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Entrevista | Alejandro Navas García Filósofo y sociólogo

“Confío para el futuro en una minoría especialmente preparada; ellos pilotarán los cambios y el resto los seguirá”

Alicante acoge dos conferencias del filósofo y profesor de la Universidad de Navarra en las que reflexionará sobre la sociedad actual: “Cada generación encuentra su modo de afrontar los retos de su tiempo”

Alejandro Navas asegura que "entender los problemas ya es dar el primer paso para solucionarlos”

Alejandro Navas asegura que "entender los problemas ya es dar el primer paso para solucionarlos” / Manuel Castells

V. L. Deltell

V. L. Deltell

El filósofo, sociólogo y profesor universitario Alejandro Navas García visita esta semana Alicante para reflexionar sobre polarización, globalización, universidad y sostenibilidad turística. Ofrece conferencias organizadas por el Grupo de Estudios de Actualidad de Alicante (viernes 20, 19 horas, Capuchinos Alicante) y por la asociación de Guías Oficiales de la Comunidad Valenciana (sábado 21, 10 horas, Sede Universitaria Alicante). Especialista en comunicación y pensamiento sociológico, analiza los cambios culturales de Occidente y advierte del impacto de las redes sociales, la crisis educativa y la pérdida de consensos básicos en las democracias actuales, aunque mantiene una mirada prudente y esperanzada hacia las nuevas generaciones.

¿Cuál considera que es hoy el principal factor que está deteriorando el debate público en las democracias occidentales?

El origen es profundamente cultural. En los últimos siglos Occidente ha conseguido un valor extraordinario: la libertad individual. Hoy cada persona puede elegir su forma de vida, sus ideas, su identidad y su proyecto vital. Eso es un logro enorme, pero tiene una consecuencia: se rompen los consensos sobre cuestiones fundamentales. Cuando ya no hay acuerdo sobre qué es la persona, la familia o la verdad, el debate se vuelve más frágil y aparecen conflictos que antes ni siquiera se planteaban.

Cuando ya no hay acuerdo sobre qué es la persona, la familia o la verdad, el debate se vuelve más frágil

Alejandro Navas García

— Filósofo y sociólogo, profesor de la Universidad de Navarra

¿Esa ruptura del consenso es inevitable en sociedades libres?

En gran medida sí. La libertad implica diversidad. El problema surge cuando esa diversidad elimina cualquier punto común. Toda sociedad necesita un suelo compartido, unos valores mínimos que no dependan de la mayoría del momento. Sin eso, la convivencia se vuelve inestable y las instituciones pierden legitimidad moral.

Sin acuerdo en los contenidos

¿Se ha intentado sustituir ese consenso por reglas formales?

Exactamente. Como ya no hay acuerdo en los contenidos, buscamos legitimidad en los procedimientos. En política, el voto; en economía, el mercado; en la justicia, la ley. Es un sistema funcional, pero insuficiente. La historia nos ha enseñado que una mayoría puede aprobar barbaridades. Por eso se habla de derechos humanos: como un intento de fijar límites que no dependan de la opinión del momento.

¿Las redes sociales han acelerado esa pérdida de consensos?

Sin duda. Las redes han cambiado el ecosistema social. El ser humano necesita pertenecer a un grupo y sentirse reconocido. Antes convivía con personas distintas en el barrio, el trabajo o la familia. Eso obligaba a negociar. Hoy uno puede encontrar miles de personas que piensan exactamente igual. Eso refuerza la identidad del grupo y endurece las posiciones. El resultado es un debate más emocional y menos dialogante.

Alejandro Navas García en una imagen de uno de sus libros

Alejandro Navas García en una imagen de uno de sus libros / INFORMACIÓN

Si solo escuchamos lo que confirma nuestras creencias, dejamos de aprender

Alejandro Navas García

— Filósofo y sociólogo, profesor de la Universidad de Navarra

¿Diría que la polarización actual es más emocional que ideológica?

Vivimos una paradoja. Nunca hemos tenido tanta ciencia ni tanta tecnología, pero al mismo tiempo la vida pública está cada vez más dominada por las emociones. Si la ciencia se presenta como la única fuente fiable de verdad, todo lo demás —valores, sentido, ética— queda relegado a lo subjetivo. Y cuando todo es subjetivo, cada uno se refugia en lo que siente.

¿Eso explica la dificultad para debatir en la universidad?

En parte sí. La universidad nació para discutir ideas. Desde la Edad Media el método universitario era la disputa argumentada. Pero hoy ese espíritu se ve amenazado. El miedo a ofender, la cultura de la cancelación o la idea de que el bienestar emocional está por encima del conocimiento debilitan la misión universitaria. Si retiramos textos porque incomodan, dejamos de formar ciudadanos críticos.

El papel de la universidad

¿Está perdiendo la universidad su papel como espacio de pensamiento libre?

No diría que lo ha perdido, pero sí que está en tensión. La universidad debería ser el lugar donde uno se expone a ideas que le incomodan. Si solo escuchamos lo que confirma nuestras creencias, dejamos de aprender. La formación intelectual implica enfrentarse a argumentos contrarios.

Tras décadas estudiando la sociedad, ¿qué cambio le ha sorprendido más?

La globalización. Ha sido un proceso rapidísimo. En pocas décadas el mundo se ha convertido en un escenario único para la economía, el turismo, la información o la cultura. Eso ha generado prosperidad, pero también inseguridad. Cuando todo se vuelve global, las identidades locales reaccionan con fuerza. Por eso vemos nacionalismos políticos, proteccionismo económico o repliegues culturales.

