El Museo de Hogueras de Alicante, ante el dilema de crecer o dividirse
La Federació, expresidentes y los artistas plantean desde una sede anexa en Las Cigarreras hasta un recinto más digitalizado y con una entrada simbólica

Jose Navarro
Las lluvias de mediados de este mes, que obligaron a cerrar de forma preventiva el Museo de Hogueras tras los daños causados en una claraboya (y como consecuencia en ninots indultats históricos), han devuelto a primer plano un debate que lleva años latiendo en el mundo de la Fiesta. La Casa de la Festa mantiene una ubicación estratégica en plena Rambla y sigue siendo un escaparate privilegiado para alicantinos y visitantes, pero hace tiempo que empezó a quedarse pequeña para todo lo que las Hogueras quieren contar, conservar y enseñar.
El museo debe integrar ninots, música, pólvora e indumentaria en un mismo relato
Más allá del desperfecto concreto provocado por el temporal, el episodio ha servido para reabrir una discusión de fondo que en la Fiesta se arrastra desde hace tiempo: si el actual museo puede seguir absorbiendo por sí solo el crecimiento del patrimonio foguerer o si ha llegado el momento de repensar su organización. El problema no es solo de espacio, sino también de modelo, entre quienes defienden mantener en la Rambla el corazón del recinto y quienes plantean ampliarlo, desdoblar sus funciones o incluso buscar una solución más ambiciosa.
Ampliar el recinto sería una buena forma de exponer mejor todo el patrimonio festero de Alicante
El diagnóstico, con matices, es ampliamente compartido entre las voces consultadas. El actual presidente de la Federació de Fogueres, David Olivares; cuatro expresidentes; el maestro mayor del Gremio de Artistas y el experto Juan Carlos Vizcaíno coinciden en la idea básica de que el museo conserva una ubicación privilegiada y sigue siendo un punto de entrada muy valioso para explicar la Fiesta, pero el espacio se ha ido quedando corto con el paso de los años y ya no responde del todo a las necesidades actuales del patrimonio foguerer.
La capacidad es limitada y no reúne las condiciones para atraer muchos más ninots
La razón principal es acumulativa. Cada año se incorporan nuevos ninots indultats —adulto e infantil— a una colección que no deja de crecer, mientras la Fiesta va recuperando además fotografías, indumentaria y otros materiales históricos que también reclaman espacio. El resultado es un museo cada vez más tensionado, con piezas que no siempre pueden exhibirse como desearían sus defensores y con la sensación compartida de que el recinto ya no solo tiene un problema de capacidad, sino también de conservación y de presentación del legado festero.
El museo necesita más superficie, pero la historia de la Fiesta debe seguir contándose unida
A partir de ahí aparece una de las claves del debate: si todo debe seguir concentrado en el mismo espacio o si ha llegado el momento de separar funciones. La discusión gira, sobre todo, en torno a distinguir entre el material más vinculado a la memoria general de la Fiesta —fotografías, indumentaria, documentación o su relato institucional— y la exposición de ninots indultats, que por volumen y crecimiento constante es la que más presión ejerce sobre el recinto actual.

Ninots protegidos tras el daño causado por la lluvia, en imagen reciente / INFORMACIÓN
La salida que más se repite entre las voces consultadas pasa por mantener la actual sede de la Rambla como escaparate principal de las Hogueras y habilitar un espacio complementario para descargar parte del patrimonio acumulado. Esa es la fórmula por la que apuestan, con distintos matices, Juan Carlos Vizcaíno, Andrés Llorens o Joaquín Rubio, y en la que aparece de forma recurrente el nombre de Las Cigarreras como posible emplazamiento para una segunda sede con recorrido de futuro.
Margen para crecer
Frente a esa idea, el expresidente Pedro Valera defiende una posición distinta: mantener la lógica expositiva actual, pero trasladar el museo completo a un espacio municipal más amplio si no existe margen real para crecer. A su juicio, el problema no está en cómo se ordena hoy el relato de la Fiesta, que considera bien resuelto, sino en que la superficie disponible ya no permite seguir incorporando ninots ni ofrecer al visitante la imagen que merece una celebración que se acerca a su centenario. Este diario intentó recabar también la opinión del expresidente de la Federació Manuel Jiménez, sin éxito.
Las Hogueras reclaman otro espacio sin renunciar al escaparate que ofrece la ubicación actual
David Olivares, por su parte, pone el acento en una modernización más profunda del recinto. El presidente de la Federació sostiene que el museo debe adaptarse «al siglo XXI» y sitúa como prioridades la digitalización de fotografías y fondos, la actualización de contenidos y la elaboración de un inventario preciso de todo el material que conserva. Su planteamiento no se limita así a ganar metros, sino a repensar cómo se muestra y ordena el patrimonio foguerer para hacerlo más actual, manejable y comprensible.
