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8-M TODO EL AÑO

El arte de crear hogar también en hoteles

17 de febrero. Día Mundial de la Resiliencia del Turismo, instaurado por Naciones Unidas en 2023, que reconoce al turismo como una actividad multisectorial que contribuye al logro de varios objetivos de desarrollo sostenible y destaca su capacidad de resiliencia para impulsar las economías en las regiones

Marien, en una foto dedicada "a Mati queridísimo".

Marien, en una foto dedicada "a Mati queridísimo". / Familia Méndez-Hernández

Elvira Rodríguez

Elvira Rodríguez

Tiene 14 años y se dirige al mercado. Aquel día va a ser diferente. Al llegar a la calle Tomás López Torregrosa, un río de sangre recorre la cuneta; Marien sigue subiendo hasta llegar a la entrada de la plaza donde ya se amontona una pila de cadáveres. Se aterró, y corrió a su casa. El reloj del mercado se paralizó a las 11:19 del miércoles 25 de mayo de 1938 a causa del bombardeo que sufrió Alicante y en el que fueron asesinadas más de 300 personas.

María Encarnación Hernández Bueno (1924-2025) nace en Alicante en la calle Mayor número 10, donde vive hasta casi los ochenta años. «Le dolió en el alma venderla, pero era una casa grande, de cuatro niveles, con escaleras estrechitas, sin ascensor y, cuando ya no podían moverse con agilidad, se compraron un piso, donde también han sido felices» y es donde conversamos la mañana del 2 de febrero junto al casi centenario Matías Méndez Bejarano, esposo de Marien; el hijo mediano de ambos, Matías; y la pequeña, Cande. Los recuerdos se arruman en el salón y la emoción aflora con el primer recuerdo para Marien; el cumpleaños de su esposo es al día siguiente y Marien falta desde el pasado octubre: «Nos conocimos en 1953, llegué a Alicante destinado al Colegio José Antonio». Marien estaba vinculada a la Sección Femenina, donde Ana Ballenilla Fajardo (1915-2010) fue su delegada provincial varios años. «Ambas se convirtieron en grandes e íntimas amigas», resume Cande.

Marien Hernández Bueno.  | FAMILIA MÉNDEZ-HERNÁNDEZ

Marien Hernández Bueno. / Familia Méndez-Hernández

«Mi abuela Encarnita, oriolana, se casó con José, nacido en Murcia —cuenta Matías hijo—, abrieron el primer salón de belleza y primera barbería americana que hubo en Alicante, que inauguraron en el local de la antigua Confitería La Mallorquina. Sin duda mi madre aprendió de primera mano qué significaba el espíritu emprendedor». «Mi madre —continúa Matías— fue una niña muy madura. Era la pequeña de cinco hermanos y, lejos de ser la mimada, cuando su mamá recaía —sufría cólicos biliares—, Marien llevaba la organización del hogar. Y, a su padre, al llegar la Guerra, se lo llevaron a la prisión de Tabarca». Para Marien, explican sus hijos, «su madre, a pesar de su precaria salud, fue su referente, de quien aprendió la lealtad, a cuidar y dar cobijo a la familia, pase lo que pase; y de su hermano Pepe —14 años mayor que Marien—, a pesar de su carácter serio, el esfuerzo, el sacrificio y la responsabilidad, además de su capacidad de comunicación y elocuencia».

