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Actuación urgente por falta de seguridad en las nuevas pérgolas del paseo de San Juan

El gobierno de Barcala precinta tramos de la avenida de Niza para instalar pletinas metálicas en las bases de los postes de sombra apenas unos meses después de finalizar las obras de reurbanización del entorno

Imagen que presentaba el paseo de la playa de San Juan este martes

Jose Navarro

Borja Campoy

Borja Campoy

El paseo de la playa de San Juan ha vuelto a quedar salpicado por vallas, balizas y precintos apenas medio años después de que el Ayuntamiento diera por terminada la última fase de la mejora del entorno. Zonas de la avenida de Niza permanecen acordonadas por una nueva intervención sobre las pérgolas instaladas en la actuación más reciente, una imagen que reabre el foco sobre unas obras todavía muy recientes.

La escena resulta llamativa en el tramo renovado junto al límite con El Campello. Allí pueden verse varias pérgolas apuntaladas o sujetas con elementos provisionales, bancos afectados en su entorno inmediato y espacios delimitados con balizas y cintas para impedir el paso. No se trata, por tanto, de una incidencia apenas perceptible, sino de una actuación visible sobre uno de los elementos más reconocibles del nuevo diseño del paseo.

Trabajadores y usuarios de la zona aseguran además que el paseo lleva así más de una semana, lo que refuerza la impresión de que no se trata de un arreglo puntual de unas pocas horas. La intervención vuelve a alterar la imagen de un frente litoral que el gobierno local había presentado como culminación de una obra largamente esperada y que ahora necesita una corrección sobre parte de sus estructuras de sombra.

La explicación ofrecida por el equipo de gobierno se centra en el carácter técnico del refuerzo. Según la versión trasladada por el equipo de gobierno, a través de la Concejalía de Urbanismo, “son trabajos para incorporar unas pletinas metálicas en las bases de las pérgolas para reforzar la rigidez y resistencia de las mismas, dentro del plazo de garantía de las obras”. El ejecutivo local enmarca así la actuación como una corrección incluida en la garantía de una reforma que visitó hace medio año el alcalde, acompañado de miembros de su equipo de gobierno.

Volver a intervenir

Pero más allá de esa defensa, el hecho político y urbano es otro: una obra muy reciente ha obligado a volver a intervenir sobre el paseo en uno de sus puntos más visibles. Y ese contraste alimenta la duda sobre cómo quedó rematada una actuación que ya arrastró durante meses problemas de calendario, prórrogas y malestar vecinal antes de darse por cerrada.

La reforma del tramo final de la avenida de Niza venía de una trayectoria accidentada. Los trabajos, iniciados en noviembre de 2024, debían haber concluido antes del verano de 2025, pero fueron acumulando retrasos por falta de materiales y distintos trámites administrativos hasta prolongarse más allá de septiembre. Durante ese periodo crecieron además las críticas de vecinos, hosteleros y visitantes, que denunciaron la incomodidad de convivir con una obra abierta durante la temporada alta en uno de los espacios más concurridos del litoral alicantino.

Ese historial convierte la nueva intervención de este mes en algo más que una simple actuación de mantenimiento. El paseo no solo fue una obra tardía; ahora es también una obra reciente que necesita refuerzos en estructuras que formaban parte de la imagen final vendida por el Ayuntamiento. A finales de octubre, el propio gobierno local presentó la actuación como prácticamente rematada, destacando entre sus mejoras las nuevas zonas verdes, el alumbrado renovado, el carril bici prolongado, los bancos y los espacios de sombra con pérgolas. Cinco meses después, algunas de esas piezas han tenido que ser revisadas.

La última fase del paseo, de 3,9 millones de euros, fue dada por prácticamente terminada por el Ayuntamiento el 24 de octubre de 2025. Desde entonces apenas han transcurrido unos cinco meses. En ese margen, el frente litoral ha pasado de exhibirse como obra culminada a mostrar otra vez perímetros cerrados y estructuras en revisión para dotar de más seguridad a las pérgolas.

Confortabilidad

La actuación actual incide además en un elemento especialmente sensible porque no es accesorio dentro del conjunto. Las pérgolas formaban parte de la promesa de confortabilidad que acompañó el discurso municipal sobre la renovación del paseo, junto con la accesibilidad, el nuevo pavimento y las áreas de estancia. Que ahora haya que intervenir precisamente en sus bases para dotarlas de mayor rigidez y resistencia proyecta una imagen incómoda para el gobierno local, aunque éste se apoye en el argumento de la garantía.

La fotografía que deja hoy el paseo es, por tanto, la de una infraestructura recién estrenada que vuelve a convivir con señales de obra. No se trata de una reapertura integral de los trabajos, pero sí de una corrección visible sobre elementos recién colocados, en un espacio muy transitado y en un enclave especialmente expuesto a la mirada pública. Esa circunstancia explica que la intervención haya llamado la atención entre usuarios habituales de la zona y que vuelva a abrir el debate sobre la ejecución de una actuación que ya llegó tarde y entre polémica.

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