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ENTREVISTA

Salvador Enguix: “El caso de las viviendas protegidas de Alicante muestra la peor cara del nepotismo político”

El periodista y escritor ha presentado en el Museo de Aguas de Alicante su libro ‘Las periferias mudas’, un ensayo sobre el centralismo, la pérdida de voz de los márgenes y las fracturas territoriales dentro del propio mapa valenciano

Salvador Enguix presenta "Las periferias mudas" en el Museo de Aguas de Alicante

Salvador Enguix presenta "Las periferias mudas" en el Museo de Aguas de Alicante / Rafa Arjones

Borja Campoy

Borja Campoy

Pregunta: En su libro habla del centralismo de Madrid. ¿Ve también un centralismo de Valencia hacia Alicante?

Respuesta: Sí. Alicante sufre uno de los efectos más claros de esa lógica: es la cuarta provincia de España en población y, sin embargo, la última en inversión del Estado y casi la última en inversión autonómica. No se corresponde con el peso real de una provincia tan potente, con un aeropuerto incluso con más tráfico que el de Valencia. Las autonomías también tienen sus periferias y Alicante merece mucha más atención institucional, mediática, económica y social dentro de la Comunidad Valenciana.

P: ¿Alicante ha sabido defender su peso político o ha asumido un papel secundario?

R: Alicante tiene más dificultades que Valencia para articular una voz propia. Valencia gira alrededor de una capital muy dominante, pero Alicante es un mosaico de geografías fuertes, con Benidorm, Elche, Alcoy o la Vega Baja tirando cada una de sus propios intereses. Eso es una riqueza, pero también dificulta la unidad. Alicante ciudad no ejerce la capitalidad con la misma fuerza que València y eso complica mucho la reivindicación común.

P: El Corredor Mediterráneo aparece como una infraestructura clave. ¿Sigue siendo la gran palanca pendiente?

R: Sin duda. Es la infraestructura más importante para el futuro de la Comunidad Valenciana por tres motivos: vertebra el territorio, mejora la conexión con Cataluña, Murcia y Andalucía y nos conecta de verdad con Europa. Eso será decisivo para los puertos, los centros logísticos e industriales y también para el transporte de personas y el turismo. Cuando esté terminado, las ventajas para Alicante y para toda esta franja serán enormes.

P: Después de tantos anuncios y retrasos, ¿qué revela el Corredor Mediterráneo sobre cómo ha mirado el Estado al arco mediterráneo?

R: Revela hasta qué punto ha pesado la visión radial de España, en la que todo tiene que pasar por Madrid. Esa ha sido la causa principal del retraso de una infraestructura que los empresarios valencianos llevan reclamando desde principios de siglo. En los últimos años se ha acelerado, sobre todo por la presión de la sociedad civil valenciana y de empresarios como Boluda y Juan Roig, pero el problema de fondo sigue siendo esa lógica radial.

Alicante sufre también el centralismo de Valencia

P: En el libro analiza cómo se concentra el poder, el talento y el relato. ¿Dónde se nota más esa pérdida de voz en la Comunidad Valenciana?

R: Donde más se nota es en la debilidad de la sociedad civil. Cuando está unida se logran avances, pero aquí veo fractura y muy poca capacidad de articular reclamaciones conjuntas. Los partidos van por un lado y la sociedad civil por otro, y eso acaba afectando a todo: a la financiación, a las inversiones o a los grandes proyectos culturales. En Cataluña o el País Vasco ningún partido negocia cuestiones económicas sin hablar antes con empresarios y agentes sociales. Aquí eso no pasa.

P: ¿Qué responsabilidad tienen las élites valencianas en no haber construido una posición más fuerte en Madrid?

R: Tienen mucha responsabilidad. El hundimiento de las cajas y del Banco de Valencia en 2010 y 2011 dejó a la Comunidad Valenciana sin un sistema financiero propio equiparable al de Madrid, Cataluña o el País Vasco y aún pagamos ese golpe. Ahí fallaron la sociedad civil y la clase política. Cuando pierdes esa musculatura, los empresarios acaban yéndose a Madrid a negociar. Sin autonomía financiera no hay autonomía económica.

P: Como analista político, ¿qué lectura hace del momento valenciano tras la dana, la salida de Mazón y la nueva etapa de Pérez Llorca?

R: La dana dejó una imagen durísima. Los valencianos estuvimos solos durante cuatro días y eso evidencia un fracaso del Estado y de los partidos, que pusieron sus intereses por encima de la recuperación. La gestión de Mazón fue insostenible y la lectura de esa etapa es muy negativa. Con Pérez Llorca se ha rebajado la tensión y hay mejores formas, pero sigo echando en falta más firmeza para exigir al Estado una financiación justa y los recursos que necesita la Comunidad Valenciana y me preocupa su dependencia política de Vox.

P: ¿Puede esta nueva etapa traer un cambio real o nace sobre todo para contener la crisis?

R: Pérez Llorca tiene formas de presidente y ha intentado recomponer puentes rotos, empezando por las víctimas y la oposición. Pero eso debe traducirse en política. Si no quiere negociar con el Gobierno la financiación, tiene que explicar cuál es su alternativa, porque cada año los valencianos somos más pobres. Su talante es bueno, pero necesita concreción en asuntos urgentes como la financiación y pactos más amplios que los que le da Vox. Esa concreción debe verse antes de 2027 si quiere ser candidato.

Pérez Llorca tiene formas de presidente, pero necesita concreción

P: En Alicante, el escándalo de las viviendas protegidas ha abierto un frente político en pleno intento de salida de la crisis por la dana. ¿Puede tener consecuencias de fondo para el gobierno de Pérez Llorca?

R: Me parece gravísimo lo que ha destapado INFORMACIÓN en Alicante. Muestra la peor cara del nepotismo político en un asunto tan sensible como la vivienda, cuando decenas de miles de valencianos ni siquiera pueden soñar con acceder a una. Algunas medidas para apagar el fuego son correctas, pero insuficientes. El PP y Pérez Llorca tienen que ser mucho más contundentes. En Alicante hay un clamor para que el alcalde asuma su responsabilidad política. Es un asunto muy grave para el PP porque proyecta la imagen de los recursos públicos al servicio de amiguetes y enchufados.

P: Después de escribir este libro, ¿ve margen para que la Comunidad Valenciana gane peso o cree que la tendencia sigue yendo en contra?

R: Soy optimista por naturaleza, pero quiero ser realista. Si no cambia de forma profunda la relación entre los partidos y la sociedad civil, será muy difícil lograr avances importantes para los valencianos. Los sectores productivos necesitan infraestructuras y complicidad y eso se ha visto con el Corredor Mediterráneo. Hoy no veo esos puentes, hay una fractura política muy polarizada y una sociedad civil desmotivada. La prueba estará en los próximos presupuestos, en qué se da a Alicante y en la financiación.

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