LA CALLE ES NUESTRA
La calle Castelar: la esencia del barrio de Villafranqueza de Alicante en una sola vía
La calle Castelar concentra la historia, la cultura y la vida cotidiana del barrio de Villafranqueza. Esta vía alberga la iglesia de San José, la biblioteca, el consultorio médico, el centro de mayores, comercios locales y la sede de la Sociedad Musical "La Amistad". Es el eje de las fiestas de Moros y Cristianos y otras celebraciones, reflejando la identidad vecinal y las tradiciones, aunque sus habitantes reclaman mejoras en limpieza e infraestructuras

Alex Domínguez
Hay calles que vertebran barrios y otras que los explican. La calle Castelar, en Villafranqueza, hace ambas cosas. No solo conecta puntos clave de este histórico barrio alicantino, sino que concentra buena parte de su vida cotidiana: servicios públicos, actividad social, tradiciones y también las preocupaciones de sus vecinos. En esta nueva entrega de "La calle es nuestra", el recorrido por esta vía permite entender cómo funciona el barrio, cómo ha cambiado con el paso del tiempo y qué retos afronta hoy.
La calle Castelar es, en términos prácticos, el eje central de Villafranqueza. A lo largo de su trazado se suceden edificios y espacios que forman parte de la rutina diaria de los vecinos: el consultorio médico, la biblioteca, el centro de mayores o las sedes de comparsas festeras. "Está el centro de mayores, la biblioteca, esto es el centro neurálgico de Villafranqueza", resume Maribel Martínez, enfermera en el consultorio del barrio.
Está el centro de mayores, la biblioteca, esto es el centro neurálgico de Villafranqueza
Pero para comprender el peso de esta calle hay que mirar al pasado del barrio. Los orígenes de Villafranqueza se remontan al siglo XVI, cuando el abogado Baltasar Vidaña instaló en su finca un palomar, por lo que el lugar pasó a conocerse como El Palamó. Ya en 1592, aquellas tierras fueron compradas por Pedro Franqueza, un aristócrata de la corte de Felipe II que impulsó la construcción de una treintena de casas. Franqueza logró que se construyera la iglesia de San José, un hecho que permitió que las Cortes aprobaran oficialmente la fundación de Villafranqueza.
Dentro de este contexto histórico, la calle Castelar se convirtió en una de las vías más representativas del barrio, concentrando tanto su vida cotidiana como buena parte de sus tradiciones y servicios. Sin embargo, su evolución no ha sido ajena a los cambios. La memoria de quienes han vivido aquí durante décadas dibuja una calle muy distinta a la actual. Antonio Pérez, vecino desde la década de los sesenta, evoca un pasado más precario pero también más participativo: "Es un barrio muy tranquilo, yo vivo aquí desde el año 63. Esta calle era de tierra e invitamos al alcalde Luciáñez para que nos trajeran dos camiones de grava, hice unas migas, le bajamos a la ermita… Fue un gran día para nosotros y para la calle".
El 28 de abril de 1932 marcó un punto de inflexión en la historia local, cuando Villafranqueza se integró definitivamente en la ciudad de Alicante tras un proceso de referéndum impulsado por dificultades económicas que atravesaba la villa. A pesar de ello, el sentimiento de pertenencia se mantiene. "Me gusta el pueblo porque he nacido aquí", afirma Salvador Prieto, vecino de Villafranqueza.
Necesitamos muchísima más colaboración por parte de las autoridades en cuanto a servicios
El eje de la vida cotidiana
Hoy, la calle Castelar funciona como el auténtico centro neurálgico del barrio. En ella se concentran servicios esenciales como el consultorio médico, la biblioteca o el centro de mayores, además de pequeños comercios que mantienen la actividad diaria. La remodelación urbana ejecutada en 2023 ha contribuido a mejorar su imagen, con nueva pavimentación y espacios más amables.
Sin embargo, más allá de la intervención física, lo que define la calle es su uso constante. En la biblioteca, por ejemplo, la actividad se intensifica cada tarde. "En esta calle es una calle muy concurrida… es un pueblo muy acogedor. Me encanta la gente que vive aquí y los niños que vienen a la biblioteca son un encanto, es importante fomentar la lectura a esas edades", explica Maika Jiménez, bibliotecaria de Villafranqueza.
