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Salud mental

Más de la mitad de los pacientes bipolares presenta problemas de adicciones

Psicólogos de Alicante destacan que la asociación de este trastorno con el consumo de sustancias es uno de los principales desafíos de su abordaje clínico además de la alta tasa de abandono del tratamiento

El trastorno bipolar: la enfermedad de las emociones

El trastorno bipolar: la enfermedad de las emociones / Europa Press

J. Hernández

J. Hernández

El trastorno bipolar es una patología mental crónica que afecta hasta al 3 % de la población --solo en la provincia de Alicante se estima que alrededor de 60.000 personas conviven con esta enfermedad-- que se caracteriza por la alternancia entre episodios de depresión y fases de manía o hipomanía. A menudo las personas afectadas se sienten exultantes, síntomas que pueden pasar desapercibidos o incluso ser considerados un rasgo positivo. Por todo ello es difícil de diagnosticar, demorándose en ocasiones más de diez años.

Según los psiquiatras, suele haber un inicio entre los 15 y los 25 años, pero con síntomas no tan claros como cuando la enfermedad ya está más establecida. La carga genética juega un papel determinante pues a menudo lo sufre un familiar de primer grado. Se estima que puede alcanzar hasta un 70–80%, lo que convierte al trastorno bipolar en una de las enfermedades mentales con mayor heredabilidad. No obstante, los factores ambientales, especialmente el estrés, son los que suelen desencadenar su aparición.

El estrés desencadena la aparición de una enfermedad con una alta carga hereditaria

Uno de los factores que más complica su evolución y tratamiento es su frecuente asociación con las adicciones. Esta coexistencia, conocida como patología dual, se ha convertido en uno de los principales desafíos en el abordaje clínico.

“El trastorno bipolar y las adicciones están estrechamente relacionados. Hablamos de patología dual, que no son dos problemas independientes, sino que se influyen constantemente”, explica el psicólogo alicantino David López.

Según los expertos, entre el 40% y el 60% de las personas con trastorno bipolar desarrollan problemas de consumo de sustancias como alcohol, cannabis o cocaína. Una relación que, lejos de ser casual, responde a múltiples factores psicológicos y biológicos, tal y como se pone de manifiesto en el día mundial de esta patología de salud mental.

Las adicciones empeoran el trastorno bipolar en los pacientes por lo que también deben ser tratadas

Las adicciones empeoran el trastorno bipolar en los pacientes por lo que también deben ser tratadas / Pilar Cortés

Alivio

Por un lado, el propio trastorno favorece el consumo. “Muchas personas utilizan las sustancias como forma de automedicación, para aliviar la depresión o regular la euforia”, señala López. Por otro, el consumo actúa como un desencadenante directo de los episodios. “Las drogas pueden precipitar tanto fases maníacas como depresivas e incluso adelantar el inicio de la enfermedad”, añade.

Este efecto bidireccional genera un círculo difícil de romper. El consumo aumenta la frecuencia y la intensidad de las recaídas, interfiere con la medicación y complica la estabilidad del paciente. “Es uno de los principales factores de descompensación clínica”, advierte el psicólogo.

Muchas personas utilizan las sustancias como forma de automedicación, para aliviar la depresión o regular la euforia

David López

— Psicólogo

El abordaje del trastorno bipolar exige un enfoque integral. La evidencia clínica señala que no es suficiente tratar únicamente los síntomas afectivos sin intervenir sobre el consumo de sustancias.

“No se puede tratar el trastorno bipolar sin abordar las adicciones. Si no se interviene sobre ambas cosas, el tratamiento queda incompleto y el riesgo de recaída es muy alto”, insiste López.

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Psicoeducación

El tratamiento combina necesariamente medicación —fundamental al tratarse de un trastorno de base biológica— con intervención psicológica. En este contexto, la psicoeducación ocupa un lugar central.

“El objetivo es que el paciente entienda su enfermedad, identifique los primeros síntomas de recaída y sea consciente del impacto que tiene el consumo en su estabilidad”, explica.

