesional a un problema social que está a la orden del día. No hay un factor concreto que explique el aumento de conductas suicidas entre los menores, pero es un sector de la sociedad muy vulnerable que necesita especial atención psicológica. El acoso escolar es la principal causa, pero la idea se genera con la unión de factores emocionales, sociales e incluso tecnológicos derivados de malas experiencias vividas dentro de los centros educativos. No obstante, las redes sociales han permitido que el peligro también se encuentre fuera de las aulas.

La psicóloga Andreína Pereda López, especializada en infancia, adolescencia y adultos, con más de once años de experiencia clínica, es directora del centro Psicoimagina de Alicante y docente del Máster en Intervención Psicológica en niños y adolescentes de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). En esta entrevista, analiza en profundidad los retos emocionales a los que se enfrentan hoy los menores, el impacto del acoso escolar y la necesidad urgente de reforzar la atención psicológica en los centros educativos.

¿Qué tiene que ocurrir para que un incidente sea considerado un caso de acoso escolar?

La característica principal del acoso escolar es la intencionalidad, es decir, hay una intención de hacer daño. Además, existe repetición en el tiempo; no es un conflicto aislado que surja en un momento puntual y se solvente de forma natural. Es un comportamiento continuado en el tiempo y donde se da un desequilibrio de poder en el que la víctima no puede defenderse eficazmente. Nos encontramos con acoso escolar de tipo físico, verbal, social, cibernético… Hay mucha variabilidad en la forma en la que se manifiesta.

Andreína Pereda durante una sesión de psicología infantil en Psicoimagina

Andreína Pereda durante una sesión de psicología infantil en Psicoimagina / INFORMACIÓN

¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrentan los menores en los centros educativos?

Los menores atraviesan un proceso continuo de desarrollo emocional, social y académico. En el contexto escolar esto se traduce en muchos retos: gestionar sus emociones, construir una autoestima saludable, aprender a integrarse socialmente, resolver conflictos, desarrollar habilidades de comunicación y afrontar la exigencia académica, que aumenta con el paso de los cursos. A todo ello se suman otros factores como la presión social, las comparaciones constantes y la influencia de las redes sociales, que está teniendo un efecto muy potente en su desarrollo. Todo este conjunto de desafíos puede generar mucha vulnerabilidad.

Según esto, ¿cualquier cambio a nivel emocional puede afectar al rendimiento académico?

Por supuesto. Muchas veces nos encontramos con padres preocupados por el rendimiento académico y, cuando analizamos lo que ocurre, detectamos problemas emocionales o psicológicos que están impidiendo que el menor rinda al máximo. Ese niño no tiene en ese momento la capacidad para atender, concentrarse, organizarse o planificarse, y todo eso influye directamente en su rendimiento. Cuando un niño que no tenía dificultades empieza a bajar su rendimiento, debemos preguntarnos qué está pasando. A nivel social, muchas veces solo pensamos en acudir al psicólogo en la etapa adulta, pero los menores son muy frágiles emocionalmente y necesitan ese apoyo.

¿Cómo está actualmente implantada la figura del psicólogo en los centros escolares?

Creo que no se está reivindicando lo suficiente la necesidad de más psicólogos en los centros educativos. Existe la figura del orientador, pero normalmente hay uno para todo el centro, lo cual es totalmente insuficiente teniendo en cuenta el número de alumnos y la diversidad de situaciones. Luego nos encontramos con problemas que no se atienden con la profundidad que requieren, no solo a nivel académico, sino también social y emocional.

Andreína Pereda analiza cómo prevenir los casos de acoso escolar y cómo enfrentarlos

Andreína Pereda analiza cómo prevenir los casos de acoso escolar y cómo enfrentarlos / INFORMACIÓN

¿El profesorado tiene formación para abordar estas situaciones?

Afortunadamente sí, reciben formación en aspectos de psicología, pero su preparación principal es enseñar. La parte psicológica quizá no se trabaja con la profundidad que exige el contexto actual. Sería fundamental que pudieran detectar mejor señales de alarma para derivar a los especialistas. Muchas familias llegan a consulta frustradas porque sienten que el problema no se detectó a tiempo.

Entrando en materia, ¿qué señales pueden indicar que un niño está sufriendo acoso escolar?

