Cómo procesionar con buen pie: claves para evitar lesiones en Semana Santa
Fisioterapeutas y podólogos de Alicante ofrecen consejos a los costaleros y demás participantes de las procesiones para que vivan la Pasión sin descuidar su salud

Pilar Cortés
La Semana Santa trae consigo procesiones que duran horas y con repetidas pausas de plantón, en las que los costaleros soportan pesados pasos a cuestas o al hombro, todo para servir como los «pies» de Dios y de la Virgen, y cargar también con la penitencia de la cruz.
Una experiencia de fe que no deja de ser de una gran exigencia física para hermanos y cofrades de todas las edades y que en la mayor parte de los casos no repiten este tipo de esfuerzos a lo largo del año. Llegan los días de Pasión y sus cuerpos, desde los hombros hasta los pies, se resienten por la carga.
Sin embargo, la penitencia no tiene por qué ser castigo y hay maneras de afrontar más sanamente las procesiones. David Martínez, vocal en el Ilustre Colegio de Fisioterapeutas de la Comunidad Valenciana, asegura que lo más importante es «no llegar frío» a la procesión. Aconseja, como mínimo, calentar la zona del cuello, de los hombros, las rodillas y dar movilidad a los tobillos.
Más técnica que fuerza
Martínez formó parte de una hermandad en su época de Secundaria y recuerda que «al final se coge mucho más peso del que inicialmente se debería porque la gente se va descolgando», por lo cual también señala que los ensayos previos son fundamentales para mejorar la técnica individual y grupal. Para obtener el sobresaliente, recomienda entrenamiento de fuerza habitual, aunque eso sí, nunca a pocos días de la procesión.
Javier Soria, fisioterapeuta con consulta en Alicante, ha compartido otras acciones no tan obvias a tener en cuenta. Una de ellas es la respiración: «Cuando hacemos esfuerzos muy grandes, hay que intentar no hacer apneas, sino mantener una respiración normal y fluida todo el tiempo».
Los fisioterapeutas invitan a las hermandades y cofradías a que fortalezcan el conocimiento de los costaleros sobre sus propios cuerpos
Otro mal hábito a evitar es apretar la mandíbula. «A veces lo hacemos inconscientemente y eso puede generar dolor de cabeza, una molestia muscular craneal».
Para Soria, es importante que aumente las hermandades insistan en la formación física de sus costaleros, porque «gran parte de la gente que participa no son deportistas y no tienen los mismos conocimientos sobre su cuerpo y les cuesta más identificar los síntomas durante las procesiones».

Costaleros de la Humildad y Paciencia ensayan, en una imagen de archivo. / Pilar Cortés
En este sentido, remarca que aunque «no es una actividad deportiva, es un esfuerzo físico muy grande» y la gente no está todo lo bien preparada que podría para ello.
Desde la base del cuerpo
Pero si hay una parte del cuerpo que sufre en las procesiones, son los pies. Ya no solo en el caso de los costaleros, sino de todos los procesionantes e incluso del público que puede durar horas parado sobre sus plantas.
María Lozano de la Hoz, secretaria del Ilustre Colegio de Podólogos de la Comunidad Valenciana y profesora en la UMH, apunta a que el problema está en llevar «un calzado específico» por la indumentaria y etiqueta del acto que no sea «amortiguado, cómodo, sujeto y ligero».
Las manolas, por ejemplo, llevan un calzado de horma estrecha y puntera en pico, muchas costaleras llevan incluso un pequeño tacón de dos centímetros, realidad contra la que alza la voz Lozano de la Hoz: «El calzado no debería ser normativo, sino uno que facilite la procesión».
Los podólogos piden que se abra la posibilidad al uso de calzado más apropiado para todos los participantes
Ana María Oltra, quien atiende en su clínica de Alicante, recomienda que «nadie compre un zapato nuevo para procesionar», pero lamenta, al igual que su colega Lozano, que la estética restrinja las opciones de un calzado más apropiado.
En todo caso, comenta que tiene pacientes que piden citas justo antes de Semana Santa para llevar los pies «sin ninguna queratosis, ni helomas, ni uñas mal cortadas que se les puedan clavar», buena forma de prevención, pero que no hace milagros para quien lleve horas procesionando sobre tacones.
La peor acción a ojos de las profesionales de la salud es cumplir penitencia descalzos. «Puedes hacerte un corte, pincharte o hasta sufrir una fractura por estrés», avisa Oltra sobre una práctica lesiva que Lozano de la Hoz describe directamente como «gore». La Iglesia pide sacrificios, pero nunca unos que atenten contra la salud, pues el cuerpo, decía San Pablo en su primera carta a los Corintios, «es templo del Espíritu Santo».
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