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Recorrido por la memoria urbana

El Alicante que ya no existe: los lugares míticos que desaparecieron del centro

Cines con butacas de terciopelo, restaurantes de celebraciones, salas de fiesta, galerías y locales como videoclubs o recreativos, en su día símbolo de modernidad, hoy están cerrados, abandonados o convertidos en otra cosa

Los lugares míticos del centro de Alicante que han desaparecido con el paso del tiempo

Los lugares míticos del centro de Alicante que han desaparecido con el paso del tiempo / Rafa Arjones

J. A. Giménez

J. A. Giménez

Hay una nostalgia muy concreta que se despierta cuando una ciudad te ha visto pasar por las mismas calles durante años: caminas por un sitio y, de repente, descubres que falta algo. Un establecimiento "de los de toda la vida" ha bajado la persiana y, con ella, se cierra una parte de tu memoria vital. Alicante tiene de eso a montones… Basta con pasear por el centro para ir encontrándose con esos huecos invisibles que solo perciben quienes estuvieron allí cuando todo estaba en su sitio.

El corazón de la ciudad fue durante décadas un mapa emocional hecho de tiendas, cines, pubs, discotecas, bares y restaurantes que marcaron generaciones. Eran los espacios donde quedábamos, donde comprábamos, donde celebrábamos, donde nos refugiábamos del calor pegajoso del verano o del frío invernal. Algunos desaparecieron sin hacer mucho ruido, unos cuantos sucumbieron ante el duro azote del covid y otros cerraron de la mano de una época que se iba apagando. En su lugar llegaron franquicias, bancos, nuevos negocios, locales vacíos y, más recientemente, los apartamentos turísticos.

Aun así, cuando alguien dice "¿te acuerdas de…?", el centro de Alicante vuelve a encenderse por dentro: regresan al recuerdo colectivo el murmullo de un cine a la salida, el roce de las fundas al rebuscar entre discos, el sabor de una hamburguesa grasienta de madrugada o los bailes de tantas noches en el Barrio, en la calle San Fernando o en el Puerto.

Ese Alicante que ya no existe, con lugares míticos del centro que fueron punto de encuentro, rito de paso o simple refugio cotidiano, tendrá en breve un nuevo miembro del club con el anunciado cierre de FNAC Alicante. No es, desgraciadamente, la primera vez que la música se nos va a... ninguna parte.

Cuando el centro olía a vinilo: Discos Merlín y Discos U.F.O.

Una imagen de Discos Merlín

Una imagen de Discos Merlín / INFORMACIÓN

Antes de los algoritmos, la música se encontraba "a mano". Y eso significaba ir al centro, entrar en una tienda de discos y pasar tiempo. Era una excursión: mirar portadas, comparar ediciones, preguntar al dependiente qué estaba entrando fuerte, descubrir grupos por casualidad...

Discos Merlín y Discos U.F.O. eran templos de la música donde se tejían amistades, se construían identidades y se daban conversaciones que hoy parecerían de otra época: "¿Lo tienes en importación?", "¿cuándo sale el nuevo?", "¿me lo guardas?". No era raro ver a alguien salir con la bolsa como quien sale con un secreto feliz. Es difícil explicar lo que significaba comprar un disco sabiendo que ese sería "tu" disco durante semanas. Ese ritmo —lento, elegido— también desapareció.

Restaurantes que eran una institución

La fachada del restaurante El Delfín en la Explanada

La fachada del restaurante El Delfín en la Explanada / CARRATALÁ

El centro de Alicante también se recuerda por los sitios donde se celebraba la vida: comidas familiares, cenas "de ocasión", reencuentros, después del trabajo, el día que alguien cumplía años o cuando tocaba darse un homenaje. El Jumillano, La Goleta, El Delfín o El Bocaíto fueron solo algunos de tantos restaurantes que marcaron época en lo gastronómico.

No todas las mitologías culinarias son sofisticadas: muchas son "de trote". Alicante, que fue y sigue siendo ciudad de salir de marcha, disfrutó de unos años en los que unas peculiares hamburgueserías eran final de trayecto, sitios donde terminaba una noche y comenzaba el día siguiente. El Kuka’s y Bowerry, en los márgenes del centro, forman parte del recuerdo de una generación que mataba la madrugada y el hambre repentina con bocadillos, hamburguesas, patatas fritas y otros alimentos que sí, eran enemigos del colesterol, pero "absorbían" los excesos alcohólicos. Esos locales de San Blas eran auténticos centros de peregrinación de los fiesteros cuando despuntaba el alba.

La época dorada de las galerías

Galerías Preciados, en el edificio que ocupa actualmente El Corte Inglés en Federico Soto.

Galerías Preciados, en el edificio que ocupa actualmente El Corte Inglés en Federico Soto. / INFORMACIÓN

Hubo un tiempo en el que, antes de la eclosión de los centros comerciales, el corazón urbano se vivía como un ecosistema completo. No ibas a una tienda, sino a una zona y sabías que allí lo tenías todo. Las galerías eran una pequeña ciudad interior, con escaleras mecánicas, mostradores, secciones, escaparates, bolsas y todo lo que dibujaba el ambiente de "un día de compras".