Sección Femenina

Marien estudió en la calle Ramales —actual Reyes Católicos—, «compartía pupitre con los médicos Carlos Van Der Hofstadt y Rafael Mora, a quienes le unió siempre una buena amistad» apunta Cande. También iba a clases particulares de piano y llegó a examinarse libre en Murcia. Así, «en cuanto cumplió los 18, Marien tocaba el piano en los guateques del Club de Regatas, o los que organizaban en el salón de su padre, donde retiraban todo el mobiliario», recuerda su esposo. Marien «tocaba habaneras, le encantaban —añade su hijo—, ella veraneó muchos años en Torrevieja, donde había nacido su mejor amiga, Julia, que tiene 102 años». Y antes de cumplir los dieciocho, recuerda Cande, «echaba una mano a su hermano Pepe en tareas administrativas en los laboratorios donde él trabajaba, y aquello no le gustaba. Fue emprendedora desde pequeña, de toda la vida, quería trabajar, ayudar y gestionar, eso le encantaba. Entonces conoce la Sección Femenina —se instauró en Alicante en 1939— y realiza el curso de formación». También terminó sus estudios, constando en uno de los marcos de su salón el título de Bachiller, tras superar el «Examen de Estado», en 1947; dice su esposo que «podías convertirte en maestra con la realización de un curso, que aprobó, y ese mismo año optó a una plaza en Beneixama, aunque finalmente no la cubrió». Añade que «también comenzó Filosofía y Letras en Murcia, pero suponía mucho gasto y lo dejó tras terminar primero».

Encuentro taurino en Benidorm. Desde la izda.: Matías, Marien, amiga de la familia, Luis Alegre, Antonio Neira y José Barceló con sus respectivas esposas. | FAMILIA MÉNDEZ-HERNÁNDEZ

Encuentro taurino en Benidorm. Desde la izda.: Matías, Marien, amiga de la familia, Luis Alegre, Antonio Neira y José Barceló con sus respectivas esposas. / Familia Méndez-Hernández

Los primeros pasos de Marien en la Sección Femenina, siempre con la recomendación de Ballenilla, se repartieron en los campamentos y residencias de verano en Altea y Santa Faz, además de otras tareas, hasta dar el salto, en 1948, que se saca el carné de conducir y se va a Madrid, para poner en funcionamiento la Escuela Nacional de Especialidades Julio Ruiz de Alda, dedicada a la formación de las profesoras de Educación Física, y el Colegio Mayor Femenino Santa María de la Almudena». Y añade Cande: «Mamá ayudó en su lanzamiento y una vez inaugurado —en 1950 por Francisco Franco— siguió en la gestión hasta 1952». Más adelante, regresaría. Ana Ballenilla, cuya amistad y vinculación se mantendría toda su vida, le ofrece en 1955 dirigir el Hostal San Juan en la Playa que le da nombre, un alojamiento familiar con menos de treinta habitaciones. El tiempo que dirigió este establecimiento, Marien puso en funcionamiento toda su enseñanza previa; la excelencia era su norma. En 1957 ha de regresar a la capital y compaginar ambos trabajos, teniendo, en época veraniega, «que coger el coche cama e irse a Madrid, solucionar lo que allí hubiera, y volver de noche para atender el hostal» recuerda su esposo. Para entonces, continúa, «me uní al equipo y me dijo, tú vas a ser el director y yo la subdirectora y así se lo hizo saber a Ballenilla. La generosidad de Marien era extraordinaria», termina Matías.

Contraen matrimonio en Madrid, en el Colegio Mayor La Almudena, el 23 de diciembre de 1962. «Nos casó fray Justo Pérez de Urbel, el primer abad mitrado del Valle de los Caídos, con selectos alimentos madrileños y la música del Cuarteto de Radio Nacional de España. Era inagotable, siempre buscaba lo mejor». De regreso en Alicante nace, a finales de 1963, su primer hijo, Abacuc; en 1965, Matías, y un año más tarde, Cande. Hablamos de la conciliación familiar, y así responde su esposo: «Para Marien, lo primero eran sus hijos. En Altea conoció a María Martínez Planelles —Maruja—, que se quedó con nosotros hasta su jubilación». Revive Matías hijo «Maruja nos crio a todos, yo la quiero casi tanto como a mi madre o por igual. Ella y Catalina Gil y Gil —tía Caty— son dos personas trabajadoras y entregadas, que siempre han estado junto a mi madre y viviendo con nosotros». Así resume Cande: «Si estábamos enfermos, siempre era quien nos cuidaba. Mi madre tenía algo que atraía, por cómo te trataba, por cómo te reconocía».

