Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Vidas entre vías: así son los refugios detrás de Casa Mediterráneo en Alicante

Entre casetas improvisadas, lonas y palés, más de una decena de personas han construido su hogar en las antiguas vías del tren mientras el futuro de los terrenos sigue en el aire

Vidas entre vías: así se vive detrás de Casa Mediterráneo en Alicante

Así es la vida entre las vías de Casa Mediterráneo en Alicante / Alex Domínguez

Lydia Ferrándiz

Lydia Ferrándiz

A espaldas de Casa Mediterráneo hay un Alicante distinto. Basta cruzar el perímetro del Parque del Mar a través de vallas rotas para que el paseo ordenado se convierta en vías abandonadas. Aquí, entre vías desgastadas por el tiempo, palés que hacen de paredes y puertas improvisadas que se cierran cada noche desde dentro, es el único espacio en el que un grupo de personas han encontrado un refugio.

Por esas vías, por las que hace más de medio siglo pasaba el tren entre Alicante y Murcia, ya no circula nada salvo el tiempo. Y, sin embargo, más de una decena de personas han levantado aquí su único hogar, un espacio que se arma y se desarma con el paso de los años, al que algunos llegan buscando un lugar donde no ser molestados y del que otros se marchan cuando el calor o el frío aprietan.

Augusto llegó hace cinco años, cuando se quedó en la calle tras la enfermedad de su madre. "Vivíamos de alquiler en un pueblo cercano, pero cuando mi madre se tuvo que ir a una residencia me quedé sin nada al no poder pagar la casa", cuenta frente a la entrada de su caseta. Primero durmió en el centro de la ciudad, pero pasados unos días alguien le habló de las vías. "Aquí vivía gente en mi misma situación así que vine y planté mi tienda de campaña. Al principio lo pasé mal, pero poco a poco me hice mi sitio y pude construir mi propia caseta", explica.

Vivíamos de alquiler en un pueblo cercano, pero cuando mi madre se tuvo que ir a una residencia me quedé sin nada al no poder pagar la casa

Augusto

Hoy, aquella tienda inicial sigue dentro de su caseta, convertida en forro interior. La estructura exterior la ha levantado con maderas y plásticos que ha ido encontrando junto a su vecino Richard, un inglés que ocupa la parcela contigua, y quien le ayudó a instalar una valla. "Sin eso podían entrar y llevarse cualquier cosa. Ahora, al menos, duermo con tranquilidad", apunta Augusto.

"Vivimos cada uno en las casetas que hemos podido construir con lo que teníamos a mano, pero en comunidad. Eso ya no queda en muchos sitios", reflexiona Richard, que lleva unos tres años en la zona. Llegó desde Inglaterra y, después de pasar unos meses durmiendo en las calles de Alicante, asegura que desde que se instaló entre las vías los problemas han disminuido. "En verano tienes mucho calor y en invierno mucha humedad, vivir aquí no es para todo el mundo, hay personas que se han ido porque es duro", asegura.

Un refugio levantado con restos

Y no exagera, la explanada apenas tiene sombra y cuando sopla el viento, como en las últimas semanas con el paso de las borrascas, las lonas se convierten en velas. Hace apenas unas semanas, varias tiendas salieron volando. "Aquí no aguanta cualquiera, hay que construir bien el refugio si no quieres que salga por los aires o que te pueda pasar algo mientras duermes", dice Augusto.

Vivimos cada uno en las casetas que hemos podido construir con lo que teníamos a mano, pero en comunidad. Eso ya no queda en muchos sitios

Richard

Algunos llevan desde 2010 residiendo en esta zona de antiguas vías y coinciden en que, en este tiempo, el personal de Adif ha pasado por la explanada de antiguas vías para podar o limpiar y nunca les ha instado a marcharse. "Nos dijeron que mientras no hiciéramos nada malo, podíamos estar", afirma Kiril, uno de los primeros en asentarse. Llegó desde Bulgaria hace diez años tras pasar por Burgos y Valladolid y asegura que no está aquí "por gusto, sin por situaciones de la vida".

Cuando él empezó a construir su caseta, asegura que no estaba todavía construido el Parque del Mar. "Vinieron personas de Adif de Madrid y de Valencia cuando hicieron el parque, pensábamos que nos echarían en ese mismo momento, pero dijeron que no molestábamos”, recuerda Kiril. Del Ayuntamiento, añade, nunca ha acudido nadie. "Aquí estamos tranquilos, sin escándalos", apunta.

No todos viven en casetas, más alejados, entre muebles abandonados y montones de basura, otras personas sobreviven bajo lonas y tiendas dispersas en una zona donde se acumulan restos y excrementos.

Quejas vecinales y el futuro incierto

La presencia del asentamiento no pasa desapercibida para los residentes del barrio. La Asociación de Vecinos Parque del Mar ha reclamado en reiteradas ocasiones, una de ellas esta misma semana, a Adif y al Ministerio de Transportes la cesión y desafectación de los terrenos ferroviarios abandonados para ampliar el parque y mejorar la conexión con el litoral. Denuncian acumulación de basura, maleza y un entorno insalubre, además del impacto visual negativo junto a una institución como Casa Mediterráneo.

Desde Adif señalan que solo una parte del suelo es de su competencia y que la ampliación depende de un convenio pendiente con el Ayuntamiento de Alicante. Mientras las administraciones negocian borradores y competencias, la vida continúa entre estos raíles.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents