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Zara Reyes (Transfem País Valencià): «Hemos pasado de la calle a la universidad, pero quieren devolvernos a los márgenes»

El próximo martes se celebra el Día Internacional de la Visibilidad Trans, uno de los colectivos que más sufre la discriminación a pesar de los importantes avances de los últimos años

Esta eldense, integradora social, se ha convertido en una de las voces más claras en la defensa de unos derechos que peligran por el avance de la ultraderecha

Zara Reyes (Transfem País Valencià)

Zara Reyes (Transfem País Valencià) / Héctor Fuentes

David Navarro

David Navarro

La eldense Zara Reyes es la presidenta de la organización Transfem País Valencià, una de las más significativas entre las que representan a este colectivo, sin ninguna duda el más maltratado de todos los que forman las siglas LGTBIQ+. La denominada Ley Trans aprobada hace tres años supuso un antes y un después para ellos, pero el camino a recorrer para acabar con la discriminación sigue siendo muy largo. En especial para las mujeres trans, uno de los objetivos de las campañas de odio que difunden por redes y medios de comunicación la ultraderecha. Este martes, 31 de marzo celebran el Día Internacional de la Visibilidad Trans para tratar de ponerle freno.

La Ley Trans acaba de cumplir tres años, ¿cómo valora su aplicación?

Ha sido un avance muy importante. La ley anterior, de 2007, implicaba una cierta violencia institucional hacia las personas trans y también hacia sus cuerpos, y la de 2023, en cambio, llenó de derechos a las personas trans y les dio la posibilidad el reconocimiento de su identidad sin verse obligados a hormonarse o a someterse a cirugía. Con la ley de 2007 era obligatorio dos años de hormonación antes de cambiarte el nombre. Yo la sufrí y lo pasé muy mal. Cuando solicité el cambio de nombre -el de género todavía no podía porque no había pasado esos dos años de hormonación- la jueza me lo denegó, porque igual para ella no había suficientes pruebas de que yo era una mujer. Fue muy triste, me exigieron ir con dos personas para testificar a mi favor, como si fuera una delincuente. Tardé cinco años en tener mi documentación, con lo que implica tener una documentación que no te identifica y tener que estar dando siempre explicaciones. Era como si tuvieras que estar constantemente desnudándote ante las instituciones, la escuela, la policía...

Entonces, ¿realmente ha sido una mejora palpable?

Sí, muy palpable y que costó mucho, porque había muchas reticencias a que la ley saliera adelante. Además, nació mermada porque no incluye a las personas trans migrantes -hablamos de unas 60.000 personas en todo el país- que se han quedado fuera de la ley y que, a día de hoy, no tienen el reconocimiento legal de su identidad en sus documentos. Y también falta el reconocimiento de las personas no binarias, que tampoco está.

(En el caso de los trans migrantes, el problema es que Extranjería mantiene el nombre original que consta en los registros de sus países de origen, donde normalmente no está permitido el cambio).

¿La ley no preveía una solución para las personas trans que llegaran de fuera?

La ley decía que el Gobierno tenía un año para establecer el mecanismo para que estas personas pudieran realizar el cambio en su documentación aquí en España, pero han pasado tres años y siguen los problemas. Ya se ha registrado una queja por parte de la federación Plataforma Trans ante el Defensor del Pueblo y ahora se está moviendo el tema.

Ahora mismo, ¿qué medidas serían las más urgentes para seguir en ese camino de mejorar la vida del colectivo?

Sin duda, ese reconocimiento de las personas trans migrantes y de las personas no binarias y también garantizar una cartera de servicios sanitarios y legales a toda la población trans en España. Que no dependa tanto de las comunidades autónomas, que, en función del gobierno que haya, incluyen diferentes derechos.

¿Qué debería incluir esa cartera?

Pues que se ofrezcan las mismas cirugías en todo el estado. Por ejemplo, Navarra garantiza la feminización facial, pero eso es algo que no incluyen todas las comunidades y hay personas que lo necesitan. Porque muchas personas necesitan un «cispassing» (el hecho de que una persona trans sea percibida por la sociedad como una persona cisgénero, es decir, cuyo género coincide con el que tenía el asignado al nacer) para que su vida sea más fácil a la hora de relacionarse o de integrarse laboralmente. Porque, ojalá que la sociedad avance y algún día sea diferente, pero no podemos negar que aún vivimos en una sociedad con un canon de belleza muy marcado, sobre todo para las mujeres, y que eso es un motivo de sufrimiento para estas personas trans.

«Las atletas trans no suponen ninguna amenaza para el resto de mujeres deportistas»

¿Cómo valora la decisión del COI de obligar a las mujeres trans a competir en categorías masculinas?

Es una poca vergüenza y un paso más de la maquinaria de acoso que hay contra las mujeres trans, porque siempre es contra las mujeres trans. Hay numerosos estudios que aseguran que las atletas trans no tienen ninguna ventaja con respecto a las mujeres cis, no suponen ninguna amenaza para el resto de mujeres en el deporte. Y, aunque fuera así, son mujeres: no puedes excluir a una parte de las mujeres porque a las blancas hegemónicas europeas les moleste. ¿Qué van a hacer con las mujeres negras, que también están más desarrollados y también son diferentes a nivel hormonal? Simplemente, es una campaña de acoso y derribo contra las mujeres trans.

¿Le preocupa las consecuencias?

Es que lo peor de esto es que le da más fuerza a las TERF (término que se emplea para denominar a las feministas partidarias de la exclusión de las mujeres trans), porque ahora dirán que es el COI quien lo dice y lo utilizarán para generar más odio e intentar que se revoquen las leyes trans. No hay una ventaja clara. Precisamente, lo que dicen los estudios es que las mujeres trans que empiezan desde la pubertad con bloqueadores y hormonas no tienen ningún tipo de ventaja y con las mujeres que han comenzado más tarde tampoco hay diferencias de musculatura ni a nivel de consumo de oxígeno ni hormonal. Si es que ya se hacían controles hormonales desde hace tiempo a hombres y mujeres para equilibrar. Algo que se estaba haciendo desde hace tiempo, ahora lo están utilizando de baza para ir a por las trans. ¡Pero si es que, además, son muy pocas y apenas ganan medallas, qué amenaza van a suponer! Es muy injusto.

¿La reasignación de sexo si está incluida en todas las autonomías?

Sí, pero ahí juegan mucho con las listas de espera y las clínicas privadas se están haciendo de oro. Aunque depende de la comunidad autónoma, hay unos cinco o seis años de espera y mucha gente no puede esperar tanto.

¿En la Comunidad Valenciana también están en esos plazos?

Sí, y ha empeorado. Claro, al final la gente se está endeudando para operarse. Además, te marean, que si ahora depende de La Fe, que si ahora son los hospitales provinciales y te toca buscarte la vida e iniciar de nuevo el proceso.

¿A qué se refiere?

Bueno, fue lo que me pasó a mí. Inicié en el año 2020 una cirugía que tenía en La Fe, que era el hospital de referencia en ese momento, y luego se decidió que eran los hospitales provinciales los que tenían que asumir esa función. Me enviaron una carta diciéndome que allí ya no me iban a atender, pero no me derivaron. Y, claro, tuve que poner tres o cuatro quejas y una de las veces que llamé a atención al paciente de La Fe, la señora me dijo que lo que yo tenía era capricho y que no me iban a atender en ese hospital.

¿Aún se dan ese tipo de situaciones en la propia administración?

Sí, hay mucha violencia institucional. Lo que me dijeron es que tenía que iniciar de nuevo el trámite y así estamos.

Y el resultado es que, como decía usted, las clínicas privadas hacen negocio.

Se hacen de oro, estamos hablando de operaciones que valen miles de euros. Una vaginoplastia mínimo son 20.000 euros y las cirugías de mamoplastia o aumento mamario, ronda los 10.000. Así que a mucha gente no le queda otra que endeudarse.

¿Y cómo va el tema de la integración laboral?