Reunión tras la comunión de Cande. Desde la izda.: Sira Carrillo jr., Piti Hernández, Dr. Carrillo, A. Ballenilla, Mercedes Alonso, Mercedes García, Marien, J. A. Morei, Matías, Sira Carrillo, hermano Pepe.  | FAMILIA MÉNDEZ-HERNÁNDEZ

Reunión tras la comunión de Cande. Desde la izda.: Sira Carrillo jr., Piti Hernández, Dr. Carrillo, A. Ballenilla, Mercedes Alonso, Mercedes García, Marien, J. A. Morei, Matías, Sira Carrillo, hermano Pepe. / Familia Méndez-Hernández

Un año y tres meses

Con matasellos de 4 de julio de 1968 llega, desde el Ministerio de Información y Turismo, el título de Director de Empresa Turística a nombre de Matías Méndez Bejarano. «Ya llegará el mío», decía Marien. Pasaban las semanas y no llegaba. «Se habían examinado en Valencia el mismo día, todos hombres, y Marien había salido contenta. Pensaba que, al igual que Matías, ella también iba a aprobar», recuerda su hija Cande. Fue entonces cuando llamó al ministerio y le dijeron que ella no estaba incluida entre los aprobados «por ser mujer», así que «mi madre —continúa su hija— se puso delante de la máquina de escribir y redactó una carta dirigida al mismísimo ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, donde le pedía su reconsideración para con su examen y su título». Así fue como, con fecha 10 de septiembre de 1969, salía de Madrid el título de Marien, donde se reconocía su competencia como Directora de Empresas Turísticas».

En realidad, Marien ya llevaba años ejerciendo esa función, al igual que su esposo, quien cuenta cómo se notaba la dirección de Marien en el hostal, «en el orden, la limpieza, la disciplina, la organización de los menús y su consecución, además de la exigencia de que todos los enseres de la cocina y el comedor estuvieran resplandecientes. Si miraba a algún camarero porque llevaba sus zapatos poco brillantes, al día siguiente los tenía bien brillosos; no necesitaba decir nada más». Se encargó de los uniformes, «iban elegantísimos y mi madre era inflexible. Cuando montaron un chiringuito en la playa, los camareros iban con galones y pajarita en agosto». Cuando aún el Aeropuerto de Manises estaba a varias horas de trayecto y el de Alicante-Elche se abría al tráfico de pasajeros en 1967, en la Playa de San Juan había nacido el turismo del futuro, como así lo expresa su hijo Matías: «Impulsaron los albores del turismo moderno en la Costa Blanca, organizando con frecuencia fiestas conocidas por su glamour, a las que acudían famosos de entonces, como Lola Flores, El Pescaílla, Carmen Sevilla, Antonio Machín o Julio Iglesias, entre otros artistas que actuaban en la afamada sala de fiestas El Gallo Rojo. Gestión turística que continuaron en el Hotel Torre Dorada, de Benidorm, con 500 plazas, a partir de 1970. Mis padres empujaban con el turismo nacional 15 años antes de que fueran una realidad los viajes del Imserso».

Equipo de Cocina y Sala con la mesa bufé en Torre Dorada. En el centro, Matías Méndez y a la derecha, entre las camareras, Marien. José Luis López es el tercero empezando por la izquierda, abajo. | COLECCIÓN JOSÉ LUIS LÓPEZ SIERRA

Equipo de Cocina y Sala con la mesa bufé en Torre Dorada. En el centro, Matías Méndez y a la derecha, entre las camareras, Marien. José Luis López es el tercero empezando por la izquierda, abajo. / Colección José Luis López Sierra