Galerías Preciados fue símbolo de esa época. Tanto es así que todavía hoy, y ha llovido bastante, muchos alicantinos llaman "El Corte Inglés de Galerías" a los grandes almacenes del edificio de Federico Soto.

También permanecen vivos en el recuerdo Galerías Castaños y Gran Centro, hoy Bulevar Plaza, que representa como pocos la transformación urbana: cambios de nombre, de estética y de función, pero también un cambio de mentalidad acorde a cada tiempo. Valga de ejemplo el más reciente, en el que cierra FNAC y llega un gimnasio. La era de la cultura... del físico.

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Con la desaparición de las galerías se fue esa sensación de que comprar algo era un plan.

El centro también se definió por ciertas marcas que actuaban como "referencia" para vestirse. Cortefiel era un clásico, el lugar "serio", el de la prenda que te comprabas para un evento importante. Simago (para los más jóvenes: el espacio de Alfonso El Sabio donde estaba Sfera) forma parte de esa historia del consumo urbano que hoy ya es casi arqueología emocional.

Pubs y discotecas que definieron la noche

Josefina Ruiz en Jamboree

Josefina Ruiz en Jamboree / INFORMACIÓN

El Alicante nocturno siempre ha tenido una personalidad muy marcada. Antes de que la oferta se homogeneizara y (con honrosas excepciones) la misma música (el reguetón) sonara en todas partes, existía una escena donde cada pub o discoteca era un mundo, un estilo, una tribu.

La lista sería interminable, pero si preguntas a cualquier alicantino no dejará de recordar nombres como los de Clan Cabaret, el Brujas, El Coscorrón, el Jazzboree (antes Jamboree), El Forat, Bugatti, Doña Pepa (luego Swing), Oh! (luego Zoo y La Historia), Byblos...

El cierre de estos pubs y discotecas explica una sensación bastante extendida, y es la de que el centro sigue teniendo noche, pero cuesta mucho más encontrar ese local "único e irrepetible".

Tiendas con alma propia

Magesbi, en la Plaza de los Luceros.

Magesbi, en la Plaza de los Luceros. / INFORMACIÓN

Hay tiendas que no fueron solo tiendas. Fueron lugares donde aprendías cómo se llamaban las cosas, las marcas… Donde ibas con tus padres o amigos, te probabas algo y te mirabas al espejo con la ilusión de "ahora sí".

Sanba fue una referencia para quienes vivieron el deporte (o la moda deportiva) como parte de su día a día. Tenía esa credibilidad del comercio especializado. Ese tipo de negocios donde los dueños o los dependientes eran parte de la experiencia. Hoy, cuando el consumo es mayoritariamente inmediato y online, cuesta encontrar esa relación de confianza con un lugar concreto, como ocurría, por citar solo algunos ejemplos de distintos sectores, con la Confitería Seguí, La Pajarita, Julio El Madrileño, Magesbi, Los Claveles... Comercios tradicionales que no necesitaban marketing porque tenían historia.

Otros establecimientos que en su día surgieron como símbolo de modernidad, tenían desde su nacimiento fecha de caducidad: los videoclubes, los salones recreativos y los cibercafés fueron extinguiéndose conforme las plataformas de streaming, las videoconsolas y el wifi pasaron a formar parte de los hogares de todo hijo de vecino.

¿Son las escasas librerías que nos quedan la próxima víctima del verdugo de los nuevos tiempos?

El cine como ritual

Los cines Astoria

Los cines Astoria / REINA

Quizá lo más emocionante de este paseo por la memoria sea hablar de los cines del centro. Porque eran mucho más que unas pantallas. El cine era un plan que empezaba antes: elegir sesión, quedar, comprar palomitas, mirar carteles, comentar a la salida... Nombres como Calderón, Rialto, Avenida, Monumental, Astoria, Ideal, Navas, Casablanca, Carlos III, Arcadia, Chapí… son puertas a otro Alicante. Uno en el que el centro era también un itinerario cultural.

Cuando desaparecieron todas esas salas (solo nos queda el bendito milagro de los cines Aana y los teatros), se perdió algo que todavía duele: la sensación de que el centro era un lugar donde se compartía una experiencia común, más que un sitio consagrado al consumo.

Caminar hoy por Alicante es caminar por capas: bajo el nuevo gimnasio estuvo tu tienda de discos, bajo ese parque de bolas estuvo aquel mítico pub, donde ahora hay una entrada de edificio antes había un cine... Ese Alicante no existe ya, pero sigue vivo en frases que se repiten, como "nos vemos donde estaba…", "aquí había antes...". Y eso es lo bonito: que el centro cambia, pero sus versiones anteriores permanecen al menos en nuestra memoria.

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