Uf, está muy mal. Mire, antes muchas mujeres trans se veían obligadas a prostituirse porque nadie las contrataba, así que tenemos toda una generación de personas trans que no han podido cotizar y están desamparadas, en una situación de exclusión y pobreza muy marcada que queremos mejorar con la propuesta de Ley de Memoria Trans. Queremos que a las pocas personas que quedan de esa generación, porque muchas murieron por las drogas y otras cuestiones, que puedan tener una pensión digna. Ahora es diferente, pero siguen los problemas. Diferentes estudios señalan que el 55 % de las personas trans han sido rechazadas en entrevistas laborales simplemente por su condición; hasta el 86 % ha sufrido acoso laboral; y los datos del paro son del 41,5 % en mujeres y del 48 % en hombres. Es decir, que casi la mitad de las personas trans están en el paro y no es porque no tengan estudios o no estén preparadas. Por suerte, ahora las personas trans estamos en las universidades, hemos pasado de estar en la calle ejerciendo la prostitución a estudiar en la universidad, pero sigue habiendo una discriminación muy fuerte en el ámbito laboral, y hay quien nos quiere devolver a los márgenes de la sociedad.

Todo eso está prohibido por la ley...

Sí, pero continúa pasando.

Es decir, que ahora es un tema más social que legal.

Sí, por eso es tan importante la visibilidad. Ayer contaba en una charla la historia de una compañera mía que tenía prejuicios con las personas trans y el verte a ti, que eres una persona profesional, seria, educada ayuda mucho a desestigmatizar al colectivo.

¿Qué papel juega la imagen que ofrecen los medios de comunicación o el cine en la situación de las personas trans?

Falta normalizar mucho. Para empezar, que los papeles que haya de personas trans realmente los interpreten personas trans. Y, después, normalizar las historias, que no sean historias en las que haya tragedia, que tiene que acabar mal, con una vida horrible. Eso hay que cambiarlo y que no sea solo historias centradas en nuestra transición, porque somos personas que tienen otros muchos problemas, como los demás: tenemos que pagar impuestos, criar a los niños o cuidad a familiares, igual que todos los demás.

Zara Reyez, en otra punto de las instalaciones de INFORMACIÓN.

Zara Reyez, en otra punto de las instalaciones de INFORMACIÓN. / HECTOR FUENTES

¿Notan más rechazo entre las nuevas generaciones, que protagonizan el actual auge de la ultraderecha?

Sí. Hace solo seis años no notabas que había tanta transfobia hacia las mujeres. Porque, es curioso, pero la violencia siempre se materializa hacia las mujeres, somos objetivo político del odio. No oirás que se habla de los hombres trans en mensajes de odio, aunque también tienen sus problemas. La mayoría de los suicidios son de hombres trans, porque reprimen más sus sentimientos y no saben gestionarlos. Pero sí, estamos dando pasos atrás. En Portugal quieren recortar la ley trans, y está aquí al lado.

¿Lo percibe en su día a día?

Sí, por ponerle un ejemplo, ahora noto más rechazo de los hombres cuando estás conociéndolos. Antes estaba más normalizado, no había tanta masculinidad frágil y ahora siento más rechazo. Y también los insultos y las amenazas por redes. De hecho, es que solo desde el año pasado a este han aumentado un 40% los delitos de LGTBIfobia. Hace solo unos días le dieron una paliza a Bianca, una chica que se presentaba a Miss Trans en Zamora.

¿Por qué cree que ocurre?

Porque se están normalizando los mensajes de odio, el discurso del odio, y la gente lo va absorbiendo. Y se está poniendo a las mujeres trans en el centro de los problemas sociales, como ya ha pasado en Hungría o en Estados Unidos. ¿El problema de que no puedas acceder a un alquiler o que cobres un sueldo que no te permite independizarte es culpa de las mujeres trans? Es absurdo, pero políticamente, por algún motivo, funciona. Y a eso súmale los algoritmos y que el odio es absolutamente capitalista. El odio da mucho dinero a las plataformas.

Otro problema que sufren de forma especial es la violencia de género, ¿por qué?

Básicamente, es un tipo de violencia que está tan invisibilizada que apenas hay estudios. Está tan normalizada la violencia hacia las personas trans, que muchas personas conviven con esta violencia con cierta normalidad y no son ni conscientes de que la están sufriendo.

¿Y el sistema las trata bien cuando van a poner la denuncia?

Pues muchas veces está ese miedo de que a las mujeres trans no se les reconozca que están sufriendo esa violencia en los centros Dona o en la policía, pero sí que es verdad que, por ley, se reconoce que eres una mujer y tienes acceso a esa protección. Pero es que en materia de violencia de género aún falta mucho que hacer en general, sobre todo a nivel de protección de las víctimas.

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