Ser familia sin ser biológica: hogares que reconstruyen vidas en Alicante
Cuatro familias de la provincia relatan su experiencia en el acogimiento y reflejan la realidad de otra forma de entender la crianza, con la necesidad de más hogares para atender a menores en situación de desprotección

Familias de acogida: el hogar que cambia vidas en Alicante / Pilar Cortés
En la provincia de Alicante, más de 600 familias de acogida abren las puertas de sus casas a niños y niñas que, por distintas circunstancias, no pueden vivir con sus familias biológicas. Es una realidad silenciosa, pero esencial: ofrecer un entorno seguro a menores que han vivido situaciones de vulnerabilidad. Sin embargo, pese al crecimiento de estas familias en los últimos años, la demanda sigue siendo mayor que la oferta y muchos menores continúan creciendo en centros.
El acogimiento familiar se ha consolidado como la principal medida de protección de la infancia. En 2023, la Comunidad Valenciana registró más de 2.000 menores en acogimiento familiar, de los cuales 687 correspondían a la provincia de Alicante, según los últimos datos de la Conselleria de Bienestar Social. A nivel nacional, la cifra supera los 16.000.
Cuando llegan a casa nunca te planteas hasta cuándo estarán, simplemente hasta que lo necesiten
Detrás de estos números hay historias como la de Irene Escalada, enfermera, que junto a su marido, Miguel Ángel, ha construido una familia "diferente". En su casa viven dos niñas: una en acogimiento permanente especializado y otra en acogimiento temporal. "El acogimiento especial es para niños que tienen necesidades especiales, desde algún tipo de discapacidad a problemas de conducta", explica.
Historias
Las pequeñas, de 10 y 3 años, llegaron a su entorno tras pasar primero por un acogimiento de urgencia con la madre de Irene. No son hermanas, pero comparten una historia de ruptura. La mayor procede de una familia que no puede hacerse cargo de ella por falta de habilidades, mientras que la menor es hija de una madre consumidora de tóxicos, sin padre reconocido y sin intención de recuperar su tutela, según Irene.
"Cuando llegan a casa nunca te planteas hasta cuándo estarán, simplemente hasta que lo necesiten", cuenta Irene. Con el tiempo, el vínculo se fortalece hasta convertirse en algo más profundo: "Ellas ya son como nuestras hijas". Su reflexión resume el sentido del acogimiento: "Muchos niños necesitan crecer en un entorno seguro, sentirse parte de algo, saber que le importan a alguien. Se merecen una familia y no un centro".

Familias de acogida: el hogar que cambia vidas en Alicante / Pilar Cortés
Una experiencia similar comparte Elena Buitrón, supervisora en una empresa, que junto a su marido lleva once años siendo familia acogedora. En su caso, la decisión fue clara desde el principio: no querían tener hijos biológicos, pero sí ser padres. "Es una forma de ser padres de una manera diferente con niños que realmente lo necesitan", señala.
Por su casa pasaron dos hermanos de cuatro y cinco años. Hoy, solo permanece con ellos la niña, que ya tiene 15. El acogimiento, que comenzó como permanente sin una duración definida, se ha convertido en un proyecto de vida. El origen de la menor es una familia marcada por la violencia intrafamiliar y la desestructuración. Tras su retirada, los niños pasaron por el Hogar Provincial de Alicante hasta que Elena y su marido completaron la formación y fueron considerados idóneos.
"Desde que llegan a casa son como nuestros hijos", afirma. Pero su papel va más allá del cuidado cotidiano: "Nuestra labor también es reparar el daño que traen y ayudarles a generar vínculos seguros y estables".
Desde que llegan a casa son como nuestros hijos
El acogimiento también implica adaptarse a situaciones imprevistas, como le ocurrió a Lorena Blaya, maestra, y a su marido. Comenzaron como familia de urgencia, pero el último niño que llegó a su casa cambió sus planes. "Tenía necesidades médicas complejas y, cuando terminó la urgencia, no había familia para hacer la transición. Tenía que volver a un centro", recuerda.
Ante esa situación, decidieron dar un paso más y convertirse en familia de acogimiento especializado. El menor, que ahora tiene dos años y medio, continúa con ellos. "El objetivo es que los niños puedan crecer en familia", explica Lorena, que define el acogimiento como "una filosofía de vida". El niño nació positivo a tóxicos, lo que le provocó problemas médicos, y procede de un entorno familiar desestructurado.
Un proceso largo
El proceso para convertirse en familia de acogida no es inmediato. Requiere asistir a charlas informativas, completar cursos de formación y superar una evaluación psicosocial. La Asociación Gaia de acogimiento familiar en Alicante, con 63 familias asociadas, acompaña a quienes deciden iniciar este camino.
La intervención de los servicios sociales suele producirse por situaciones como consumo de tóxicos detectado al nacer, denuncias, absentismo escolar o problemas básicos de cuidado como la falta de higiene o vacunación. En todos los casos, la tutela de los menores recae siempre en la administración, que toma decisiones clave, aunque las familias de acogida participan en aspectos cotidianos como la elección del colegio.
Cristina Martín, presidenta de Gaia, conoce bien esta realidad. Lleva 16 años acogiendo y por su casa han pasado 32 menores. Viuda, asegura que su decisión fue compartida: "Consensué con mis hijos que era un proyecto que podíamos hacer en familia". Actualmente, convive con un bebé a diario y acoge a un adolescente los fines de semana.
Historias distintas con un mismo hilo conductor: ofrecer estabilidad donde antes hubo incertidumbre. Porque, como coinciden las familias, el acogimiento no es solo una alternativa, sino una oportunidad para que estos menores crezcan sintiéndose parte de algo esencial: una familia.
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