RETRATOS URBANOS
Volaba sobre el agua
El nadador José Antonio Chicoy llegó a ser el tercer nadador más rápido del mundo y se colgó en cinco medallas de oro en campeonatos de España

Imagen de José Antonio Chicoy en la casa de su hermano menor Rafael y de su cuñada Loli Mira.
Es uno de los mejores deportistas que ha tenido Alicante. Sin apenas medios, entrenando en el mar ante la ausencia de piscinas en la ciudad, logró convertirse en el mejor nadador de España y uno de los mejores del mundo. Desde 2014 las instalaciones de piscinas del Monte Tossal llevan su nombre. Este hombre enseñó a muchos aficionados a entender la natación. Siempre se mantuvo a flote.
José Antonio Chicoy Massa (Madrid, 1947) llegó a Alicante antes de cumplir el primer año de vida. Su padre, militar y farmacéutico, fue destinado al cuartel de San Fernando. Su infancia transcurrió entre el centro de Alicante, cerquita del puerto y en la Albufereta. Junto a sus hermanos, Mariló y Rafael, y un puñado de amigos pasaban los días de estío recogiendo del mar colchonetas y balones playeros que se les volaban a los turistas por las rachas de viento en La Almadraba. Y con el botín regresaban a sus casas a nado para pasar desapercibidos. Así empezó José Antonio a destacar como nadador entre mareas.
Trazó sus primeros garabatos en la guardería del colegio Calasancio y hasta superar el preuniversitario estudió en Jesuitas. El padre, también llamado José Antonio, abrió una farmacia en la calle San Fernando. María Dolores, la madre, madrileña de orígenes crevillentinos, siempre estivo al frente del mostrador de la botica.
A los 13 años ingresó como braceador en aguas marinas en el Club de Regatas. «Se me daba bien, pero nadaba fatal». Pero tenía instinto, coraje y talento. En Alicante no había piscinas para practicar este deporte. Fue perfeccionando su estilo sobre el agua con la ayuda de Arturo Salvetti, que acotaba las distancias con cuerdas y corchos entre boyas, barcos y pantalanes que se recorrían a base de brazadas con la cabeza fuera del agua.
Chicoy comenzó a destacar como nadador. Ganó competiciones locales, provinciales y regionales, de 100 y 200 metros libres, e incluso se impuso en diversas travesías de largas distancias por el mar. A los 18 años consiguió una beca para cursar la carrera de ingeniero de agrónomo y al mismo tiempo seguir practicando en natación en una piscina cubierta situada en el Parque Móvil de Madrid. Pero no era suficiente. Por recomendación de José Antonio Elola-Olaso, delegado nacional de Educación Física y Deportes, entró como meritorio en la Residencia Blume. Mejoró sus técnicas de desplazamiento sobre el agua a las órdenes de un húngaro apellidado Nedmed. La primera prueba en la piscina fue un desastre. «El entrenador sacó de la alberca a todos los nadadores excepto a mi para que observaran cómo no se debía nadar nunca. Era la primera vez que nadaba en una piscina y chocaba con todo», recuerda.
Tras su llegada a la capital del país, Chicoy supo por primera vez lo que era entrenar lejos del mar. Al principio su nuevo entrenador lo apartó del equipo selecto. Pero su compañero y amigo Josemi Espinosa, bilbaíno, se dio cuenta del potencial del alicantino, por lo que durante muchas jornadas le ayudó a entrenar y adaptarse a la piscina al caer la noche. «Mientras todos dormían me enseñó a hacer virajes y muchas cosas más», asegura. José Antonio, tozudo, mejoró brazada a brazada. Día a día. Y obtuvo la beca. Al año siguiente ganó el Campeonato de España y batió el récord nacional en la especialidad de crol en 100 metros, dos piscinas de ida y vuelta y un viraje.
Chicoy se trasladó a Valencia. Ya era el nadador más rápido de España. Entrenó a las órdenes del japonés Shinichi Thasiro. Tenía 20 años y muchos sueños. Pero tuvo que cumplir el servicio militar en 1967. Tras unas semanas como recluta en el campamento militar en Paterna, Juan Antonio Samaranch, presidente del Comité Olímpico Español (COE), le concedió una beca a la Universidad de Bloominton que disponía de un centro de élite de natación, donde coincidió con los nadadores españoles Juan Fortuny y Jaime Monzó.
Mucho aprendió de Doc Councilman, considerado entonces como el mejor entrenador del mundo.
Regresó a Valencia con su entrenador Thasiro para preparar su participación en los Juegos Olímpicos de México de 1968. Nadó en cuatro disciplinas, tres de relevos. En los 100 metros libres acabó sexto en semifinales. Pero en 4x100 estilos su equipo logró clasificarse para la final olímpica.
Entre 1967 y 1972, José Antonio Chicoy consiguió cuatro medallas de oro en los Juegos del Mediterráneo de Túnez y fue el primer finalista español en unos campeonatos de Europa.
También ganó otras competiciones internacionales como el «Ocho Naciones europeas» (Tres años seguidos), el «Siete colinas de Roma» (tres años consecutivos también), el Gran Premio de París, el de Checoslovaquia. Este veloz nadador alicantino llegó a poseer la tercera marca mundial en 100 metro libres. Y en cinco ocasiones fue campeón de España.
Dejó de nadar y regresó a Alicante. Empezó a trabajar como asistente con el promotor inmobiliario Carlos Pradel, al tiempo que se encargaba de la piscina cubierta del edificio Rocafel: creó y entrenó al equipo Bahía de Alicante en ese espacio durante casi un lustro. Algo más tarde, superó unas oposiciones dispuestas por el Banco Santander. No llegó a incorporarse. El entonces director de la Caja de Ahorros de Sureste (después CAM), Francisco Oliver Narbona, amigo del padre, lo contrató como administrativo en la sucursal de la calle Castaños. Pasó por muchas oficinas de la entidad en su vida laboral, desde cajero hasta director.
En las primeras elecciones municipales de la democracia, en 1979, José Antonio se integró en la lista de Unión de Centro Democrático (UCD) en los últimos puestos de la candidatura. Formó parte de la corporación municipal a partir de mitad de la legislatura para sustituir a un compañero dimitido.
El 23 de septiembre de 2014 el Ayuntamiento de Alicante bautizó con su nombre el «Complejo de Piscinas José Antonio Chicoy», en el Monte Tossal.
Voló sobre el agua. Se granjeó el cariño del vecindario y nos enseñó a entender la natación. Se jubiló a los 57 años. Tiene dos descendientes: Josete y Cristina.
Se mantuvo a flote. Un campeón
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