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El Raval Roig marcha hasta el ascensor roto del Postiguet para denunciar la falta de accesibilidad

Vecinos del barrio recorren la calle Virgen del Socorro desde la plaza de Topete con carros, carritos de bebé y sillas de ruedas para visibilizar las barreras del barrio y exigir soluciones al gobierno de Barcala

Los vecinos del Raval Roig han finalizado su protesta por la falta de accesibilidad en el ascensor averiado

Alex Domínguez

Borja Campoy

Borja Campoy

El Raval Roig ha vuelto a bajar este jueves a la calle para denunciar la falta de accesibilidad del barrio y lo ha hecho con una protesta desde la plaza de Topete hasta el ascensor averiado que conecta con la playa del Postiguet. Vecinos han recorrido la calle Virgen del Socorro con carros de la compra, carritos de bebé y sillas de ruedas para escenificar las trabas cotidianas que, según denuncian, convierten la vida diaria en una carrera de obstáculos en uno de los barrios históricos de Alicante.

La concentración, convocada por la Asociación de Vecinos del Raval Roig, forma parte de la cadena de protestas mensuales que el colectivo ha fijado para los últimos jueves de cada mes. Si la movilización anterior puso ya el foco en el ascensor del Postiguet y en el abandono del barrio, la de este jueves se ha centrado de forma más específica en la accesibilidad. El recorrido ha terminado precisamente ante el elevador fuera de servicio, convertido desde hace meses en uno de los símbolos más visibles del malestar vecinal.

“Mi barrio parece una gincana”, se leía en una de las pancartas. En otras podían verse lemas como “El Raval resiste”, mientras durante la marcha se coreaban consignas como “Más ascensores y menos veladores” o “Aceras accesibles, barrio vivible”. También ha habido cánticos contra el turismo masivo y la gentrificación, con frases como “El barrio no se vende, el barrio se defiende”, además de alguna interpelación directa al alcalde, Luis Barcala.

La presidenta de la asociación vecinal, Conchi Galea, explicaba este jueves que la protesta busca hacer hincapié en un problema que, a su juicio, afecta de lleno a la vida cotidiana del barrio. Según traslada, las aceras están en condiciones muy deficientes, hay rampas que no se pueden usar y existen puntos donde las personas en silla de ruedas ni siquiera pueden subir. A ello se añade el ascensor del Postiguet, cuya avería vuelve a cobrar relevancia a las puertas de Semana Santa, cuando el barrio y su entorno reciben más visitantes.

El conflicto con ese elevador no es nuevo. Ya en julio del año pasado el barrio denunció que el ascensor del Raval Roig, única opción accesible para muchas personas entre la calle Virgen del Socorro y el arenal del Postiguet, encadenaba averías sin solución definitiva. Entonces el equipo de gobierno aseguró que trabajaba en su sustitución por uno nuevo, pero el asunto ha vuelto a convertirse ahora en eje de la movilización vecinal. Para el barrio, el problema ya no es solo la avería puntual de una infraestructura, sino la falta de una solución estable a una necesidad básica de accesibilidad.

La protesta de este jueves no se ha limitado a esa cuestión. Galea ha vuelto a poner sobre la mesa otros déficits que la asociación viene arrastrando en sus reclamaciones al Ayuntamiento. Entre ellos, la limpieza. Según explica, el último verano fue especialmente malo por el aumento de población en la zona y la falta de refuerzo suficiente en la recogida de residuos. Aunque reconoce que se han renovado contenedores, dentro del contrato para la ciudad, sostiene que no existe un trabajo realmente ajustado a las necesidades del barrio, donde papeleras y puntos de paso como la escalereta de San Cayetano o el entorno del Benacantil presentan un estado deficiente.

Las aceras están en pésimas condiciones y hay rampas que no se pueden subir

Conchi Galea

— Presidenta de la asociación de vecinos del Raval Roig de Alicante

La dirigente vecinal también insiste en la idea de que el equipo de gobierno escucha pero apenas actúa más allá de arreglos puntuales. En estos años, recuerda, han logrado mejoras concretas, como la reparación de una barandilla o de un muro en la zona baja, pero no avances de mayor calado en cuestiones como las rampas, la accesibilidad de las aceras o la creación de un centro social, y eso que se encuentran en un lugar privilegiado. “Nos han escuchado, pero no ha servido para nada”, resume.

El barrio considera que, pese a su ubicación en pleno centro de Alicante, no recibe servicios equiparables a esa centralidad y sigue sin disponer de elementos que sus vecinos consideran básicos, desde sombras o zonas ajardinadas hasta calles más amables para una población envejecida.

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