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Adiós a Eutimio, la papelería que sobrevivió casi un siglo en Alicante

El establecimiento cerrará definitivamente a finales de marzo después de alimentar a tres generaciones y de vivir en primera persona el cambio de la ciudad y de un modelo de negocio que en los últimos años ha resistido gracias a la fidelidad de algunos clientes y a la perseverancia de la familia propietaria

La despedida de Eutimio, una papelería con casi un siglo de vida en Alicante

La despedida de Eutimio, una papelería con casi un siglo de vida en Alicante / Pilar Cortés

Manuel Lillo

Manuel Lillo

Noventa años dan para mucho. Todo este tiempo ha transcurrido desde que Eutimio Fernández Duque, un hombre de la Puebla de Sanabria (Zamora) que se mudó a Alicante a los tres años con sus padres, abrió su propia papelería en la calle Tomás López Torregrosa. La bautizó con su nombre y con la confianza en hacer prosperar un negocio al que ya se había dedicado. Le avalaba su experiencia en una imprenta histórica, Such Serra, entonces en la calle San Francisco y cerrada hace dos años tras más de un siglo de historia.

Sin embargo, en aquel mes de diciembre de 1935, cuando el primer Eutimio levantó la persiana, seguramente no imaginaba que unos meses después estallaría la Guerra Civil, que su hijo sobreviviría en el frente de Teruel y que la papelería haría lo propio durante el conflicto y durante las siguientes nueve décadas. Hasta que la tercera generación, la de los hermanos Eutimio, Víctor y Francisco Javier, han decidido cerrar tras garantizarse sus jubilaciones.

Los tres hermanos muestran una foto antigua del establecimiento.

Los tres hermanos muestran una foto antigua del establecimiento. / Pilar Cortés

«Debe ser de los pocos negocios que aguantó», relata Eutimio Fernández Pardo, que empezó a trabajar en la papelería con 14 años, a mediados de los años sesenta, tras haber respirado desde pequeño las profundidades del negocio familiar. Los jueves por la tarde, cuando no tenía colegio, recuerda comer con sus abuelos y pasar el resto del día observando los quehaceres de sus mayores. No es extraño que su destino fuera el de alargar el negocio unos años más, después de que lo hiciera su padre, que falleció siendo el socio número 16 del Hércules Club de Fútbol.

En un primer momento la papelería ofrecía también los servicios de imprenta. Pero el socio del primer Eutimio, que se apellidaba Llobregat, «se llevó las máquinas a la calle Gerona y montó su propio negocio». «Esto se quedó en papelería», señala el Eutimio actual, que aprendió el oficio con su abuelo y con su padre y, junto a él, también sus dos hermanos, que apuran los últimos días en la tienda de la calle López Torregrosa.

Un largo recorrido

Ya hay fecha. El 31 de marzo cerrarán la papelería. Los tres hermanos se jubilarán tras dedicarse a un negocio que reconocen como obsoleto. La pandemia ya le atestó un fuerte golpe que les obligó a limitarse a abrir sólo por las mañanas. La paradoja, señalan, es que su trabajo es mucho más sencillo, cómodo y mejorado a como lo era anteriormente. Y sin embargo, es ahora, y no antes, cuando los clientes escasean.

No me imagino levantarme por las mañanas y no tener obligaciones

Eutimio Fernández

— Socio de la papelería

El escenario económico de Alicante, con empresas como la tabacalera, Manufacturas Metálicas Mediterráneas, las compañías de seguros, las oficinas empresariales de la cercana Torre Provincial, bancos, arquitectos y notarios tenían en Eutimio su principal suministro. «Llegamos a proporcional material a las comisarías de Policía de toda la provincia de Alicante», afirma Víctor Fernández, el hermano mediano.

Todo eso fue cambiando. De la «decena de papelerías» que se acumulaban en la Rambla y en las calles adyacentes, Eutimio será la última en cerrar y no hay previsión de sustitución. La hostelería ha ganado protagonismo a costa del comercio tradicional, que aún sobrevive en la céntrica calle López Torregrosa con los turrones Espí, convertidos en una excepción prácticamente épica.