Miradas con ejemplo

Matías y Marien, codirectores de Torre Dorada, hablaban inglés y francés y, en una entrevista para el periódico Ciudad, se referían al buen porvenir de Benidorm, al necesario cuidado del turismo nacional, a aumentar las inversiones en hoteles, a desterrar la idea de que Benidorm es caro y a incrementar la vida cultural. Ellos nunca dejaron de innovar y de generar calidad superior en su gestión. Con estas palabras lo rememora Matías: «Organizábamos muchas actividades para dar gusto a todos los turistas: cine, baile, venía María Jesús con su acordeón, orquesta por la noche, discoteca y hasta un ajedrez gigante. Teníamos un autobús para subir a los clientes desde la playa, una piscina preciosa, aclimatada para el tiempo más fresco y una terraza con unas vistas espectaculares». José Luis López Sierra, uno de los metres que aprendió con ellos, añade: «También organizábamos un bufé mensual, que decorábamos con plantas y flores». En la gerencia, además, había novedades para los más de 150 empleados, «todos vivían allí porque eran de fuera, estaba la habitación de los hombres y otra para las mujeres. Creamos un economato para los trabajadores a precio de coste, tenían una cocinita y su comedor». José Luis agrega que «éramos el único hotel donde no dormíamos en sótano y que, si estabas casado, te asignaban apartamento. Aún recuerdo cómo, cuando nació mi primera hija, doña Marien organizaba turnos para que la niña no estuviese sola». Uno de los recepcionistas, Pedro Marín, de Albacete, y que llegó a ser director general de Unitursa, comenzó en Torre Dorada muy joven; él habla así de Marien: «Era como una madre para nosotros, muy seria, le gustaban las cosas muy bien hechas. Si veía algo mal, lo arreglaba o limpiaba; y como era la directora, solo verla, animaba a hacerlo igual». Matías y Marien dejaron Torre Dorada en 1979, cuando la salud de Matías se resintió. Desde entonces, y hasta el funeral de Marien, Matías no había vuelto a ver a José Luis, Pedro y otra decena de empleados que llegaron a decir adiós a su esposa.

25 Aniversario de boda de Matías jr. y Natalia Misó. Izda. abajo: Cande hija, Matías, Matías nieto, Natalia, Marien, Matías jr. y Antonio nieto. Arriba: Mar nieta, Valeria nieta, Laura nieta y esposo Josemi, Abacuc nieto y esposa Cristina, M. del Mar justo a su esposo Abacuc hijo. | FAMILIA MÉNDEZ-HERNÁNDEZ

25 Aniversario de boda de Matías jr. y Natalia Misó. Izda. abajo: Cande hija, Matías, Matías nieto, Natalia, Marien, Matías jr. y Antonio nieto. Arriba: Mar nieta, Valeria nieta, Laura nieta y esposo Josemi, Abacuc nieto y esposa Cristina, M. del Mar justo a su esposo Abacuc hijo. / Familia Méndez-Hernández

Marien tuvo seis nietos y un bisnieto —más dos en camino—; buscando en ellos el referente de su abuela y la impronta que les ha dejado, es su tercer nieto, Abacuc, nacido en 1993, quien recuerda: «Solo admitía que la llamáramos abuela, le encantaba esa palabra, que lucía con orgullo. Te recibía con su famoso grito alegre ‘¡Ku ku ru cú!’, mientras te envolvía el olor de su universo, mezcla de guisos lentos, cojines de felpa, madera antigua y hogar. Mi abuela no era solo una persona, era casa. Tenía una inteligencia excepcional, sabía distinguir lo importante de lo urgente y priorizar siempre el bienestar de los suyos. De gran sentido del humor, era cariñosa y buscaba en ti las ganas de abrazarla. Apostó siempre por la educación, sabía que gracias a la suya pudo avanzar en una época difícil. Todo el mundo la quería, tenía esa capacidad de acoger, de crear familia; lo hizo en el hotel, con empleados, con amigos, con clientes. Predicaba con el ejemplo: esfuerzo, elegancia, coherencia. Con la edad llegaron sus molestias físicas, que no impedían repetir su ‘Arriba los corazones’. Mi abuela se fue en paz, cuando el Señor quiso. Estaba preparada. Había vivido, amado y cumplido intensamente. Deja una huella difícil de igualar. Nos enseñó que la vida no se mide por lo que acumulas, sino por lo que entregas. Si pudiera decirle algo sería simplemente gracias. Gracias por enseñarnos que la elegancia es interior, que la generosidad no hace ruido y que una casa puede oler a amor».

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