Alejandro Navas piensa que "el turismo será sostenible o no será"

Alejandro Navas piensa que "el turismo será sostenible o no será" / INFORMACIÓN

¿Internet es el símbolo máximo de esa globalización?

Sí, y además con efectos ambivalentes. Prometía democratizar el conocimiento y en parte lo ha logrado. Hoy cualquier persona puede acceder a bibliotecas enteras desde su casa. Pero también ha generado ruido, desinformación y dificultad para distinguir lo importante de lo trivial. El exceso de información puede ser tan problemático como la falta de ella.

¿Esa saturación informativa genera ansiedad social?

Creo que sí. Las encuestas muestran que mucha gente percibe el mundo como más peligroso que antes. Se teme la guerra, la inflación, las crisis sanitarias o el cambio climático. Curiosamente, muchas de esas mismas personas dicen que su vida personal va bien. Es como si existiera un pesimismo colectivo y un optimismo individual.

¿Cómo se explica esa contradicción?

La percepción del mundo se construye a través de los medios y las redes, donde predominan las noticias negativas. Pero la experiencia cotidiana suele ser más estable. Esa distancia entre percepción global y vida personal genera inquietud.

Sin un suelo compartido, la convivencia se vuelve inestable y las instituciones pierden legitimidad moral

Alejandro Navas García

— Filósofo y sociólogo, profesor de la Universidad de Navarra

¿Qué papel juega la educación en este escenario?

Un papel decisivo. La educación es lo que permite a una sociedad comprenderse a sí misma. Sin una buena formación básica, el ciudadano queda a merced de la propaganda o de la emoción del momento. Y ahí detectamos un problema serio: el nivel de conocimientos ha descendido.

¿A qué se refiere exactamente?

Las calificaciones suben, pero los conocimientos reales bajan. Se ha relajado la exigencia académica. Si una generación mejora su dominio de la lengua y las matemáticas, mejora todo lo demás. Pero no se están tomando decisiones en esa dirección. Y eso es preocupante.

¿Cree que falta voluntad política?

A veces da la impresión de que sí. Un ciudadano bien formado es más crítico, más exigente y menos manipulable. Eso complica la vida a cualquier poder. Pero es imprescindible para una democracia sana.

En Alicante hablará también sobre turismo y sostenibilidad. ¿El turismo masivo es una amenaza real?

El turismo es legítimo y necesario. La gente necesita descansar, viajar, conocer otras culturas. Además, genera riqueza y empleo. El problema surge cuando no se gestiona bien. El planeta es finito y las ciudades también. Si el turismo deteriora el entorno o la convivencia, acaba destruyendo el propio atractivo del destino.

Tradición turística

¿Las ciudades mediterráneas están especialmente expuestas?

Sí, porque concentran clima, patrimonio y tradición turística. El reto es equilibrar economía y calidad de vida. Si un destino se vuelve inhabitable para sus propios ciudadanos, pierde su alma. Y el turismo sin alma no dura.

¿Ese equilibrio depende más de políticas públicas o de conciencia social?

De ambos. Las políticas pueden regular flujos, infraestructuras o impacto ambiental. Pero también hace falta una cultura cívica que entienda que los recursos no son infinitos. El turismo del futuro será sostenible o no será.

¿Ve motivos para el optimismo en medio de tantos desafíos?

Sí. La historia muestra que las sociedades atraviesan crisis y luego se reinventan. Tras la Segunda Guerra Mundial, Europa estaba devastada y logró reconstruirse. Si nuestro modelo entra en crisis, surgirán otros. Siempre ocurre.

¿Confía en las nuevas generaciones para afrontar esos cambios?

Confío en una minoría especialmente preparada. Siempre ha sido así. Hay jóvenes muy bien formados, con gran capacidad de adaptación. Ellos pilotarán los cambios y el resto los seguirá. Lo importante es ofrecerles una buena educación y un horizonte de sentido.

Hoy uno puede encontrar miles de personas que piensan exactamente igual, y eso endurece las posiciones

Alejandro Navas García

— Filósofo y Sociólogo, profesor de la Universidad de Navarra

Si tuviera que dar un consejo a los jóvenes comunicadores o periodistas, ¿cuál sería?

Que busquen la verdad con paciencia y rigor. En un mundo de prisas y titulares rápidos, el periodismo necesita profundidad. La sociedad necesita información fiable más que nunca.

Conclusión

Para terminar, ¿cómo le gustaría que se recordaran estas conferencias en Alicante?

Como una invitación a pensar. No se trata de dar respuestas cerradas, sino de ayudar a comprender mejor el tiempo en que vivimos. Si uno entiende los problemas, ya ha dado el primer paso para solucionarlos. Me gustaría que se recordaran como una invitación a pensar con serenidad y con profundidad. Vivimos tiempos acelerados, en los que todo parece urgente y provisional, y detenerse a reflexionar ya es valioso. Pero también me gustaría que dejaran un mensaje de esperanza, especialmente para los jóvenes. A veces se habla de ellos en términos pesimistas, como si estuvieran perdidos, y no es cierto. Hay muchos jóvenes bien formados, con inquietudes intelectuales y morales, con capacidad de compromiso y con deseo de construir algo mejor. Si cuentan con una buena educación y con referentes sólidos, pueden aportar soluciones nuevas a problemas que parecen enquistados. La historia demuestra que cada generación encuentra su modo de afrontar los retos de su tiempo, y no tengo motivos para pensar que esta será una excepción.

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