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Plaza de la Viña: de la memoria futbolística a la vida vecinal con el reto del mantenimiento

De antiguo estadio del Hércules a punto de encuentro del barrio, el espacio combina historia, arte y tradición, mientras los vecinos reclaman limpieza y cuidado constante

Vídeo | Así es la plaza de La Viña de Alicante en "La calle es nuestra"

Alex Domínguez

Lydia Ferrándiz

Lydia Ferrándiz

La Plaza de la Viña no pasa desapercibida para quienes la cruzan cada día. A simple vista puede parecer un espacio público más de Alicante, con sus fuentes, sus jardines y sus bancos, pero quienes viven alrededor saben que es mucho más: una plaza con historia, recuerdos y vida propia. Este enclave combina su pasado como estadio de fútbol con su presente como punto de encuentro vecinal, un lugar donde el ocio, la tradición y la vida cotidiana se cruzan a diario.

Nombrada en honor a Prudencio de la Viña, empresario asturiano que impulsó la zona, la plaza mantiene aún ecos de su pasado deportivo. Lo que hoy es un espacio de juegos, terrazas y paseos fue durante décadas el hogar del Hércules, escenario de partidos que marcaron a generaciones y que contribuyeron a forjar la identidad futbolística de la ciudad. Vecinos, visitantes y amantes de la historia coinciden en que la Plaza de la Viña no es solo un lugar de recreo: es un espejo de la memoria de los alicantinos.

De campo de fútbol a espacio urbano

La historia de la Plaza de la Viña comienza en el solar que ocupaba el antiguo estadio de La Viña, conocido también como "El Vaticano", "El Portazgo" o "La Florida". Desde 1919 hasta 1974, este terreno fue escenario de tardes de fútbol que quedaron grabadas en la memoria de miles de alicantinos. Fue Prudencio de la Viña quien, tras trasladarse a Alicante por motivos de salud, impulsó junto a su hijo Casimiro la construcción del campo, apoyándose en los recursos de su fábrica de cerámica. En este espacio se levantaron vestuarios, un banco de piedra corrido y algunas gradas de madera. El 19 de enero de 1919, el balón rodó por primera vez sobre el campo.

Me colaba por ahí detrás a ver el fútbol. Estaba el campo de fútbol y al lado el campo para jugar el Betis, la compañía de aguas, el aluminio… todas las compañías venían aquí a jugar

Antonio Martínez

— Vecino

Rubén Marcos, quien ha vivido en la plaza desde joven, recuerda cómo el campo de fútbol formaba parte del paisaje cotidiano. "Yo llegué a estar, siendo un chiquillo, ya no estaba activo el campo, pero aún estaba aquí el campo de fútbol", comenta. Mientras que Antonio Martínez, también vecino de la plaza, rememora qué hacía para ver los partidos. "Venía yo aquí, me colaba por ahí detrás a ver el fútbol. Estaba el campo de fútbol y al lado el campo para jugar el Betis, la compañía de aguas, el aluminio… todas las compañías venían aquí a jugar", asegura.

Aunque la historia de este campo ligada el Hércules también tuvo parones. En 1932, el Hércules se trasladó al estadio Bardín, aunque regresó a La Viña en 1954 tras ascender a Primera, porque el Bardín ya se había quedado pequeño. La propiedad del estadio generó conflictos durante años hasta que en 1973 Rico Pérez adquirió los terrenos, vendió parte para viviendas y cedió el resto al Ayuntamiento, dando lugar a la plaza actual. El último partido en La Florida se disputó el 1 de junio de 1974, cerrando un ciclo de más de cincuenta años con el traslado del equipo al estadio José Rico Pérez, en San Blas.

Pese al paso del tiempo, hoy en día el recuerdo del estadio sigue vivo en la Plaza de la Viña. En 2019, la Asociación Herculanos dibujó las líneas del antiguo campo en el suelo con motivo del centenario, y en 2023, el Ayuntamiento recreó uno de los córners, un espacio de recuerdo al pasado futbolístico de la plaza.

Lo primero que se hizo fue uno de los edificios familiares y después ya comenzaron las obras de la plaza

Joaquín Berna

— Vecino

La plaza hoy: espacio abierto y dinámico

La urbanización definitiva de la plaza llegó en 1987, con el proyecto de los arquitectos municipales Manuel Beltrá Martínez y Jaime Giner Álvarez, y con la participación activa de la asociación de vecinos. Muchos de los que pasean por ella todavía recuerdan la transformación. "Lo primero que se hizo fue uno de los edificios familiares y después ya comenzaron las obras de la plaza. El campo de fútbol está mejor dónde está ahora y esta es una de las mejores plaza de Alicante", comenta Joaquín Berna, habitual de la zona.