Hace falta un enclave adecuado para exponer todo el material histórico acumulado
En esa misma línea, Olivares rechaza trocear el sentido de la Fiesta y defiende un museo más experiencial, capaz de integrar no solo los ninots, sino también la indumentaria, la música, la pólvora y el arte efímero dentro de un mismo relato. Entre las fórmulas que deja abiertas aparece incluso la posibilidad de cobrar una entrada simbólica, una opción que vincula a la necesidad de cuidar más el recinto y de dotarlo de herramientas para dejar de ser solo un contenedor saturado y convertirse en un museo realmente actualizado.
Las Cigarreras brinda el margen de crecimiento que la Fiesta ya no encuentra en la Rambla
La posición del ejecutivo local, expresada por la concejala de Fiestas y portavoz del equipo de gobierno, Cristina Cutanda, pasa por cerrar la puerta a un traslado del museo y mantener que su ubicación actual «es perfecta». Al mismo tiempo, admite que el espacio «es limitado» y no reúne condiciones para seguir incorporando muchos más ninots, por lo que deja margen a estudiar una segunda fase o una salida complementaria para la exposición de indultats sin mover de la Rambla el Museo de Hogueras.
La ubicación sigue siendo privilegiada, aunque el patrimonio necesita otra sede cuanto antes
Con ese telón de fondo, el debate ya no se limita a reparar los daños que dejaron las lluvias o a encajar como se pueda los próximos ninots indultats, sino a decidir qué museo quiere Alicante para una fiesta que se aproxima a su centenario. Entre quienes piden una sede complementaria, quienes prefieren un traslado integral y quienes reclaman una actualización de fondo del modelo, la sensación compartida es que la discusión difícilmente podrá aplazarse mucho más. Y todo a dos años de que las Hogueras celebren su centenario.
El espejo de València: dos centros y un debate abierto
València, donde se ha puesto el foco tras el último percance del Museo de la Festa de Alicante, no concentra toda la memoria de las Fallas en un único espacio, sino que la reparte entre dos centros con funciones distintas. Por un lado está el Museo Fallero municipal, concebido como gran escaparate institucional de la Fiesta y como depósito de los ninots indultados y otros elementos de su memoria oficial. Por otro aparece el museo del Gremio de Artistas Falleros, más centrado en el oficio, los estilos y la evolución creativa del monumento, lo que deja un modelo más desdoblado que el que hoy existe en Alicante.
El principal de esos espacios es el Museo Fallero de València, situado en Montolivete, en el edificio de la Junta Central Fallera. Allí se conserva la parte más reconocible y sentimental de la fiesta, con los ninots indultados por votación popular, además de carteles oficiales, retratos de falleras mayores y otros materiales vinculados a la memoria pública de las Fallas. Es el museo de referencia y el que ha concentrado también el debate sobre si València necesita un salto más ambicioso.
El segundo espacio es el Museo del Gremio de Artistas Falleros, ubicado en la Ciudad del Artista Fallero y con una lógica distinta a la del museo municipal. Su interés no reside tanto en condensar la memoria oficial de la fiesta como en explicar el oficio, los estilos y la evolución técnica y artística de quienes levantan cada año los monumentos. Allí el foco se desplaza hacia los procesos creativos, los bocetos, las maquetas y los ninots vinculados al propio gremio, en una propuesta menos institucional pero más pegada a la trastienda artística de las Fallas.
Ese reparto no significa, sin embargo, que València haya resuelto por completo el encaje museístico de su fiesta. El Museo Fallero de Montolivete también arrastra desde hace años el debate sobre la falta de espacio y la necesidad de una reforma o ampliación, en paralelo a un volumen de visitantes que supera con holgura las 100.000 personas al año y a un perfil muy marcado de proyección exterior. De hecho, más de la mitad de su público es extranjero. Esa discusión ha llegado a incluir en distintos momentos la posibilidad de buscar otros espacios, entre ellos el antiguo edificio de Correos de la plaza del Ayuntamiento, e incluso promesas electorales para impulsar un gran museo fallero más ambicioso, sin que esa idea haya terminado de concretarse.
La diferencia con Alicante no está tanto en que València haya encontrado una fórmula perfecta como en que allí las funciones aparecen más repartidas. Mientras la capital del Turia distingue entre el gran museo institucional de la fiesta y otro espacio más ligado al oficio de los artistas, el Museo de Hogueras sigue intentando absorber en un mismo recinto la memoria oficial, los ninots, la indumentaria y parte del relato general de la Fiesta.
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