La mesa como refugio frente a la soledad LGTBI en Alicante
El restaurante social impulsado por la Fundación de Mar a Mar abre en el centro de la ciudad como espacio de encuentro para personas mayores LGTBIQ+ que buscan compañía y apoyo

La Fundación de mar a mar abre en Alicante un restaurante para combatir la soledad de mayores LGTBI+ / Pilar Cortés
La soledad no deseada tiene horas especialmente difíciles. Para muchas personas mayores, el silencio pesa más cuando llega el momento de poner la mesa. En el caso de parte del colectivo LGTBIQ+, esa sensación arrastra además décadas de invisibilidad, miedo y ausencia de redes familiares. En Alicante, un nuevo espacio quiere responder precisamente a ese vacío cotidiano: el de comer o cenar sin compañía.
En el centro de la ciudad ha abierto sus puertas Marimar, un restaurante social impulsado por la Fundación de Mar a Mar de la Comunidad Valenciana. El proyecto nace con el objetivo de ofrecer un lugar de encuentro para personas mayores LGTBIQ+ y contribuir a combatir la soledad no deseada a través de algo tan básico como compartir mesa.
La idea inicial no fue la de un restaurante. Juan Lledó, presidente de la fundación en la Comunidad Valenciana, explica que la intención de partida era crear un centro de día específico. "Lo que realmente queríamos era hacer un centro de día para poder combatir la soledad no deseada de las personas mayores LGTBI", señala Lledó. Sin embargo, las exigencias administrativas, la inversión y los recursos necesarios dificultaban ese modelo.
De centro de día a restaurante social
Fue entonces cuando decidieron preguntar directamente a las personas mayores del colectivo en qué momento sentían con más intensidad esa soledad. "La mayoría decía que era a la hora de comer o cenar. Estar solo cuando uno come es delicado", afirma Lledó. A partir de esa respuesta, el proyecto tomó forma en torno a la restauración, utilizando la comida como punto de partida para generar encuentro.
Estar solo cuando uno come es delicado. La mayoría dice que era a la hora de comer o cenar cuando más soledad sienten
El establecimiento funciona como restaurante abierto a toda la ciudadanía, pero incorpora un enfoque social. Las personas mayores pueden acudir a comer, compartir mesa y, si lo desean, participar en otras actividades organizadas por la fundación. Y es que durante las tardes el espacio acoge actividades culturales y de ocio organizadas por la fundación, desde propuestas escénicas hasta iniciativas musicales o de bienestar físico. También se plantea la participación de personas mayores como voluntarias, con la intención de que puedan implicarse en la dinamización del proyecto y reforzar la red comunitaria.
Además, el proyecto cuenta con la figura de un trabajador social, José Ramón Samper, que realiza entrevistas a quienes acuden con el fin de detectar necesidades. "La función es identificar qué puede necesitar cada persona, hacer una valoración social y, si hace falta, gestionar recursos externos, por ejemplo con el ayuntamiento", explica Samper.
El trabajador social subraya que la soledad no es el único factor a tener en cuenta. "Son personas muy mayores en algunos casos, a veces con falta de autonomía. Una cosa es la necesidad que expresan y otra la que podemos detectar", señala Samper. En estos casos, el objetivo es ofrecer una atención con perspectiva integral, atendiendo tanto al acompañamiento emocional como a posibles gestiones administrativas o sociales.
Trayectorias marcadas por el silencio
El contexto que rodea a buena parte de estas personas mayores explica, en parte, la vulnerabilidad que describen desde la entidad. Lledó recuerda que muchos hombres y mujeres del colectivo que hoy superan los 70 u 80 años vivieron etapas de fuerte represión. Algunos atravesaron la dictadura franquista, otros emigraron y muchos ocultaron durante años su orientación o identidad. "No tienen estructuras familiares tradicionales; muchos no se casaron, no tuvieron hijos o han vivido solos", apunta Juan Lledó.
A ello se suma el impacto del VIH en los años ochenta y noventa. "Hay supervivientes del VIH que lo pasaron muy mal, tanto a nivel emocional como por los tratamientos de aquella época, que dejaron secuelas", añade Lledó. Además, el presidente de la fundación explica que hay personas mayores LGTBI que evitan centros de día o residencias por temor a tener que ocultar nuevamente su identidad. "Tienen miedo de volver al armario", afirma Lledó.
Así, en un momento en el que la soledad no deseada ocupa espacio en la agenda pública, la apertura de este restaurante en Alicante incorpora una perspectiva concreta, la de un lugar donde compartir mesa sin tener que ocultarse.
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