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Los pacientes que no mueren: así son los simuladores que entrenan a los futuros médicos de toda España que se forman en Alicante

Hablan, sudan, cambian de color y pueden sufrir un infarto en cuestión de segundos, son los nuevos simuladores clínicos de la Facultad de Medicina de la UMH, que permiten a los estudiantes entrenarse en situaciones críticas sin poner en riesgo a ningún paciente

Simuladores inteligentes revolucionan la formación de los futuros médicos

Simuladores inteligentes revolucionan la formación de los futuros médicos / Pilar Cortés

Sara Rodríguez

Sara Rodríguez

En una de las aulas de la Facultad de Medicina de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), en el campus de Sant Joan d’Alacant, un paciente entra en parada cardíaca. Su piel cambia de color, empieza a sudar, su pulso se altera e incluso podría llegar a hablar. Pero no es una persona real: es uno de los nuevos simuladores clínicos con los que los estudiantes de Medicina entrenan desde hace apenas unos meses.

Estos maniquíes de alta fidelidad, que pueden costar alrededor de 100.000 euros, reproducen con gran precisión el comportamiento del cuerpo humano. Permiten provocar desde un infarto hasta temblores o ataques de tos, todo controlado desde un ordenador mediante un software especializado. La diferencia con generaciones anteriores de simuladores es que ahora los alumnos pueden utilizar los mismos dispositivos médicos reales que encontrarán en un hospital, como desfibriladores.

En total, la facultad cuenta con tres simuladores principales: uno para adultos, otro pediátrico y un tercero especializado en partos. Gracias a ellos, los estudiantes pueden enfrentarse a situaciones clínicas complejas sin poner en riesgo a ningún paciente.

Formación en entornos seguros

El decano de Medicina de la UMH, Antonio Compañ, destaca la importancia de esta tecnología en la formación sanitaria actual: «La simulación nos permite que los estudiantes puedan aprender en entornos seguros, en una zona donde se pueden controlar las condiciones y donde no hay pacientes reales que puedan tener un problema cuando tú les haces algo», explica. Según añade, esta práctica permite repetir los procedimientos tantas veces como sea necesario: «Pueden practicar hasta la saciedad sin que haya ningún riesgo para el paciente. Eso hoy en día es fundamental».

Los maniquíes reaccionan no solo a la exploración clínica, sino también al tratamiento que aplican los estudiantes. «Tenemos maniquíes de alta definición con los que se pueden simular situaciones complejas de ataques cardiacos o insuficiencia respiratoria», señala Compañ. Incluso reproducen signos físicos muy concretos: si el paciente simulado sufre falta de oxígeno, la piel del muñeco se vuelve azul; puede sudar, erizar el vello, dilatar o contraer las pupilas y responder verbalmente a través del propio software.

La simulación nos permite que los estudiantes puedan aprender en entornos seguros, en una zona donde se pueden controlar las condiciones

Antonio Compañ

— Decano de Medicina de la UMH

La simulación clínica se ha convertido en una herramienta obligatoria en la formación sanitaria. En la UMH, los estudiantes comienzan a utilizar estos recursos desde segundo curso de Medicina, aunque también benefician a otras titulaciones de ciencias de la salud que se imparten en la propia facultad.

Uno de los maniquíes, por ejemplo, está diseñado para practicar técnicas de reanimación cardiopulmonar. Conectado a una pantalla, analiza en tiempo real cómo realizan los alumnos las compresiones torácicas. Mediante algoritmos y herramientas de inteligencia artificial, el sistema detecta si se está presionando demasiado rápido, demasiado lento o con una fuerza incorrecta.

La práctica con los simuladores es muy enriquecedora porque podemos practicar cosas que en clase es teoría

Penélope Moreno

— Estudiante de Medicina

Para los estudiantes, el salto respecto a la formación exclusivamente teórica es evidente. Penélope Moreno, alumna de Medicina, asegura que trabajar con estos simuladores cambia la forma de aprender. «La práctica con los simuladores ha sido muy enriquecedora a nivel académico porque nos ha dado una oportunidad para poder practicar cosas que en clase aprendemos de forma teórica», afirma. Sin embargo, más allá de la tecnología, los profesores subrayan que el objetivo principal de estas prácticas es aprender a trabajar en equipo.

Trabajo en equipo

El pediatra del Hospital General de Alicante y profesor de la UMH Pedro Alcalá explica que las simulaciones recrean situaciones críticas en las que intervienen distintos profesionales sanitarios. Según señala, los simuladores son «un elemento fundamental», pero insiste en que el verdadero aprendizaje está en el factor humano.

No es solo la unión de la técnica y el conocimiento, sino saber trabajar en equipo y controlar las situaciones

Pedro Alcalá

— Pediatra y profesor de la UMH

En estas sesiones, los futuros médicos aprenden por primera vez a coordinarse con otros profesionales sanitarios para resolver una emergencia. «No es solo la unión de la técnica y el conocimiento, sino saber trabajar en equipo y controlar las situaciones», apunta.

Realidad virtual

La innovación docente en el campus también se extiende a otros ámbitos tecnológicos. La facultad de Medicina de la UMH está probando el uso de gafas de realidad virtual para comprobar si realmente mejoran el aprendizaje de los estudiantes. En este proyecto piloto, un grupo estudia con gafas de realidad virtual y otro sin ellas para comparar los resultados.

Aunque las conclusiones todavía no son definitivas, ya hay una evidencia clara: la motivación de los alumnos aumenta cuando utilizan estas herramientas. Entre las recreaciones virtuales que se están desarrollando, por ejemplo, figura la simulación de una operación de rodilla.

Manual de IA

Paralelamente, el centro experimental Cyborg del campus ha elaborado también un manual de introducción a la inteligencia artificial y a ChatGPT dirigido a profesionales de la salud, con el objetivo de enseñarles a formular correctamente las preguntas o prompts a las herramientas de IA.

Mientras tanto, en las aulas de simulación de la facultad, los futuros médicos siguen enfrentándose a emergencias que parecen reales: pacientes que se descompensan, pupilas que reaccionan a la luz y desfibriladores que marcan el ritmo de una reanimación. Todo ocurre en un entorno controlado, pero con un objetivo muy real: preparar a los estudiantes para cuando la vida de un paciente sí dependa de ellos.

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