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Entrevista | Manuel Caballero Exdecano del Colegio de la Abogacía de Alicante

Manuel Caballero: "A mis 96 años sigo creyendo en la Justicia como en la injusticia"

El exdecano del Colegio de la Abogacía de Alicante propone un consejo de ancianos para velar por los valores democráticos tras ser galardonado

Manuel Caballero, exdecano del colegio de abogados

Manuel Caballero, exdecano del colegio de abogados / Héctor Fuentes

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J. A. Martínez

J. A. Martínez

A sus 96 años, Manuel Caballero sigue vinculado al Derecho con la misma pasión de siempre. Exdecano del entonces Colegio de Abogados de Alicante, hoy Icali, y figura clave de la abogacía durante la Transición, acaba de recibir la Medalla al Mérito a la Abogacía, un reconocimiento largamente aplazado que le sirve para reivindicar la Constitución, reflexionar sobre la crispación actual y reafirmar su fe en la Justicia y en la profesión.

Caballero habla del Derecho como quien habla de una vocación que no se abandona nunca. Referente de una generación marcada por la Transición, acaba de recibir la Medalla al Mérito a la Abogacía, un reconocimiento que llega con retraso, pero que revive en él una ilusión intacta. La concesión de este título honorífico se remonta a hace más de dos décadas, pero no se había podido formalizar hasta ahora. El plan inicial fue que el entonces presidente del Consejo de la Abogacía, Carlos Carnicer, se la impusiera, pero este tuvo problemas de agenda. Cuando este obstáculo quedó solventado, surgió otro problema de índole personal, que supuso nuevos retrasos. La enfermedad de su mujer y los cuidados que esta necesitaba provocaron que el momento para entregar la medalla no acabara de llegar.

Méritos para otorgar la medalla había sobradamente. En su legado figura el haber sido el primer presidente de la Agrupación de Jóvenes Abogados en 1972 y haber puesto en marcha la Escuela de Práctica Jurídica. Su llegada al cargo de Decano del Colegio de Abogados se produjo en plena Transición política, en un mandato que se prolongó durante una década, de 1977 a 1987.

Frente a la crispación, se puede aprender del espíritu de la Transición para aplicarlo hoy

La distinción le fue concedida en el año 2000, pero nunca llegó a imponérsele. Primero, por compromisos oficiales que obligaron a aplazar el acto. Después, por un golpe mucho más íntimo. “La enfermedad de mi mujer fue una noticia que me atravesó el alma”, explica. Caballero decidió entonces posponer cualquier homenaje para estar a su lado: “Esposa solo tenía una”. Hoy, que la imposición de la medalla se ha hecho realidad, reconoce que “ha vuelto a renacer la ilusión de que esa cruz luzca en mi pecho”.

Desde esa serenidad, el veterano abogado reflexiona sobre la democracia y la convivencia con la autoridad de quien vivió la Transición desde la profesión. Su definición es directa: “Una democracia tiene respeto mutuo y votación, y se ha acabado”. Y sitúa en ese marco el gran logro colectivo de aquellos años: “Lograr una Constitución como la que hemos conseguido es un éxito de toda la sociedad”. Para Caballero, ese acuerdo sigue siendo el pilar fundamental: “Nuestra Constitución está ahí y nuestras elecciones están ahí”.

Lograr una Constitución como la que hemos conseguido es un éxito de toda la sociedad

No esquiva la comparación con el clima actual. Asume que siempre puede haber excesos: “Siempre puede haber alguno que saque el pie demasiado alto y moleste a los demás”, pero insiste en que “hay que mantenerse dentro de un orden”. Frente a la crispación, reivindica el legado de la Transición: “Se puede aprender del espíritu de la Transición para aplicarlo hoy”, desde el respeto a todas las posiciones: “Respeto la Constitución y todas las opiniones políticas, siempre que sean democráticas”.

Buena parte del legado de Manuel Caballero está ligado a los jóvenes. Fue el primer presidente de la Agrupación de Abogados Jóvenes de Alicante y el impulsor de la Escuela de Práctica Jurídica. Desde esa experiencia sostiene que “los jóvenes abogados tienen la obligación de ser abogados” y de defender el derecho de defensa como eje de la profesión. "Un día, José Miguel Perales, que era nuestro patriarca, nos reunió a un grupo en el que estábamos Joaquín Galant, Francisco Zaragoza, Antonio del Moral, Antonio Vázquez Picó y nos propuso crear un grupo que encuadrara a los jóvenes abogados dentro del colegio", explicó. En sus primeras elecciones para esta agrupación, se enfrentó a Joaquín Galant. "Pero a la gente le dio por votarme a mi", señala para explicar su victoria que le convirtió en primer presidente de la Agrupación de Jóvenes Abogado.

