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Balbina Oncina, presidenta de la Cofradía de la Soledad: "Las mujeres en la Semana Santa de Alicante éramos secundarios, pero hemos evolucionado"

Con una vida ligada a la Semana Santa, esta alicantina nacida en 1943 fue la primera mujer en liderar una hermandad, de la que continúa al frente desde 1994

Balbina Oncina, presidenta de la Cofradía de la Soledad y primera mujer en liderar una hermandad en Alicante.

Balbina Oncina, presidenta de la Cofradía de la Soledad y primera mujer en liderar una hermandad en Alicante. / INFORMACIÓN

Manuel Lillo

Manuel Lillo

De tesorera y responsable de patrimonio a presidir la Cofradía de la Soledad en 1994, la misma que ella misma se encargó de fundar junto a otros compañeros en 1982. De esta manera, Balbina Oncina se convirtió en la primera presidenta de una cofradía. Su intención era, según explica, «revitalizar los desfiles profesionales, dotar de patrimonio a las hermandades (también fundó la Cofradía de San Pedro Apóstol en 1997) y garantizar la integración de la mujer y la juventud».

Todas estas intenciones confluían en un objetivo común: «Dar sentido a la obra social dentro de la Semana Santa», porque «una cofradía no se puede entender sin eso». Su papel le ha merecido diversos reconocimientos, el primero en 2004 por parte del Ayuntamiento y el último la semana pasada, cuando fue nombrada Dama del Priorato de España de la Real Cofradía de San Teotonio.

¿Cuando empezó a participar en la Semana Santa de Alicante?

Desde niña recuerdo que, en oír un tambor, el corazón se me aceleraba. Mi amor por la virgen y por la Semana Santa existe desde que tengo uso de razón.

De hecho, su implicación fue a más con los años...

Siempre veía cómo arreglaban el trono y participé en todo lo que pude. Mi familia me integró y todo fue natural.

Sin embargo, hubo un tiempo en el que las mujeres no podían participar plenamente.

Lo recuerdo perfectamente. Yo salía de mantilla con el Cristo de la Buena Muerte y con la Soledad. Solo podíamos llevar mantilla y vela en mano. Éramos una figura secundaria. Nos trataban con respeto, pero siempre nos recordaban que nuestro sitio era con la mantilla.

Algunas mujeres llegaron a procesionar ocultas bajo el capirote. ¿Usted no lo hizo?

No, jamás. Algunas compañeras sí, pero yo nunca salí de nazarena en época de prohibición. Cuando llegó el momento y supe que tocaba, lo hice.

¿Cómo ha evolucionado el papel de la mujer en la celebración?

Hemos evolucionado mucho. Creo que la mujer llegó en el momento oportuno, aportando trabajo e ilusión, hombro con hombro, sin ser mejores ni peores.

Y la Semana Santa, ¿cómo ha cambiado desde que la conoce?

En 1982, cuando asumí las primeras responsabilidades, eran tiempos difíciles. La Semana Santa estaba muy abandonada debido al contexto. La Cofradía de la Soledad, por ejemplo, se fundó por primera vez en 1819, pero pasó por muchas etapas de inclemencias políticas, personales, naturales... ¡Yo llegué a ver una procesión del Santo Entierro con la Virgen de la Soledad encima de un Seat 600 porque faltaba gente y material!

¿Resultó extraño, socialmente, que usted, como mujer, accediera a la presidencia de una cofradía en 1994, hace más de tres décadas?

Fue algo muy natural. Me lo solicitaron y en un principio me negué, porque quería aprender más, pero me insistieron y no pude decir que no. Sigo siendo la presidenta y mantengo la ilusión. Creo que la mujer tiene que estar presente en la ciudad. Y en la Semana Santa, siempre recordando a quien nos debemos, que es al señor obispo; y también a la junta directiva.

Por último, ¿qué le ha parecido la polémica de Sagunto?

Yo puedo opinar de mi ciudad, de las personas que rigen la Semana Santa, pero debo respetar las condiciones de Sagunto. Sí que les digo, a las mujeres de esa ciudad, que tengan paciencia. Los cambios no llegan en cuestión de un día. Se debe trabajar por etapas y nosotros estamos con ellas.

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