El fundador de la papelería, Eutimio Fernández Duque, con su mujer y sus tres hijos.

El fundador de la papelería, Eutimio Fernández Duque, con su mujer y sus tres hijos. / Pilar Cortés

La extinción de la papelería llega seis años después del covid, el peor año que recuerdan del negocio. «Estuvimos casi un año sin vender, fue la primera vez que tuvimos que recurrir a los bancos para pagar, no teníamos ingresos, no cobrábamos, pero nos apretábamos el cinturón y en unos días cerraremos sin deberle nada a nadie», dice Eutimio Fernández.

Los últimos principales clientes han sido los notarios y los de toda la vida. Los más fieles que acudían a Eutimio por mera costumbre. «Todo ha desaparecido, todo ha evolucionado y estas tiendas ya no tienen futuro con los centros comerciales, con internet y con los bazares». Lo explica Francisco Javier, que no se queja de esta realidad, sino que la asume con naturalidad. «En cualquier barrio hay de todo y antes, a esta papelería, venía gente de Mutxamel, de Sant Joan o de Aigües que no tenían donde comprar un dietario, un recordatorio de comunión y tantas otras cosas que hoy se pueden comprar en cualquier parte», afirma.

Llegamos a proporcionar material a todas las comisarías de la provincia

Víctor Fernández

— Socio de la papelería

A los tres hermanos les genera tristeza cerrar el negocio. Pero hay una perspectiva optimista, la de una jubilación que por fin llegará después de muchos años. «Toca disfrutar un poco más de la vida, pero no me imagino levantarme por las mañanas y saber que no tengo obligaciones. Habrá que adaptarse», reflexiona Eutimio a poco más de un mes de cerrar para siempre el negocio familiar.

Consideran, los tres, que el cierre es «una pena» pero no por ellos, sino «por el comercio en general». «Es normal que los jóvenes prefieran los centros comerciales y aparcar sus coches en las puertas de los sitios», reconoce, aunque a su vez lamenta que «la relación de toda la vida con los clientes ya no es la misma». Hasta el punto de que «los hijos de algunos de ellos, que venían de pequeños a hacer los recados de los padres, se fueron a estudiar fuera y ya nunca volvieron». En cuanto a las relaciones actuales, explican que las visitas fijas ya no son tan frecuentes como antes, cuando los clientes pasaban por la tienda, junto a la Rambla y el Mercado Central, de manera rutinaria.

Un cliente es atendido en la papelería Eutimio, esta semana.

Un cliente es atendido en la papelería Eutimio, esta semana. / Pilar Cortés

El propio Eutimio Fernández, el más mayor de los tres hermanos que regentan el negocio (y a los que hay que sumar Isabel, que no se dedica a la papelería), afirma que a su hija le llegó a llamar la atención el trabajo en este establecimiento, pero acabó dedicándose a la telefonía. «No podía animarle a que viniera, a arriesgarse a no cobrar y a no tener vacaciones», dice.

Ahora se puede comprar de todo en los barrios, antes venía gente de todas partes

Francisco Javier Fernández

— Socio de la papelería

Estos últimos años, sin empleados en la tienda (en su día llegaron a trabajar hasta nueve personas a la vez), los tres hermanos se han repartido todas las tareas. Tras mucho sacrificio, el cierre es, a fin de cuentas, una noticia previsible. Y también positiva. «Nos vamos sin suspensiones de pagos, sin deberle nada a nadie y con muchos mensajes de afecto», añaden.

En el taller adyacente a la tienda, entre reliquias obsoletas del mundo de la papelería, documentos que exigían el pago de impuestos en la época de la guerra u obligaciones tributarias con el sello de Falange, el negocio apura sus últimos días y deja a la ciudad de Alicante sin otro local de los que evocan un pasado cada vez más difícil de recuperar en la ciudad.

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