Muchos niños lo ocultan por vergüenza, miedo o confusión. Algunas señales son la resistencia a ir al colegio, excusas frecuentes para faltar, dolores de cabeza o de estómago sin causa médica clara, fruto de la ansiedad. También tristeza, irritabilidad, nerviosismo, alteraciones del sueño o del apetito, aislamiento, bajada de autoestima y descenso del rendimiento académico sin motivo aparente. En otros casos aparecen golpes, heridas o pérdida de objetos personales, pero no siempre hay violencia física, muchas veces son humillaciones, burlas o aislamiento social.

Con las redes sociales, el problema se agrava aún más.

Totalmente. El acoso ya no se queda en el colegio, llega a casa a través del móvil. Señales de alerta pueden ser apagar el teléfono con frecuencia, querer desconectarse de redes, revisar el móvil con ansiedad, abandonar grupos o bloquear usuarios. Es fundamental educar en el uso responsable de las redes y en la empatía.

Cuando una familia detecta que su hijo sufre acoso, ¿qué debe hacer?

Lo primero es informar al colegio para que puedan investigar, reconocer la dinámica y activar los protocolos. Y, paralelamente, el menor necesita apoyo psicológico para trabajar su autoestima, sus habilidades sociales y su bienestar emocional. Ambos trabajos deben ir coordinados. También he de decir que solo se da visibilidad cuando ocurre una tragedia, pero el trabajo diario de los centros no siempre se ve y también existe.

En un caso de acoso no solo se encuentra la figura de la víctima, también está la del agresor. ¿Cómo se trabaja con él?

El acoso es un problema grupal y sistémico. Hay agresores, agredidos, observadores… Con todos hay que intervenir. Con el agresor es necesario un trabajo profundo, no solo basado en castigos, sino también en la educación emocional, la empatía, la autoestima, la regulación emocional y la resolución de conflictos. Detrás de esas conductas suele haber sufrimiento y alteraciones emocionales.

Las ideas suicidas aparecen en edades muy tempranas, aunque no siempre hay una intencionalidad real de llevarlas a cabo

¿Existen perfiles claros de víctima y agresor?

Hay factores de vulnerabilidad, pero no perfiles cerrados. Todo depende mucho de la dinámica del grupo porque no es solo una cuestión de personalidad, es una cuestión de contexto.

En relación con el suicidio, ¿cómo llega esa idea a la mente de un menor?

Nos encontramos en consulta con niños de 11 años que verbalizan ideas como “preferiría estar muerto” o “el mundo estaría mejor sin mí”. Son ideas que aparecen en contextos de sufrimiento emocional intenso y suelen estar vinculadas a sintomatología depresiva. Realmente estas ideas aparecen en edades muy tempranas, aunque no siempre hay una intencionalidad real de llevarlas a cabo.

La psicóloga alicantina también realiza sesiones de terapia con adultos

La psicóloga alicantina también realiza sesiones de terapia con adultos / INFORMACIÓN

Es decir, puede aparecer como un pensamiento que no busca materializarse.

Exacto. No siempre va a conllevar un acto. Es como una escalera que va subiendo en gravedad: cuando el sufrimiento se mantiene en el tiempo y los recursos de la persona no están siendo suficientes, puede empezar a aparecer esa planificación y esa intencionalidad. Porque quien se suicida no busca acabar con su vida, sino con su sufrimiento.

Cuesta pensar que ese sufrimiento tan prolongado no sea detectado antes.

Suelen existir señales. Lo que ocurre es que muchas veces no son tan claras, o el acto ha sido muy impulsivo. En ocasiones es muy difícil detectar hasta dónde puede llegar ese sufrimiento, tanto para las familias como para los docentes. Es una complejidad enorme. Por eso es tan importante aprender a reconocer las señales de alerta, no minimizar las demandas de ayuda y entender que un contexto aversivo sostenido puede llevar a una persona a acabar con su vida.

¿Cuál es la necesidad a corto plazo que tienen los centros educativos?

Necesitan contar con más psicólogos y trabajar la prevención. Pero la prevención real no consiste solo en detectar casos, sino en trabajar en las aulas a nivel emocional con los grupos. Cuanto más fortalecidos estén los niños y adolescentes, menos probabilidades habrá de que se conviertan en víctimas o agresores. Tenemos que acompañarlos emocionalmente antes de que aparezcan los problemas.

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