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Últimas piezas del puzle de Torre Placia en Alicante: fin a un conflicto del siglo pasado

Tras una acumulación de retrasos, el Ayuntamiento encara la culminación del traslado del monumento que se aprobó para evitar demoler viviendas construidas irregularmente mientras estudia una nueva prórroga del plazo

Trabajos de reconstrucción en Torre Placida

Héctor Fuentes

Alejandro J. Fuentes

Alejandro J. Fuentes

El Ayuntamiento de Alicante encara la recta final del traslado de Torre Placia, una actuación de gran complejidad técnica que se inició en 2024 para poner fin a un conflicto urbanístico que se inició el siglo pasado. Pese a que los trabajos acumulan diversos retrasos, el gobierno local asegura que se encuentran "casi finalizados" y prepara una nueva modificación del contrato para dar encaje a la demora.

El problema urbanístico arrancó en el año 1996, con la aprobación del Plan Parcial de La Condomina, cuyo ámbito afectó a gran parte de la huerta de Alicante y modificó de forma sustancial la fisonomía de la zona. Con dicho trámite, se facilitó la concesión de licencia a la construcción de un conjunto de viviendas de tipo bungaló en las parcelas colindantes a la ubicación histórica de Torre Placia.

El desarrollo de esta urbanización fue recurrido por el entonces dueño del monumento, a quien terminó dando la razón el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, que se inclinó por anular el permiso de obras en el año 2004. En ese momento, la Justicia ordenó al Ayuntamiento adoptar las medidas que fueran necesarias para restaurar la legalidad, incluida la demolición de las viviendas que habían quedado fuera de ordenación. Finalmente, después de que el TSJ ordenase la ejecución de la sentencia en 2014, desde el gobierno local se optó por trasladar el monumento en vez de derruir los inmuebles, iniciando los trámites correspondientes ante la Generalitat Valenciana, que señaló al Ministerio de Cultura como el responsable de la autorización.

Ya en el año 2017, con el tripartito de izquierdas al frente del gobierno local, se estimó que la expropiación y posterior demolición de los bungalós construidos a menos de 25 metros costaría en torno a 3,4 millones de euros a las arcas municipales. Por ello, se continuó con la vía de la adquisición de la torre, cuya compraventa terminó cerrándose por 1,7 millones, frente a los 2,2 que reclamaba la familia propietaria. Finalmente, con el importe del proyecto de desmontaje y traslado (de otros 1,7 millones) el coste total de reubicar Torre Placia ha sido prácticamente idéntico al que habría supuesto demoler las viviendas irregulares.

Una vez el monumento pasó a ser de titularidad municipal, se llevaron a cabo los trámites para conseguir la autorización del Ministerio de Cultura, que debía validar el traslado debido a que el inmueble es un Bien de Interés Cultural. El permiso del Gobierno llegó en octubre del 2023, después de que Urbanismo resolviese algunas deficiencias técnicas detectadas por los funcionarios del Estado en el 2021. De esta manera, se validó que la torre pasara de su entorno histórico, en la calle Clara Campoamor, a una parcela situada a apenas 400 metros, delimitada por la calle Juana Francés y las avenidas Pintor Pérez Gil y Conrado Albaladejo, en Playa de San Juan.

Retraso sobre retraso

Una vez se adjudicó el contrato para su desmontaje y reubicación, los trabajos se iniciaron en julio de 2024, con la limpieza y adecuación de la parcela. En ese momento, estaba previsto que el desmontaje del monumento se extendiera durante seis meses, pero la empresa responsable necesitó cinco de ellos para etiquetar piedra a piedra el histórico inmueble, antes de proceder a su "troceado". Ante esta complejidad técnica, el equipo de gobierno aprobó una primera ampliación del plazo de ejecución, que permitía concluir los trabajos en septiembre de 2025, "por causas no imputables a la mercantil", según defendió el vicealcalde de Alicante, Manuel Villar.

Ese segundo horizonte tampoco pudo alcanzarse. La mercantil a cargo de los trabajos aludió a "las dificultades técnicas del montaje por el gran volumen y complejidad geométrica de las piezas", así como a "las exigencias del seguimiento arqueológico" y a los "tiempos de secado de los morteros de cal como limitante natural del avance". Además, como condicionantes externos, se apuntó al "retraso inicial debido a la obtención de permisos" y "las incidencias climatológicas y logísticas ya acreditadas".

Por todo ello, el ejecutivo de Luis Barcala volvió a extender el plazo de ejecución otros seis meses más, elevando el total a más de 20, pese a que inicialmente se esperaba terminar en medio año. La nueva meta fijada por el Consistorio se estableció en marzo de este 2026, sin que se haya cumplido. Este nuevo retraso está obligando al equipo de gobierno a negociar con la empresa otra ampliación del contrato inicial, que estimaba la finalización en enero de 2025, como reza el cartel situado junto a las obras. Por ahora, todavía no se ha concretado cuánto está previsto que vuelven a demorarse los trabajos.

Rehabilitación y recreación del entorno

Aunque el traslado de la torre se encuentra "casi finalizado", según fuentes municipales, no es el único objeto del contrato de Torre Placia, también su rehabilitación. En este sentido, se han estudiado las diferentes etapas históricas del monumento, que data del siglo XVI, pero sufrió una remodelación en el XVIII. El cambio en la configuración arquitectónica del edificio supuso otro quebradero de cabeza para los profesionales, ya que, pese a que el diseño del siglo XVI es el más "fidedigno" con la historia, el de doscientos años más tarde es el que los alicantinos identifican como la imagen por excelencia de Torre Placia. De esta manera, los arquitectos se inclinaron por reconstruir el baluarte de acuerdo con su configuración original con la salvedad de uno de sus muros, el que presenta los tres icónicos balcones. 

Además, cuando concluya el montaje, también se adaptará el entorno para dar a conocer su contexto histórico. El objetivo es recrear la situación original de los terrenos, con los mismos caminos y zonas ajardinadas. También se rodeará el monumento con pequeños muros de alrededor de medio metro que recorrerán el perímetro de la construcción anexa que acompañó a este icono.

Un rompecabezas histórico y complejo

En el proceso ha sido necesario retirar, almacenar, transportar y volver a ensamblar cada una de las más de 4.000 piezas que componen este gigantesco rompecabezas. Francisco Javier Muñoz, arqueólogo de EMR, la empresa adjudicataria, explicó a INFORMACIÓN que se llevó a cabo un exhaustivo trabajo de etiquetado previo, con el objetivo de garantizar que el traslado se produzca con éxito. "Para poder trasladar la torre de forma fidedigna lo más importante es saber exactamente dónde se encuentra cada pieza, para eso hemos establecido un sistema triple de verificación", señaló.

A la hora de identificar cada fragmento, los profesionales generaron un modelo digital de la torre a modo de "plantilla" para poder tener en todo momento referencia de la configuración original y de la posición de cada piedra. Después, emplearon un preciso sistema de coordenadas para saber exactamente el lugar que corresponde a todas las piezas y poder volver a armar el "puzle" en su nueva ubicación, poniendo fin a un conflicto urbanístico que se inició hace tres décadas.

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