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El médico del dolor

Alberto Albert Gutiérrez es especialista en el tratamiento del daño en el aparato locomotor y en la restauración de células enfermas con técnicas diversas

El doctor Alberto Albert Gutiérrez posa en la calle Castaños, en el centro de Alicante.

El doctor Alberto Albert Gutiérrez posa en la calle Castaños, en el centro de Alicante. / Pepe Soto / 5

Pepe Soto

Pepe Soto

Es especialista en el tratamiento del dolor del aparato locomotor y en medicina regenerativa. Sabe cómo llegar a sentir y tratar los males de sus pacientes. Desde que se inició en la medicina, su principal objetivo ha sido mejorar la calidad de vida de las personas. Considera que el alivio es un derecho del enfermo y una obligación del profesional que lo atiende. Cada mañana pasan por su consulta unos quince pacientes. Ha sido ponente en decenas de congresos destinados a profesionales dedicados a restaurar la función y estructura de tejidos dañados, en ocasiones, causados por el paso del tiempo, siempre desde el enfoque de la regeneración. Un médico dedicado a mejorar el estado de salud de sus pacientes.

Alberto Albert Gutiérrez (Algueña, 1953) creció en las calles de un pequeño municipio del Vinalopó Medio, situado en la frontera con la Región de Murcia, cuyos vecinos en aquellos años de dedicaban al cultivo de las viñas, aceitunas y almendras, pero ahora sus habitantes tienen como principal actividad económica la industria de piedra y mármol. Su padre, Juan, ejerció durante bastantes años la medicina en un pequeño consultorio para atender a casi 2.000 vecinos. Alberto es el menor de cuatro hermanos; la madre, Paquita, nació en Madrid. Allí conoció al patriarca de los Albert, un día cualquiera, mientras él aprendía las ciencias y los misterios de la salud.

A los nueve años el protagonista de este retrato urbano estudió como alumno interno en el colegio Maristas de Murcia. Un escolar pillín pero aplicado. Ahí permaneció tres cursos de lunes a viernes. Se hizo bachiller con los jesuitas, ya en Alicante, también como escolar interno. En el instituto Jorge Juan superó el COU con nota en tiempos complicados para todos.

Antonio decidió continuar la tradición familiar y estudió Medicina en las facultades de Valencia y Alicante. Muchos viajes a bordo de un Seat 127 de color blanco entre las dos ciudades. Muchos alicantinos formaron parte de su promoción: el neumólogo José Antonio Carratalá, el cirujano Vicente Pérez Auladell, el doctor José Miguel Gascuñana, el urólogo Bartolomé Lloret y los otorrinolaringólogos Francisco Pastor Beviá y Federico Mangada, entre muchos más. Trató a sus primeros pacientes durante un tiempo en la Clínica San Francisco, donde trabajaba su padre, entonces situada en las inmediaciones de la antigua estación de autobuses de Alicante.

Pero siempre tuvo interés por el dolor que sufren las personas. Aprendió de especialistas en reumatología como los doctores Eliseo Pascual, Salvador Hernández Conesa y Mogens Jorgensen, entre otros. “Eliseo era y es un gran médico”, recuerda. El tiempo no cura los males. "El alivio del dolor es un derecho del paciente que lo sufre; es un deber del profesional que lo atiende: sería una negligencia no tratarlo y es una responsabilidad de todos, tanto de gestores como clínicos, políticos y ciudadanos”, asegura el doctor Albert Gutiérrez, que opina que “el buen médico trata la enfermedad; el gran médico trata al paciente que tiene la enfermedad”.

La clínica que dirige Alberto Albert está especializada en tratamientos para aliviar el dolor del aparato locomotor, desde los pies hasta la cabeza, de las patologías que sufren los pacientes, y terapias o procedimientos para combatir el envejecimiento con técnicas diversas y medicina regenerativa con plasma rico en plaquetas, citoquinas y células madre, para curar y también prevenir patologías degenerativas como la artrosis y problemas de tendones, ligamentos, hernias de disco, aunque también se aplican tratamientos con ozonoterapia terapéutica a personas con enfermedades degenerativas y neoplásicas para mejorar su calidad de vida. Desde que se inició en su dedición a la medicina, su principal objetivo ha sido mejorar lo máximo posible la salud de sus pacientes y evitar el dolor. “Siempre he estado pendiente de las técnicas que me permitieran lograr este objetivo”. En esa búsqueda constante de las técnicas más novedosas y eficaces en el tratamiento para luchar contra el dolor conoció el campo de la ozonoterapia; profundizó en su estudio en profundidad desde hace ya más de dos décadas.

La ozonoterapia es un tratamiento médico que consiste en la administración de una mezcla de oxígeno y ozono en el cuerpo humano con el fin de tratar diversas enfermedades con crónicas, como la diabetes o la fibromialgia, reumatismos de todos los calibres, fatiga y enfermedades degenerativas. Estas terapias, según explica el doctor, activan el sistema antioxidante del cuerpo, mejoran la oxigenación de los tejidos, modulan el sistema inmunitario y que aportan efectos desinfectantes y antiinflamatorios. La forma de administración varía según la patología, pudiendo ser por vía intravenosa.

Juan Albert Cerdá, el padre de la saga, tiene escrito su nombre en las placas de una calle de Algueña, su pueblo. Padre e hijo fueron pregoneros en distintas anualidades en los festejos que los algueñeros y algueñeras celebran cada última semana de julio en honor a sus santos patrones, Abdón y Senén, entre castillos de fuegos artificiales, desfiles de carrozas, júbilo y conciertos.

Alberto se casó con Isabel, enfermera de profesión. La pareja tiene dos hijos, Juan Alberto e Isabel; también ha heredado una nieta y tres nietos, dos de ellos mellizos. El descendiente de los Albert es un reconocido profesional del golf; es director deportivo del resort club de golf de Bonalba en cada hoyo. Y la hija estudió y se formó en dirección de hoteles: está dedicada a organizar los eventos en el “Rosewoot”, proyecto perteneciente a la cadena empresarial del hotel Villamagna de Madrid.

Alberto Albert Gutiérrez es especialista en el tratamiento del dolor y de los males que acompañan a la gente causados, sobre todo, por el transcurso de la vida o por enfermedades degenerativas. Cada jornada atiende de media en su consulta a unos quince pacientes doloridos y tristes. Los escucha, los observa: intenta aliviar sus males con su dilatada experiencia y con las técnicas que utiliza para evitar sufrimientos y acabar o calmar con las enfermedades ocurridas en el cuerpo por causas diferentes.

Una carrera médica dedicada a luchar contra el dolor de las personas. Y sigue ilusionado.

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