Ya en el decanato, puso en marcha la Escuela de Práctica Jurídica junto a la Facultad de Derecho de la Universidad de Alicante, iniciativa para la que cita la colaboración de quien fue el magistrado emérito del Tribunal Constitucional Vicente Jimeno Sendra, ya fallecido, y que fue el primer director de la escuela. Del mismo modo, que también fue el primer decano que llevó en su candidatura a tres mujeres para gobernar el colegio, Olga María Regente Serrano, Toñi Galant y Concha Collado. "Para mí es un orgullo y se me pone la carne de gallina cada vez que lo pienso", subraya.

Por la misma regla que se creó una agrupación de jóvenes abogados, podría haber un consejo de ancianos para defender la democracia

Esa misma lógica le lleva ahora a plantear una idea que mira al futuro desde la experiencia: la creación de un Consejo de Ancianos en la abogacía. “¿Por qué no crear un Consejo de Ancianos en la abogacía?”, se pregunta. Caballero cree que “por la misma regla de tres que existen agrupaciones de abogados jóvenes, puede existir un Consejo de Ancianos”, con una función clara: “Un Consejo de Ancianos bien organizado puede defender la Constitución, nada más y nada menos”. No lo ve como una estructura de poder, sino como un instrumento de convivencia: “Estamos defendiendo la Constitución, que es lo que sirve de arma para nuestra convivencia, para que nos podamos abrazar unos a otros y no nos odiemos”, explica. La propuesta fue lanzada durante el acto en que recibió la Cruz al Mérito a la Abogacía recientemente, una iniciativa que dejó boquiabiertos a todos los presentes, por el hecho de constatar que Caballero todavía tiene nuevas iniciativas en beneficio de la profesión que aportar.

Manuel Caballero fue un firme defensor de los derechos de los letrados en su ejercicio profesional.

Manuel Caballero fue un firme defensor de los derechos de los letrados en su ejercicio profesional. / HECTOR FUENTES

Su paso por el decanato estuvo repleto de hitos que marcaron la historia en la trayectoria del Icali. Entre ellos, la puesta en marcha de las delegaciones de Dénia, Elda, Villena y Benidorm, donde se celebraron las primeras elecciones en 1979. También el colegio vio cumplido su sueño de contar con una sede propia, en la calle Gravina, que se compró por 13,8 millones de las antiguas pesetas, más otros 17 millones por las obras. Durante su mandato como decano, fue un firme defensor de los derechos de los abogados, con la reivindicación de que letrados y jueces estuvieran a la misma altura en el estrado durante los juicios; o denunciando los retrasos en los impagos del turno de oficio. El traslado de algunos juzgados a un vetusto edificio en la calle Sevilla fue objeto de confrontaciones con el Ministerio de Justicia, al considerar indignas las nuevas dependencias.

«Mi hermano Mariano es tan merecedor como yo de la medalla que me acaban de dar. Continuó lo que puse en marcha

Con la misma ilusión

La conversación vuelve una y otra vez a la Abogacía, su verdadera patria. “El abogado es el defensor del ciudadano”, afirma, y recuerda que el Colegio de Abogados es “el que protege el derecho de defensa del ciudadano”. Aunque no ha vuelto los juzgados desde 2019, no se considera retirado: “He vivido el Derecho íntegramente” y “adoro mi profesión”. Reconoce que la edad impone límites, pero no apaga la vocación: “Tengo un pie fuera y otro dentro de la profesión, pero mi ilusión hace que tenga los dos dentro. A mi me gustaría volver, pero soy consciente de mis limitaciones y de que quizá eso es una utopía”. A lo largo de estos seis íaños asegura que ha seguido muy vinculado al despacho, junto con su hermano, Mariano Caballero, que también fue decano del Colegio durante un largo periodo, desde 1997 a 2012, y con él la institución entró en el siglo XXI.

Un momento del homenaje que recibió Manuel Caballero en el Icali.

Un momento del homenaje que recibió Manuel Caballero en el Icali. / INFORMACIÓN

He vivido el Derecho íntegramente y aún tengo el anhelo de regresar a los juzgados. Sigo yendo al despacho

En el plano personal, el reconocimiento es también una ocasión para reivindicar a su hermano, igualmente ex decano. “Mi hermano ha sido un compañero fiel”, afirma, convencido de que su trayectoria merecería la misma distinción: “Merecería figurar a mi lado más que nadie en el mundo”. “Fue decano del colegio y ha tenido las mismas circunstancias que yo. No intervino en la Escuela de Práctica Jurídica, porque cuando él llegaba yo ya la había inventado. Pero él trabajó en mantenerla y consolidarla".

A los 96 años, Manuel Caballero no idealiza la justicia, pero sigue creyendo en ella. “Sigo creyendo en la Justicia y en la injusticia”, dice, consciente de que ambas forman parte del ejercicio profesional y de la vida. Habla con la tranquilidad de conciencia de quien asume errores, pero mantiene intacta la pasión. Una obsesión, como él mismo la define: “Estoy esclavo de mi obsesión por la abogacía”.

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