También es positiva la terapia cognitivo-conductual para gestionar los pensamientos y los comportamientos. Se le enseña al paciente qué tipo de estilo de vida le puede ir mejor para que la enfermedad esté controlada y se utilizan fármacos como el litio, considerado "estabilizador del ánimo", buscando que "no haya esa oscilación tan brusca hacia una subida o una bajada de ánimo intensa", apunta el psiquiatra José Ángel Alcalá.

Personas más sensibles genéticamente que han podido tener situaciones de estrés o eventos traumáticos a lo largo de su vida precipitan el trastorno

José Ángel Alcalá

— Psiquiatra

Uno de los grandes retos es la adherencia al tratamiento farmacológico. Los efectos secundarios hacen que muchos pacientes abandonen la medicación cuando se encuentran mejor, algo que sucede con uno de cada tres pacientes, lo que suele derivar en nuevas crisis. “Es un trastorno muy biológico. Cuando se deja la medicación, lo más probable es que reaparezcan los síntomas”, señala el psicólogo David López.

En consulta, el abordaje se estructura en torno a cuatro pilares fundamentales, que los especialistas comparan con las patas de una mesa: si una falla, el equilibrio se rompe.

La primera es la medicación, imprescindible para estabilizar el estado de ánimo. La segunda es el control de tóxicos y adicciones, considerado un factor clave para evitar recaídas. La tercera se centra en los hábitos de vida, como mantener rutinas de sueño estables, reducir el estrés y estructurar el día a día. Y la cuarta aborda la gestión emocional, proporcionando herramientas para afrontar la ansiedad, los conflictos y las situaciones vitales.

Más recursos y menos estigma

En el marco del Día Mundial del Trastorno Bipolar, distintos expertos y organizaciones coinciden en la necesidad de reforzar la atención en salud mental, mejorar la detección temprana y combatir el estigma social.

Además, subrayan la importancia de entender la patología dual como una realidad frecuente y no como una excepción. “Cuando se abordan conjuntamente el trastorno bipolar y las adicciones, el pronóstico mejora de forma significativa”, concluye López.

La clave, insisten los especialistas, está en un enfoque integral que combine tratamiento médico, intervención psicológica y cambios en el estilo de vida. Solo así es posible avanzar hacia una mayor estabilidad y calidad de vida para las personas que conviven con esta enfermedad.

Equilibrio

“El consumo rompe completamente ese equilibrio. Altera el sueño, desestructura la rutina y dificulta detectar los primeros síntomas de recaída”, advierte el psicólogo. Para ello son básicos hábitos como mantener una rutina de sueño estable -una alteración en la misma puede ser un síntoma de posible recaída-, evitar el consumo de alcohol, cocaína o cannabis, que pueden influir en desajustes del estado de ánimo, y realizar ejercicio físico.

Es frecuente además que este tipo de trastornos conviva con otros como ansiedad o adicciones, así como con enfermedades médicas como hipertensión, alteraciones tiroideas u obesidad, casos en los que es aún más necesario un seguimiento continuado y multidisciplinar.

Otra de las dificultades del trastorno bipolar es su diagnóstico. En muchos casos, comienza con episodios depresivos, lo que puede retrasar su identificación hasta que aparece la primera fase maníaca.

“Hasta que no aparece la fase alta, muchas veces se diagnostica como depresión. Por eso es un trastorno complejo y a menudo tardío en su detección”, explica López.

Por otro lado, desde Proyecto Hombre Alicante explican que es habitual que las personas con problemas de adicción sufran de patología dual, es decir la coexistencia de un trastorno adictivo y un trastorno de salud mental. "En este momento en nuestra entidad el porcentaje de personas con trastorno de bipolaridad no es significativo, sin embargo, en torno al 50% de las mujeres y el 40% de los hombres que están recibiendo tratamiento en nuestra comunidad terapéutica residencial, sufren de algún trastorno de salud mental".

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