RETRATOS URBANOS
Con el quirófano a cuestas
El cirujano José Carlos Infante impulsó la plataforma «Médicos al quite» para garantizar asistencia sanitaria profesional en festejos taurinos que se celebran en España

El cirujano José Carlos Infante, a la derecha, y el anestesista José Merino durante un festejo taurino. / Pepe Soto
Esta es la semblanza de un cirujano jubilado que impulsó la plataforma «Médicos al quite» para garantizar asistencia sanitaria profesional en los festejos taurinos que se celebran en plazas menores o desmontables con un quirófano a cuestas de pueblo en pueblo. La pasada temporada presenció desde el burladero medio centenar de corridas o novilladas en cosos más lejanos que cercanos. Pisando el polvo del albero. Con la mirada siempre puesta en el torero y en los cuernos y las embestidas del animal antes de saltar al ruedo.
José Carlos Infante Martínez (Girona, 1950) es el menor de una familia de seis hijos a la par que su hermana melliza, María Rosa. Llegó a Alicante a los 12 años. Su padre, Eduardo, inspector de Hacienda, solicitó el traslado por cuestiones relacionadas con la salud. Mercedes, la madre, catalana de Arenys de Mar, muy pronto se adaptó al nuevo destino. La parentela se instaló en una vivienda situada en el Paseo de Soto, en el centro de la ciudad.
Estudió en el colegio Inmaculada Jesuitas y se hizo bachiller en el instituto Jorge Juan. Decidió estudiar Medicina. Cinco cursos los superó en Valencia. Acabó la carrera en la Universidad Complutense de Madrid. Ya licenciado, tuvo que cumplir con las tareas de la patria: el servicio militar. Tras el período militar en un reclutamiento de Alcalá de Henares, arribó como soldado al cuartel de San Fernando, en el barrio de Benalúa, a cuatro zancadas de la casa familiar. Todas las guardias que cumplió fueron en un botiquín custodiado por un médico con galones de militar apellidado García Carpintero.
Siempre atraído por la cirugía, se integró como médico residente en formación en el Hospital General de Alicante, ahora Doctor Balmis, en el equipo que dirigía Antonio Arroyo. Estamos en 1977. Muchas horas de quirófano; otras tantas o más visitando a los pacientes intervenidos a pie de las camas. Los cirujanos juegan un papel crucial en el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades y afecciones que requieren intervención quirúrgica. La cirugía es una de las especialidades médicas más complejas. Muchas guardias y operaciones rápidas han pasado por sus manos en casos de emergencia: pacientes con apendicitis o en situaciones críticas como traumatismos o hemorragias internas en la sala de operaciones. «He llegado a realizar doce guardias al mes de 24 horas», asegura José Carlos. También ha intervenido en cientos de operaciones programadas.
Durante su trayectoria formativa realizó estancias en hospitales de Frankfurt y Londres. Aprendió nuevas técnicas de intervención y aprendió idiomas: además del castellano, habla francés, alemán, inglés y un poquito de italiano.
Casi cuarenta años cumplió en los quirófanos de la vieja «Residencia», cuando una mañana de 2015 recibió una carta de la Conselleria de Sanidad comunicándole su cese como facultativo para pasar al estadio de los pensionistas. José Carlos acababa de cumplir 65 años de vida. Se cabreó. Dejó la bata en el armario y pleiteó. Dos jóvenes abogados tramitaron la demanda contra la Generalitat. Ganó. Tres años más tarde, regresó con la bata a su estancia de trabajo. Y, además, cobró los salarios correspondientes a tal trienio. Dos años más tarde se jubiló por obligado cumplimiento.
Volvió a empezar. José Carlos Infante es luchador; tan testarudo como gentil. Tal vez por su afición taurina, creó hace algo más de un año la plataforma «Médicos al quite» para garantizar asistencia sanitaria profesional y organizada en festejos taurinos y otros eventos multitudinarios, sin improvisaciones entre el ruido, la sangre y la arena. A través de ese espacio virtual, ha formado un equipo de profesionales con alma taurina: cirujanos, anestesistas y enfermeros que presencian cada corrida desde el burladero para saltar sobre la arena en caso de accidente con rapidez y compromiso. Los cirujanos y los toreros siempre van de la mano. «El arte de su triunfo y el arte de la salvación son similares», afirma.
Una tarde de toros tiene todos los registros posibles: la gloria o la bronca del respetable, que suene la música, la salida a hombros o la enfermería. En este espectáculo siempre revolotea algo que no se nombra cuando se hace el paseíllo, pero que a veces llega: la cogida, la cornada. Ahí es donde llega el quite de unos profesionales preparados para salvar vidas. Son los sanitarios taurinos, la cuarta cuadrilla del festejo, que también atienden a aficionados enfermos en los tendidos de sol y de sombra.
Infante y los miembros de su equipo van de pueblo en pueblo, en plazas menudas, de tercera o cuarta categoría, o portátiles, con la ayuda de una ambulancia provista de quirófano. Más de medio centenar de festejos taurinos atienden cada temporada. Los grandes cosos tienen equipos médicos estables, en nómina. «En España cada año se celebran más de 20.000 festejos taurinos. Según las estadísticas, en el diez por ciento de ellos se registran cornadas u otros incidentes», asegura el mentor de «Médicos al quite», que relata uno de sus más complejos trabajos ocurrió en la plaza de un pueblo del desierto de Tabernas, en Almería, en el Hollywood español: «La cornada seccionó la zona inguinal del torero, pero pudimos atenderlo con tanta rapidez como calma para cerrar la hemorragia. Salvó la vida». Las heridas por asta de toro presentan características especiales y la experiencia en este tipo de lesiones por parte de los miembros del equipo médico multidisciplinario es fundamental.
Sus dos hijos residen en Barcelona. José Carlos, licenciado en Ciencias de la Información, regenta tres restaurantes y dos coctelerías; Úrsula es nutricionista. Tiene cuatro nietas y dos nietos. Su esposa se llama Desireé.
José Carlos Infante, Joca, para los amigos, dispone de una cuadrilla de sanitarios de oro y plata. En esa labor no hay subalternos: todos son precisos. Cada instante cuenta para detener las consecuencias de las heridas activas y salvaguardar a los protagonistas de la tauromaquia: toreros, banderilleros, picadores... Siempre está al quite; con un quirófano a cuestas. Y en compañía de buenos profesionales.
Joca disfruta en su nueva misión médica: la cirugía inmediata, de ahora o de nunca, antes de emprender camino con el herido hacia el hospital más cercano.
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