Botones, alcalde y doctor
Francisco Canals Beviá, regidor de San Vicente del Raspeig durante ocho años, preside una asociación cultural que analiza el pasado de su ciudad para prever el futuro

Imagen de Paco Canals Beviá en una calle céntrica de San Vicente del Raspeig. / Pepe Soto
Entró de botones en una caja de ahorros ya desaparecida, durante ocho años fue alcalde de San Vicente del Raspeig y es doctor en Ciencias Económicas. En la entidad financiera llegó a ser defensor del cliente; abandonó la alcaldía tras prosperar una moción de censura impulsada por sus antiguos compañeros del grupo municipal socialista y demás rivales políticos a causa, según explicaron en su día, por su empeño en desarrollar un plan parcial para urbanizar el Valle del Sabinar y convertirlo en un complejo hotelero y residencial con campo de golf incluido. Desde 2015 preside una asociación cultural que analiza el pasado y el presente de su ciudad para prever el futuro.
Francisco Canals Beviá (San Vicente del Raspeig, 1954) nació en una casa habitada por una familia de clase obrera situada en la calle Forn con tres criaturas a su cargo. El padre trabajaba entre tejas de arcilla y hornos en la industria cerámica Los Ángeles; la madre, además de atender el hogar, trabajó como bordadora y costurera. Paco Canals superó los estudios elementales en el grupo escolar público del municipio. Se hizo bachiller en el instituto Jorge Juan, en Alicante; en los últimos cursos asistió en horario nocturno por cuestiones laborales. Con 17 años recién cumplidos, superó oposiciones para unas pocas plazas de botones convocadas por la extinta Caja de Ahorros Provincial de Alicante (CAPA). Debidamente uniformado como aprendiz de banca y recadero, fue a parar al ascensor de la Torre Provincial, sede de la entidad, con continuos ascensos y descensos en las entrañas de uno de los edificios de mayor altura en su tiempo de la ciudad de Alicante. Jornadas intensas arriba y abajo a bordo del montacargas, además de asistir a los empleados, transportar documentos y paquetes de un sitio a otro, o de realizar tareas administrativas básicas.
De botones ascensorista, con el mismo rango, pasó a ser aprendiz de cajero. Paco fue creciendo profesionalmente: superó exámenes, primero como auxiliar; al poco tiempo como oficial. Estudió como pudo tres cursos de Ciencias Económicas en el Centro de Estudios Universitarios (CEU) y obtuvo la licenciatura en la Universidad de Valencia. En su tesina escribió sus estudios y análisis sobre la evolución y el desarrollo económico de su pueblo. Cursó estudios de doctorado en la Universidad de Alicante y en 2005 logró la calificación de «cum laude» con una tesis sobre la gestión del gasto en la Diputación Provincial de Alicante entre 1940 y 1979, en años de dictadura, ante un tribunal presidido por el catedrático Antonio Escudero.
Ocupó puestos de responsabilidad en la entidad financiera: jefe en los servicios de auditoría en las sucursales y llegó a convertirse en defensor de los clientes. La fusión de la CAPA y la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), en 1991, cambió su destino. «Aquella operación fue una merienda de negros», recuerda Canals. Se prejubiló en 2011, poco antes de que el Banco de España interviniera la entidad, seis meses antes de la nacionalización de la vieja caja a causa de una quiebra relacionada con la concesión de créditos al sector inmobiliario y la gestión de pensiones para determinados directivos. Saneadas las cuentas por el Estado, Banco Sabadell adquirió la entidad por el simbólico precio de un euro.
Su trayectoria siempre estuvo orientada a conseguir que San Vicente del Raspeig se convirtiera en un subcentro metropolitano del área Alicante-Elche y lograr un modelo de municipio equilibrado económicamente: universitario, industrial y residencial, más allá de conformarse con ser una ciudad dormitorio de la Costa Blanca.
Integrado en el PSPV-PSOE, entre 1993 y 2001 fue alcalde de San Vicente del Raspeig. Antes estuvo cuatro años en los bancos de la oposición. Todo parecía funcionar adecuadamente en el grupo socialista. Pero había tensiones internas, recelos, con un trasfondo opaco por diversas discrepancias. La guerra era inminente y la desató el proyecto del plan parcial para urbanizar el Valle del Sabinar y convertir el espacio surcado por dos torrentes y atravesado por una cañada real en un complejo hotelero y residencial con campo de golf incluido, que diseñó el deportista José María Olazábal.
Canals destituyó a dos de sus ediles por pérdida de confianza; otros seis de sus concejales dimitieron en bloque en una intensa crisis política que desmembró el grupo socialista. El alcalde compartió gobierno con los ocho concejales del Partido Popular y dos ediles independientes. Paco Canals fue expulsado de su partido. Se quedó solo. Perdió la alcaldía al prosperar una moción de censura. Todos fueron contra él. Fue relevado por la ya fallecida Luisa Pastor Lillo, del Partido Popular.
Harto de traiciones y desengaños cambió de partido. En las elecciones municipales de 2003, Canals siguió como concejal otros cuatro años en representación del Bloc Nacionalista Valencià. En los comicios de 2007 no consiguió acta de concejal y se alejó para siempre de la política.
Es presidente desde hace una década del Cercle d’ Estudis «Sequet però sanet» de Sant Vicent, asociación cultural conformada por 150 socios que está dedicada a investigar cuestiones relacionadas con la economía, las empresas, la historia, las tradiciones y la sociedad local. «Hay que estudiar el pasado para explicarnos el presente y prever el futuro», asegura Canals.
Ha escrito una decena de libros y cientos de artículos periodísticos sobre economía y la gente de su entorno. Se considera una persona activa tanto mental como físicamente: «Participo de forma desinteresada en actividades sociales y culturales sin ánimo de lucro, investigando sobre el pasado, el presente y las perspectivas de mi ciudad», señala.
Casado desde 1996 con Ángela Marco Martínez, la pareja tiene una hija, también Ángela de nombre, que es enfermera.
Así es, más o menos, la crónica de Paco Canals Beviá, que de botones ascensorista llegó a ser auditor de sucursales y defensor de los clientes de una difunta caja de ahorros; el exalcalde sigue en su tarea de analizar el pasado de su pueblo para que no se cometan nuevos errores; el economista está comprometido con proyectos para que no se repitan las malas historias.
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