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Videoanálisis de Toni Cabot sobre la Ocean Race

Videoanálisis de Toni Cabot sobre la Ocean Race / INFORMACIÓNTV

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Toni Cabot

Toni Cabot

La noticia ha vuelto a acaparar titulares en medios de comunicación de todas las partes del planeta. La salida desde Alicante de la Ocean Race 2027 —la sexta de manera consecutiva— marcará un antes y un después en la historia de la vuelta al mundo a vela. El 17 de enero de 2027, la flota iniciará una primera etapa inédita por su longitud y dureza: 14.000 millas náuticas hasta Auckland (Nueva Zelanda), en total más de un mes de navegación para llegar al lugar más alejado del planeta. El anuncio se realizó la pasada semana en Fitur con la presencia de todas las autoridades y el director ejecutivo de la regata, Mirko Groeschner, que posaron ante una panorámica de la bahía alicantina coronada con un espectacular titular: "Alicante, el comienzo del mayor desafío oceánico".

Nadie puede poner en duda el notable impacto económico y social que genera la salida de la Ocean Race para Alicante, una de las ciudades, como defendía el alcalde Luis Barcala, "más y mejor conectadas con el mar". Los datos están ahí: una audiencia que supera los mil millones de personas, más de 200 millones de euros en impacto mediático, 467 millones de impacto directo al PIB y más de 8.000 puestos de trabajo desde que la prueba apareció en el puerto alicantino allá por 2008.

Sin embargo, al mismo tiempo, asumiendo como reales todas estas cifras, se abre una interrogante que permanece sin respuesta casi veinte años después. ¿Por qué entre salida y salida de la regata no se ha sido capaz de crear un calendario de actividades en la envidiable zona del puerto para sacar más partido de los millones de euros que hay que pagar por los derechos de la prueba?

La que quedó bautizada como ‘zona Volvo’ en el puerto alicantino permanece en silencio durante los cuatro años que separan las salidas, únicamente con un leve murmullo que, de tanto en tanto, se escucha desde su museo, único reducto que levanta la bandera de la carrera náutica, durante ese periodo de entretiempo, con actividades de menor escala al funcionar con un presupuesto mínimo.

The Ocean Race tendrá la etapa más larga de su historia entre Alicante y Auckland

Ciclos de conferencias relacionadas con el mar, jornadas de debate de pesca o cultura marítima, eventos que vinculen a la gastronomía y el Mediterráneo y, por supuesto, alguna regata anual en complicidad con la Ocean Race elevarían el cartel de Alicante como plaza ideal para la vela mundial, justificando en toda su dimensión la millonaria inversión al ejercer de eco constante de una ciudad que, como bien dice su alcalde, tiene una excelente conexión con el mar.

Pero pasa el tiempo y da la impresión de que nadie se ha apropiado de esa responsabilidad o, peor todavía, de que nadie fue capaz de ir más allá y negociar con la marca una colaboración más efectiva para sacar un mayor partido a una prueba magnífica, de reconocimiento mundial, pero de la que solo nos acordamos durante dos fines de semana cada cuatro años.

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