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La cuenta atrás del alquiler en Alicante: mudanzas forzosas ante aumentos impagables

Los contratos firmados hace cinco años llegan a su fin con precios casi duplicados que empujan a las familias a tensar sus finanzas para hacer compras in extremis, cada vez más lejos de la ciudad

La cuenta atrás del alquiler en Alicante: mudanzas forzosas ante aumentos impagables

Alex Domínguez

José Gómez

José Gómez

Entre la espada y la pared, y contrarreloj. Los inquilinos que acaban sus cinco años de contrato en los próximos meses se encuentran con una avasallante realidad:si alquilaron en enero de 2021, cuando el metro cuadrado en Alicante costaba de media 7,4 euros; el mercado actual les ofrece precios casi duplicados, de 12,8 euros, según los últimos datos del portal Idealista.

Las actualizaciones anuales al IPC o los límites fijados por el Gobierno en años recientes quedan atrás para las familias que acaban contrato. A merced de lo que decida aumentarles el casero, tienen que apurar al máximo sus opciones financieras, en el mejor de los casos para comprar, y en el peor para arrendar otra vivienda más pequeña, más lejana y posiblemente también más cara.

La expectativa en muchos casos no es de mejora, sino de mantener un mínimo de calidad de vida

La expectativa no es de mejora, sino de mantener un mínimo de calidad de vida, o bien sacrificarla a cambio de algo de estabilidad con compras in extremis. Para Vivian D’Elia y su familia, tener algo propio era el camino a seguir. Desde San Blas, donde todavía estudian sus dos hijos, se mudaron a una vivienda en Xixona.

«Aunque nos quedaban dos años sabíamos que en algún momento iban a subir el alquiler, que ya estaba en 575 euros, y precisamente no queríamos esperar a eso», recuerda sobre la decisión. Como tantas otras familias, el problema era tener el dinero de la entrada, para lo cual pidieron un préstamo personal, más caro que el crédito hipotecario, y que sumado a este lleva a un sobreendeudamiento que tensa la economía doméstica.

«Por vivir en Alicante íbamos a tener que pagar unos 1.500 euros entre hipoteca y préstamos »

Vivian D’Elia

— Exinquilina

«Estuvimos un años entero buscando y cada vez que veíamos una vivienda en Alicante eran más caras, y mientras más caro el precio del piso, más había que dar de entrada. Por vivir en Alicante íbamos a tener que pagar unos 1.500 euros entre hipoteca y préstamos personales , eso no era vivir», señala D’Elia sobre los motivos que les empujaron a vivir a 40 minutos de carretera de sus trabajos y colegios. «No ha sido fácil, es muy duro, pero no imposible», confiesa.

También desde San Blas, donde a la fecha de publicación de este reportaje el piso de tres habitaciones más barato se alquila a 850 euros, Graciela Fernandes y su familia de cuatro se han decidido por la compra. No duda en decir que ha tenido suerte, pues se mantiene en la ciudad y su nuevo piso satisface sus necesidades, pero los caminos hasta la compra han sido, como poco, estrechos.

Un alicantino necesitaría 3.600 euros de sueldo para pagar el alquiler sin apuros

INFORMACIÓNTV

Ella, técnica de proyectos; él, médico. Dos perfiles profesionales que deberían prometer la mínima seguridad de tener un techo sin mayores problemas. Sin embargo, el precio de la vivienda ha gripado el motor del ascensor social. «A pesar de que mi marido y yo tenemos buenos trabajos, él solo llevaba nueve meses en su empleo», explica sobre su situación. En marzo acaba su contrato de alquiler y se trazaron el objetivo de hacer todo lo posible por tener a dónde ir antes de esa fecha.

«Acabamos contrato en marzo y teníamos que hacer todo lo posible por conseguir una hipoteca»

Graciela Fernandes

— Exinquilina

«Nos habíamos preparado en no tener ninguna deuda, pero eso nos costó no tener ahorros. Por eso fuimos a un banco que ofrecía financiar el 95 % de la compra», narra Fernandes, que después se encontró con el bache de que les denegaran la hipoteca por la nacionalidad cubana de su marido, lo que no titubea en catalogar como xenofobia.

No tiraron la toalla y a través de un broker consiguieron «un banco más laxo», con la contrapartida de una tasa de interés mayor, sin olvidar, además, la necesidad de gozar de apoyo familiar para afrontar parte de la entrada y los gastos de la operación.

El dinero no espera por nadie

La particular «fiebre del oro» que provoca el ascenso continuado de los precios hace que las dificultades no se limiten a las capas más desfavorecidas. Hasta en los mejores barrios, familias perfectamente estables se encuentran con que sus caseros esperan exprimir todavía más la rentabilidad que les ofrece el mercado.