Aquí hacen yoga, baile de salón, gimnasia, zumba, bolillos, manualidades y jugar al dominó también
En la misma calle, y tan solo a unos metros de distancia, el centro de mayores es otro punto de encuentro clave. "Aquí hacen yoga, baile de salón, gimnasia, zumba, bolillos, manualidades y jugar al dominó también", detalla Jesús Pérez. Mientras que en el consultorio médico, el trato cercano es una de las señas de identidad. "La gente es maravillosa y supermaja, es muy familiar todo", asegura Patricia Oncina, trabajadora en el consultorio, como Maribel Martínez, enfermera, que añade: "Estamos muy bien, esto es como una familia… conoces a todos los pacientes en poco tiempo, se nota que en esta calle lo tienen todo a mano".
La calle conduce también a la iglesia de San José, uno de los símbolos históricos del barrio. Su presencia no es solo arquitectónica, también es histórica y social, ya que desde la fundación del barrio ha sido uno de los principales puntos de referencia para sus vecinos. El templo, levantado a finales del siglo XVI junto al nacimiento de la villa, quedó en 1778 cuando, tras varios días de lluvias intensas, la iglesia se derrumbó y solo la torre logró mantenerse en pie. Precisamente, los propios vecinos han participado en su mantenimiento. "Adecentamos la iglesia en el 75 precisamente cuando murió Franco, más adelante pusimos el mural ese", explica Antonio Pérez.
Carencias que no desaparecen
Pese a las mejoras recientes, los vecinos coinciden en que todavía quedan cuestiones por resolver. La limpieza, la atención a animales abandonados o la falta de infraestructuras adecuadas son algunas de las principales demandas. "Muchas cosas hacen falta, pero bueno bien. Que se preocupe un poco más el Ayuntamiento de solucionar los problemas de los animalitos, que hay muchos animalitos abandonados", reclama Rosario Carmona.
Necesitamos un consultorio más grande. Nos faltan más salas de enfermera y ventilación para la pediatra
Desde el consultorio médico también señalan carencias. "Necesitamos un consultorio más grande. Nos faltan más salas de enfermera y ventilación para la pediatra que tenga una buena sala y ya está", apunta Patricia Oncina.
El comercio local comparte esa demanda de mayor atención institucional. "Necesitamos muchísima más colaboración por parte de las autoridades en cuanto a servicios", afirma Emily Álvarez, comerciante en la calle. No obstante, algunos vecinos perciben cambios en la vida comunitaria. "Antes había más tranquilidad, la gente salía a la calle a tomar el fresco por las noches en verano y ahora es distinto, no hay tanta participación como había", señala Jesús Pérez.
El pulso festero del barrio
La calle Castelar no solo concentra servicios y vida cotidiana, también es uno de los principales focos culturales del barrio. En esta vía tiene su sede, desde 1988, la Sociedad Musical La Amistad de Villafranqueza, una entidad con más de siglo y medio de historia, cuyos orígenes se remontan a 1856, cuando ya existía una banda en Villafranqueza.
La formación se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles del barrio, hasta el punto de que muchos vecinos la siguen llamando popularmente la Banda del Palamó. Su actividad no se limita a los conciertos: cuenta con una escuela de educandos que garantiza el relevo generacional y mantiene viva la tradición musical. "Es una banda muy grande que tiene mucha historia, aquí viene a tocar mucha gente de Alicante, yo incluida soy de Alicante y venimos aquí porque la verdad que esta banda… como ésta, ninguna", explica Laura Melero.
Venimos aquí porque la verdad que esta banda… como esta ninguna
Aunque si hay un momento en el que la calle Castelar muestra toda su intensidad es durante las fiestas de Moros y Cristianos en honor a San José, que se celebran cada mes de marzo, con este fin de semana como epicentro de la fiesta. Esta vía se convierte estos días en uno de los escenarios principales del barrio, acogiendo el paso de las catorce comparsas que forman parte de las fiestas, muchas de ellas con sede en la propia calle. Para quienes acaban de llegar, el impacto es inmediato. "Van a ser mis primeras fiestas lo cual me emociona muchísimo porque es muy lindo, veo a todo el pueblo abocado a ello y lo llevan con una pasión increíble y contagiosa", afirma Emily Álvarez.
La calle también es escenario de otros momentos destacados del calendario, como la Cabalgata de Reyes, la Semana Santa o el porrate de San Antón. Tradiciones que refuerzan el carácter comunitario de la zona. Y es que desde los orígenes de El Palamó hasta la actualidad, esta calle ha sido testigo de la evolución del barrio. Porque más allá de las grandes avenidas, son calles como la de Castelar en Villafranqueza las que explican una ciudad.
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