Y es que con más de 10.000 metros cuadrados, la Plaza de la Viña se articula en zonas diferenciadas con una fuente con arco, un espacio central pavimentado con mármol y una torre de iluminación que recuerda el pasado futbolístico, y un área junto a la Gran Vía con un estanque y un montículo que separa visual y acústicamente la plaza de la carretera. "Está perfectamente bien, yo vengo aquí a sentarme todos los días a tomar el sol. Cuando no hace sol no vengo", afirma Antonio Martínez.

En la reforma hicieron estos pasillos intermedios para poder compartir espacio las terrazas y los peatones y la verdad que es un éxito

Alberto Barsant

— Vecino

En 2021, la plaza se enfrentó a una remodelación significativa, se ampliaron los juegos infantiles, se construyeron plataformas elevadas para las terrazas y se habilitaron nuevos pasillos. "En la reforma hicieron estos pasillos intermedios para poder compartir espacio las terrazas y los peatones y la verdad que es un éxito, es de las cosas que más usamos los vecinos", explica Alberto Barsant. Cristina Petku destaca el uso familiar del lugar. "Cuando se quedan en casita, pues aquí pasan un buen rato a jugar. Es un sitio tranquilo, tenemos aquí la terracita al lado, el sol nos acompaña", explica.

Sin embargo, no todos los aspectos de la reforma resultan satisfactorios para los vecinos. Felipe Córdoba advierte de la falta de planificación en el uso de los espacios. "Se reúne mucha gente del barrio, y ahora yo lo mejoraría un poco, no entiendo cosas como que un parque para niños y para perros al mismo tiempo", apunta Córdoba.

Problemas de limpieza y mantenimiento

Más allá de las reformas, los residentes coinciden en que el mantenimiento de la plaza sigue siendo insuficiente. María Tirado, que suele acudir con su nieta, asegura que no lo ve "muy limpio, pero bueno, para venir un ratito está bien". "Te tienes que ir a otro barrio si quieres otros juegos", relata. Otra vecina de la zona, Asunción Ruiz apunta que la suciedad es constante: "Está muy sucia, y además no veo que se hagan cosas, esto está igual en verano e invierno".

Está muy sucia, y aparte de sucia, yo no veo que se hagan cosas, esto está igual en verano e invierno

Asunción Ruiz

— Vecina

Josefa López coincide con esta percepción y añade que la convivencia a veces genera problemas: "Está muy sucia, los dueños de los perritos no se preocupan de lo que tiran, hay mucha suciedad". La iluminación insuficiente también preocupa. Joaquín Berna señala que "las luces de noche, el foco del centro de la plaza no se ve y debería de haber luz para que cosas que puedan pasar, no pasen".

La Plaza de la Viña también enfrenta retos sociales. Este verano, varios bancos fueron ocupados por personas sin hogar, lo que generó quejas de algunos vecinos. Marta Tobaja reconoce que se trata de una cuestión más social que de orden urbano: "He escuchado que venían a dormir a la plaza, pero eso es un problema más social que deberían ayudarlos un poco, son personas que necesitan ayuda", apunta.

Cultura y tradición

Entre los rincones más tranquilos de la plaza se encuentra el Homenaje a Sempere, obra del ceramista Arcadi Blasco dedicada al artista alicantino Eusebio Sempere. La instalación está formada por dos piezas de gran tamaño que, aunque independientes, se perciben como un conjunto visual. Ambas se apoyan sobre una plataforma de hormigón dentro del vallado del montículo, lo que ayuda a separar la plaza de la carretera.

Parece que el monumento se va a caer. Además, está todo pintarrajeado, hace falta limpieza y mantenimiento, de todo

Marta Tobaja

— Vecina

A pesar de su valor artístico y cultural, el monumento ha sufrido el paso del tiempo y la falta de mantenimiento. "Está fatal, ahí se suben los niños por las tardes muchas veces, y da miedo que se hagan daños, porque parece que el monumento se va a caer. Además, está todo pintarrajeado, hace falta limpieza y mantenimiento, de todo", explica Marta Tobaja.

La plaza también es escenario de las Hogueras. La comisión Florida-Plaza La Viña, que forma parte de la historia de la plaza desde 1988, ahora compite en Especial. Así, la Plaza de la Viña combina un pasado que no se olvida, un presente que se vive y un futuro dependiente de una mayor atención municipal. Desde los partidos de fútbol hasta las reformas recientes, pasando por homenajes culturales y fiestas tradicionales, sigue siendo un punto neurálgico del barrio y, por extensión, de Alicante.

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