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Llopis, el regreso de un histórico

El dirigente socialista, nacido en Callosa d’en Sarrià, regresó a España después de cuatro décadas de exilio en Francia, donde había sido Presidente del Consejo de Ministros de la República Española en el exilio

Hace 50 años. Del 12 al 18 de enero de 1976: El dirigente socialista Rodolfo Llopis regresa a España tras su exilio

Hace 50 años. Del 12 al 18 de enero de 1976: El dirigente socialista Rodolfo Llopis regresa a España tras su exilio / Rafa Arjones / Perfecto Arjones

Ramón Pérez

Ramón Pérez

Aquel enero de 1976 fue el mes del regreso de Rodolfo Llopis a España tras casi 40 años de exilio. Aquel maestro alicantino de Callosa d’en Sarrià había sido un hombre fuerte de la Segunda República, diputado en Cortes y llegó a ser Presidente del Consejo de Ministros de la República Española en el exilio. Su retorno, recibido en olor de multitudes en Barcelona y días después en Alicante, fue un acontecimiento; además su palabra era de rabiosa actualidad porque había sido secretario general del PSOE durante 18 años, hasta que en 1974 Felipe González y le arrebató el cargo. «He vivido Alicante desde Francia», explicaba a su llegada, en la que reconoció que en su despacho siempre tuvo una Dama de Elche y un mapa de la provincia. Aquel alicantino de primerísimo nivel -poco se le ha homenajeado- se presentó a senador en la candidatura de la Alianza Socialista en las elecciones generales de junio de 1977 y al no resultar elegido, volvió a Francia, donde fallecería el 22 de julio de 1983.

Ajenos a aquel movimiento democrático que se abría por fin en España, en enero de 1976 muchos adinerados lucían palmito frente a la Explanada. Mar en calma, sol, una botella fría, buena compañía. Nada de lo que componía la idílica postal de las embarcaciones de recreo del puerto de Alicante parecía ser objeto de queja. Pero lo era. En aquel primer mes de 1976 los vecinos de Alicante denunciaban que la basura de dichos yates de lujo afeaba la Explanada. «Esto es otro FEMER», indicaban a este diario varios de los denunciantes. Aquella lucha llegaba curiosamente cuando el bucólico paseo por fin se había liberado de los olores y el trajín de la carga y descarga de mercancías que a principios de siglo había obligado a los edificios de parangón dar la puerta de entrada principal a la calle trasera. Que la basura de los yates no se amontonara en el paseo más internacional de la ciudad era un problema que no tardaría tiempo en resolverse…

Además, los vecinos de Virgen del Remedio escribían en aquellos días una carta en INFORMACIÓN al alcalde pidiéndole que ejecutara la promesa de un jardín. «Lo dijo en agosto, que tendríamos una zona verde de 13 hectáreas y no vemos nada», comunicaban. El alcalde, García Romeu, estaba en otras, preparándose para una reelección a la que también se presentaban los concejales Martínez Aguirre y Tur Ayela, la última confirmación. Quien no conocía oposición era Juan Carreres Ripoll, primer edil de Benillup durante 37 años, desde el 20 de abril de 1939. «Mi secreto es paciencia, voluntad de hierro, ser justo y, sobre todo, amar al pueblo», decía el alcalde de un municipio de 85 habitantes.

Mientras, la ciudad disfrutaba ya del porrate de San Antón, repleto de animales, curiosos y frutos secos. A espaldas de la plaza de toros se podían comprar «cigronets» a 25 pesetas el kilo, avellanas a 30, anises a 35, cacahuetes a 25… Un poco más céntrica, la plaza del Caudillo estrenaba tal semana como ésta pero de hace 50 años una fuente de 22 chorros y también eran los primeros días del curso de comercio que tenía lugar en la náutico pesquera.

A pesar del termómetro, el jefe provincial de Sanidad, el doctor Pastor Freixas, se congratulaba en estas líneas de que Alicante estaba «sana»: «Hay muchos menos catarros de lo normal, la vacunación contra la tos ferina y el tétanos funciona». Contra las enfermedades que sí se seguían luchando, sin embargo, eran las que transmitían los animales y para ello el Ayuntamiento prometía más control y avisaba de la peligrosidad de las que podían transmitir sus excrementos.

Era también la semana en la que el Calpisa buscó sin suerte remontar una eliminatoria de la Copa de Europa contra el Borac yugoslavo y la de una insólita visita, la del Private Expedition Trans África, un grupo de 16 hombres y mujeres que recorrían el mundo en camión de Dinamarca a Ghana subvencionados por un magnate. Todo un experimento que hizo un alto en Alicante.

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