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La biblioteca que rescata libros de la basura en Alicante, en pausa por falta de licencia

El local en San Blas de La Hormiga Poeta, donde almacenan 20.000 volúmenes para ofrecerlos gratuitamente, es clausurado por carecer del permiso urbanístico, pese a que intentaron iniciar el trámite hace más de un mes

La biblioteca que rescata libros de la basura en Alicante, clausurada por falta de licencia

La biblioteca que rescata libros de la basura en Alicante, clausurada por falta de licencia / Alex Domínguez

José Gómez

José Gómez

En la calle Poeta Blas de Loma del barrio de San Blas hay un local con un rótulo peculiar: «La hormiga poeta». Detrás de su puerta reposa una gran colección de libros recuperados de la basura o donados por personas que necesitaban deshacerse de ellos. Ulises López, impulsor de esta iniciativa junto a su pareja, Christian Martínez, se ha dedicado desde el 2020 a dar una segunda vida a todas estas lecturas.

Este viernes, sin embargo, una visita de la Policía Local les ha indicado que debían cesar la actividad, que se limitaba a abrir el local los jueves por la tarde para que quien quisiera pudiese entrar a revisar la colección y llevarse libros. La razón es la falta de licencia de apertura, que les fue notificada el 27 de noviembre tras una denuncia.

López, cerrando la puerta del local, donde seguirá almacenando los libros que vaya recibiendo.

López, cerrando la puerta del local, donde seguirá almacenando los libros que vaya recibiendo. / Alex Domínguez

«Lo raro es que en 2022 el Ayuntamiento nos dió 500 kilogramos de libros, en ese momento ya me podían haber pedido la licencia de apertura», expresa López sobre la clausura temporal de las «puertas abiertas» del establecimiento. Este «rescatista» de libros reconoce que «la normativa es la normativa», pero denuncia no haber sido eficazmente atendido cuando, tras la notificación de noviembre, acudió a Urbanismo para regularizar la situación.

«Me sugirieron que pidiese una licencia inocua, porque aquí no se vende comida ni tampoco hay actividad comercial como tal. Un funcionario me dio un correo, me dijo que le pasase la documentación, y ahí quedó todo, no tuve más respuesta», señala López, quien ahora lamenta que debe empezar el proceso desde cero «y además no hay citas en la sede electrónica para Urbanismo», por lo que ha debido solicitarla mediante instancia general y está a la espera de que le llamen.

La apertura, una tarde por semana, del local, inició este pasado verano. Para López, el cierre temporal no representa un problema personal porque él no gana dinero con la actividad de La Hormiga Poeta. De hecho, el alquiler del local se paga de su bolsillo y con pequeñas contribuciones voluntarias que hacen algunos usuarios. Sin embargo, sí lamenta que los trámites municipales vayan tan despacio y que no se le haya asesorado mejor para facilitar la continuidad de su servicio a la comunidad. «Imagínate que es un negocio familiar y dependo de ello para comer», reflexiona López.

Inicio en 2020

La andadura de esta iniciativa arrancó en 2020, cuando López y otras personas cercanas empezaron a recuperar libros dejados junto a contenedores de basura y a donarlos para que tuviesen un segundo uso. «En las bibliotecas no los cogían, pero los fuimos repartiendo por centros de mayores, asociaciones vecinales... y se fue corriendo la voz y la gente empezó a traernos los libros que sacaban de casa», recuerda el impulsor de La Hormiga Poeta.

De ahí, se establecieron en un primer local que les cedieron en la calle Murcia, y posteriormente se trasladaron al actual, donde hay unos 20.000 libros almacenados. Además, hay otros 20.000 volúmenes entre la casa del propio López y una nave industrial de un amigo de la iniciativa.

Por su parte, López descarta haber tenido problemas por la actividad de los jueves por la tarde con los vecinos, que más bien, dice, están felices con la recuperación del local, otrora abandonado.

Ahora mismo, los tres objetivos que se marcan en La Hormiga Poeta son, por orden de urgencia, tramitar la licencia de actividad para retomar la apertura semanal y poder dar salida a los libros, ir inventariando cada vez más ejemplares de los 40.000 recopilados y, finalmente, constituirse en asociación. Desde luego, un trabajo de hormiga para seguir dando una nueva vida a miles de lecturas.

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