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Miradas alicantinas

En los días del cometa (1)

Imagen generada por ChatGPT que recrea el cometa en el cielo nocturno del Alicante de albores del siglo XX.

Imagen generada por ChatGPT que recrea el cometa en el cielo nocturno del Alicante de albores del siglo XX. / ChatGPT / Inteligencia Artificial / Alfredo Campello

Alfredo Campello

Alfredo Campello

Se cumplen ahora 40 años del paso del cometa Halley, uno de esos espectáculos gratuitos que el universo nos ofrece y que nos hace sentir tan insignificantes en el vasto espacio que nos rodea. Plagiando el título de una obra de H.G. Wells les contaré cómo fue la visita del Halley a la ciudad de Alicante en 1910 y en 1986.

Como muchos ya sabrán, el cometa Halley nos visita cada 76 años. Toma su nombre del astrónomo inglés Edmund Halley, no porque lo descubriera, sino porque calculó su periodo orbital en 1705. Se tienen referencias a su paso periódico desde la antigüedad. Su última visita fue, por tanto, en 1986 y habrá que esperar hasta 2061 para que vuelva a ser visible desde la Tierra. Pero hoy nos detendremos en el año 1910.

El Alicante de aquel año era muy diferente al actual. Sin incluir al todavía municipio independiente de Villafranqueza, la ciudad contaba con 55.300 habitantes, de los cuales, más de la mitad no sabían ni leer ni escribir. En noviembre de 1909 Luis Pérez Bueno se hizo con la vara de mando, siguiendo en su puesto hasta el 26 de noviembre de 1910, momento en el que se haría cargo de la alcaldía Federico Soto Mollá.

En enero los concejales de la candidatura republicano-socialista entraron por primera vez en el Consistorio. El abogado José Guardiola Ortiz y el doctor Antonio Rico Cabot serían protagonistas destacados de varios plenos. En mayo el doctor José María Esquerdo Zaragoza resultó elegido Diputado a Cortes por Alicante, también en representación de la conjunción republicano-socialista.

En los días del cometa (1)

En los días del cometa (1) / INFORMACIÓN

La ciudad seguía con una cárcel inacabada, pero en uso desde el año anterior; el viejo cuartel de San Francisco situado en la Montañeta se encontraba en un estado lamentable y se seguían buscando terrenos óptimos para instalar el nuevo cementerio mientras se debatía si era competencia del Ayuntamiento o de la Iglesia la construcción de un nuevo camposanto. En 1909 la Exposición Regional Valenciana había premiado a Heliodoro Guillén y a Vicente Bañuls, y el 16 de diciembre de ese mismo año se descubrió en la fachada de la iglesia de Santa María la placa alusiva a la Inmaculada Concepción.

1910 fue el año en el que nació Miguel Hernández; Manuel Antón se convirtió en el primer director del Museo Nacional de Antropología; Rafael Altamira regresó de su exitoso viaje por América y publicaba su obra Fantasías y Recuerdos. En su honor se rotuló la calle de la Princesa con su nombre y se le concedió el título de Hijo Predilecto. La ciudad se estremeció por el llamado «Crimen de la calle de la Huerta» o el «Crimen de Alicante» como fue conocido a nivel estatal.

«Crimen de la calle de la Huerta»

«Crimen de la calle de la Huerta» / INFORMACIÓN

El jornalero José Ayala «el Castellà» asesinó al capitán de infantería retirado Eugenio Méndez de Piedra. Falsificó correspondencia para quedarse con su explotación de ganado y fue descubierto y detenido en 1910, dos años después del crimen. El 29 de noviembre el cadáver fue encontrado enterrado en el patio de la casa número 44 de la calle de la Huerta.

Pero sin duda, el evento del año fue el paso del cometa Halley. A finales de enero comenzó a vislumbrarse en el horizonte un cometa muy luminoso, pero no era el Halley, se trataba del cometa al que algunos llamaron Drake y que fue conocido como el Gran Cometa de Enero de 1910. Este cometa, como si de un heraldo se tratara, nos visitó por sorpresa antes que Halley. «El nuevo cometa se nos marcha, dejando el campo libre a Halley» dijo el diario alcoyano La Defensa a mediados de febrero.

La prensa siguió manteniendo viva la expectación de sus lectores ante la próxima llegada de Halley de diversas maneras: aportando datos científicos, citando acontecimientos históricos presuntamente ligados a su paso o catástrofes a él atribuidas. Pero también con poemas con rimas del estilo: «¡Oh, cometa! Eres igual / que un inmenso pavo real / hecho de luz sideral».

A finales de abril comenzó a ser visible a simple vista. La prensa recomendaba avistarlo desde las azoteas o terrazas y publicaba semanalmente los calendarios para facilitar su visión. El 4 de mayo se anunciaba a los cuatro vientos: «¡Ya ha llegado el tan famoso cometa!». En El Correo, el astrónomo José Comas Solá, autor de un libro sobre el paso del cometa Halley, aportó datos científicos sobre el cometa dando cuenta de la variación de la luminosidad a su paso y de los mejores días para su observación desde Alicante. A día de hoy, Comas Solá tiene una calle a su nombre en el barrio de La Florida, rodeado de constelaciones. Justicia poética.

Pero pese al avance de la ciencia y la instrucción, algunas personas humildes veían al cometa como un mal augurio. En Torrent, una anciana confundió un incendio con la llegada del fatídico cometa y corrió por las calles gritando «Ai, mare de Déu, el cometa ja ha arribat!», cayendo muerta poco después en plena vía pública. No fue la única víctima. En Madrid una mujer que había subido al tejado a observar el paso del cometa cayó desde una altura de 15 metros muriendo a causa del impacto.

A mediados del mes de mayo de 1910 el cometa Halley alcanzó su máximo brillo y llegaron a su apogeo las teorías catastrofistas. Preveían la extinción de la vida en la Tierra cuando nuestro planeta en su órbita atravesara la cola del cometa debido a los gases tóxicos que emanaba. El diario alicantino El Pueblo se hacía eco de las palabras del astrónomo Flammarión en las que anunciaba que la cola del cometa no supondría riesgos ni para la Tierra ni para el ser humano pese a haber anunciado poco antes la presencia en su seno de gas cianógeno altamente tóxico.

El 18 de mayo, fecha prevista del fatídico evento, los alicantinos que trasnocharon nada pudieron ver ya que las nubes impidieron contemplar el espectáculo. Los parques, paseos y terrazas estuvieron concurridísimos formándose corros de amigos y desconocidos que charlaban animadamente del cometa Halley y de las catástrofes anunciadas. El gas cianógeno de la cola no causó daño alguno al planeta y la vida siguió su curso. Tres años después Sir Arthur Conan Doyle se inspiraría en esta psicosis colectiva por los gases tóxicos del cometa para su obra La zona ponzoñosa.

La prensa alicantina continuó publicando los calendarios semanales para facilitar al lector la visión de este evento astronómico. Casi a diario, las terrazas, tejados y paseos de la ciudad aparecían repletos de curiosos que observaban el cometa sin importar la hora a la que se produjera. Espectáculos, actos y mítines políticos se interrumpían a la hora del paso del cometa Halley para poder contemplar el evento astronómico del año.

La escasa contaminación lumínica hizo posible la visión del Halley desde el propio centro de Alicante, algo imposible hoy en día. 75 años después, en 1986, el cometa Halley nos visitaría de nuevo encontrándose un Alicante muy diferente al de 1910. Lo veremos en la próxima entrega.

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