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Sanidad

Médicos de Alicante relacionan los brotes "virulentos" de sarampión con los movimientos antivacunas

Los expertos apuntan que la inmunización infantil no debe bajar del 90 % actual porque con un 10% sin inmunidad se generan brotes

La OMS retira a España el estatus de país libre del sarampión

Lucía Feijoo Viera

J. Hernández

J. Hernández

Un brote de sarampión en Alicante con una treintena de personas afectadas de un mismo centro de trabajo, que ha obligado a vacunar a todos los trabajadores y a hacer estudio de unos 500 contactos de los contagiados por si adquieren la enfermedad o necesitan también inmunizarse, ha encendido todas las alarmas. Máxime coinciciendo con la decisión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de sacar a España del listado de países libres de este virus que en adultos puede ser peligroso ya que puede provocar complicaciones graves como neumonía o encefalitis.

El sarampión es enormemente contagioso y se transmite a distancia y por vía respiratoria, según explican especialistas de salud pública. Por ello, no se puede considerar ahora mismo una enfermedad del pasado. La vacunación en España se autorizó en 1977 y se pone a los bebés de doce a quince meses en la denominada triple vírica, que incluye la dosis contra el sarampión, la rubeola y las paperas. Gran cantidad de personas por encima de 50 años pasaron la enfermedad de manera natural así que tienen anticuerpos, pero hay adultos con edades de 35 a 45/50 que no fueron vacunados o solo parcialmente.

Los expertos apuestan por vacunar contra el sarampión a colectivos profesionales de riesgo ante brotes en adultos como el de Alicante

Antivacunas

Un médico de Familia consultado por este diario apunta que "el brote de sarampión es, obviamente, una alerta sanitaria importante. Y la gente debe saber que, al igual que otras enfermedades inmunoprovenibles, es grave. Especialmente en personas vulnerables (pacientes crónicos, ancianos...)".

El doctor añade que la vacunación es la única estrategia protectora "y, desgraciadamente, estamos viendo coberturas cada vez más bajas, derivado de corrientes antivacunas. Hay muchos padres que no vacunan a sus hijos y eso puede actuar de vector de transmisión de estas enfermedades".

Así, recuerda que gracias a la vacunación se han erradicado y/o reducido muchas patologías: viruela, meningitis, polio, sarampión..."pero últimamente vemos casos de meningitis meningocócica así como de sarampión en brotes virulentos y afectando a un buen grupo de personas".

En las consultas de los centros de salud han aumentado también los casos de meningitis

Los expertos insisten en que el pilar fundamental de la prevención del sarampión continúa siendo la vacunación infantil. España mantiene habitualmente coberturas entre el 90 y el 95%, pero, dada la extraordinaria contagiosidad del virus, estos porcentajes deben permanecer muy elevados para evitar brotes. Basta con que aproximadamente un 10 % de la población carezca de inmunidad para que la introducción de un solo caso pueda generar cadenas de transmisión. En consecuencia, cualquier descenso en la cobertura favorece la reaparición de la enfermedad. De ahí el temor al efecto de los antivacunas.

Adultos

¿Es factible hacer ahora, cuando el virus circula de nuevo en España, hacer una vacunación universal de adultos?

Los médicos consultados por este diario consideran que la vacunación frente al sarampión en población adulta representa un reto sanitario importante desde el punto de vista organizativo y epidemiológico. A diferencia de los programas infantiles, altamente estructurados, sistemáticos y con elevadas coberturas, las campañas dirigidas a adultos suelen presentar una participación irregular y un seguimiento limitado.

"La experiencia acumulada durante décadas demuestra que incluso en colectivos especialmente sensibilizados, como el personal sanitario, resulta difícil alcanzar una inmunización completa. A pesar de realizar serologías periódicas y ofrecer vacunación selectiva, siempre persiste un pequeño porcentaje de profesionales que no se vacuna, ya sea por desconocimiento, reticencia o dificultades logísticas", indica un especialista en salud pública.

Por este motivo, plantear una campaña de vacunación universal en adultos tendría previsiblemente un impacto reducido en términos de cobertura poblacional. En cambio, las estrategias más realistas pasan por focalizar las intervenciones en grupos con mayor exposición o capacidad de transmisión.

Menor propagación

Entre ellos destacan los trabajadores sanitarios, por su contacto directo con pacientes vulnerables, el personal docente, así como otros empleados de servicios públicos esenciales como fuerzas de seguridad, policías o bomberos. La inmunización en estos colectivos no solo protege individualmente al profesional, sino que también reduce la probabilidad de propagación del virus en entornos donde el contacto estrecho es frecuente.

Otra vía complementaria consiste en la vacunación oportunista desde Atención Primaria. Es decir, aprovechar consultas médicas habituales para solicitar serologías cuando se realizan analíticas por otros motivos y, en caso de ausencia de anticuerpos, administrar la vacuna triple vírica de forma selectiva. Sin embargo, este enfoque requiere tiempo, recursos y constancia, y su alcance global es necesariamente limitado, ya que depende de la frecuencia de contacto del adulto con el sistema sanitario.

Por ello, desde el punto de vista de salud pública, la prioridad sigue siendo consolidar y reforzar la vacunación sistemática en la infancia, al tiempo que se desarrollan medidas específicas y selectivas en adultos, especialmente en colectivos profesionales clave. Las decisiones finales deberán ajustarse a las recomendaciones oficiales de las autoridades sanitarias, una vez analicen la situación epidemiológica y emitan las correspondientes directrices.

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