Sandra Tovar, su marido y su hija pequeña vivían en el PAU 5, con un contrato de 750 euros de alquiler firmado en 2020. Su proyecto de vida les llevó a comprar en 2021 una casa sobre plano, que les debería de ser entregada este mismo año. Solo necesitaban prolongar por unos meses más su alquiler hasta que se pudieran mudar a su nueva residencia.

Su arrendadora, no obstante, no les puso las cosas fáciles. «En enero, la casera, que me conoce de toda la vida, me dijo que mínimo subía a mínimo 1.200 euros», relata Tovar sobre la negociación, donde le pedían de mínimo un año y se llegó a hablar de un precio de 1.000 euros. Al final, no hubo acuerdo.

«En enero, la casera, que me conoce de toda la vida, me dijo que subiría a mínimo 1.200 euros»

Sandra Tovar

— Exinquilina

Ahora, la familia vive hasta verano en la casa de una amiga. «De casualidad a nuestra amiga la han destinado unos meses a Sevilla y nos deja vivir aquí. Después nos tocará irnos cada uno a casa de nuestros padres hasta que no nos entreguen las llaves».

Si hasta personas con posibles valoran la opción de volver un tiempo a la casa paterna, ¿qué quedará para las familias más vulnerables? En el barrio de Campoamor, Alfredo Flores es el ingreso principal de una casa donde sus dos hijos todavía estudian y su mujer batalla contra la enfermedad.

Se siente afortunado por la relación con su casero, con quien le une el nexo de que es familiar de su empleador. «Siempre se ha portado muy bien y ha estado presente», reconoce. Eso no impide que también reconozca que los 498 euros que paga ahora se han quedado desfasados y que en junio, cuando finalice el contrato, habrá un aumento.

«Los precios de esta zona ya oscilan los 800 euros, y si llega a ese precio tendré que buscar otro sitio»

Alfredo Flores

— Inquilino

Tiene la fecha en la mente, y «aunque no ha pasado», confiesa que «vive con el temor de que si hay cualquier problema y se lo comunicas eso luego se impute en el alquiler, o por ejemplo ahora que hay una derrama en la comunidad». Flores afirma que evita agobiarse con el tema, pero tampoco descarta del todo que «pueda haber un aumento alto» que le obligue a dejar el piso.

«Los precios de esta zona ya oscilan los 800 euros, y si llega a ese precio tendré que buscar otro sitio», afirma, aun a pesar de que la ubicación actual es muy importante para su mujer por la cercanía con el Hospital General Doctor Balmis y el centro de salud Plaza América, por lo que mudarse a otro barrio, o incluso a otro municipio, es una decisión con implicaciones que van más allá de lo meramente económico o de la conveniencia cotidiana.

Éxodo a la provincia

Cuando las cuentas no dan en su barrio o en su ciudad, a las familias no les queda otra que buscar en otro sitio más alejado. «En la historia de las grandes ciudades eso sucedía, en las capitales de provincia no porque había más stock», explica el asesor inmobiliario Juan Carlos Sempere.

Señala que Sant Joan, Mutxamel, Sant Vicent, Torrellano o El Altet ya están plenamente integradas en la dinámica de precios de Alicante y Elche, por lo que la gran mudanza se desplaza ahora a zonas como Novelda o Elda-Petrer, que hace 15 años, recuerda, tenían «de los precios más bajos de España». Sempere alerta además de que «ya no está solo el que apura las finanzas para comprar, sino el que tiene que hacerlo para alquilar en pueblos» debido a que «la especulación del rentista ya se les ha adelantado en esos municipios, porque en Alicante ya no pueden».

«Ya no está solo el que apura las finanzas para comprar, sino el que tiene que hacerlo para alquilar en pueblos»

Juan Carlos Sempere

— Asesor inmobiliario

A ojos del catedrático de Sociología en la UA Raúl Ruiz Callado, «hay factores de atracción» de población extranjera con más poder adquisitivo, y «factores de expulsión, como los precios, que echan a muchas familias a la periferia o fuera de la ciudad». Explica que ya la provincia está creando su «tercera o cuarta corona metropolitana», una «nueva realidad, con el concepto de conurbación» que llegaría incluso hasta Villena o Alcoy.

«Los jóvenes están viendo que su proyecto de emancipación será a kilómetros de su barrio y de su familia»

Raúl Ruiz Callado

— Catedrático de Sociología en la UA

«Se crea una migración pendular diaria como opción más viable», es decir, vivir donde se puede, y desplazarse a trabajar donde se puede. En contraparte, Ruiz Callado reconoce que «las comunicaciones se irán saturando». Además, sobre todo los jóvenes verán que su «proyecto de emancipación será a kilómetros de su barrio y de su familia».

Sempere, por su parte, cree que el fenómeno va a seguir sin cambios por lo menos entre cinco y diez años: «El gran problema es que hay un déficit de oferta y la única solución es que se pongan a construir casas».

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