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La solemnidad y el silencio del Jueves Santo envuelve Alicante

El Jueves Santo en Alicante se vivió con silencio, solemnidad y profundo recogimiento. Desde la salida de la Santa Redención y la Virgen del Mayor Dolor, pasando por la Santa Cena y el Cristo de la Paz, hasta la austeridad del Cristo del Perdón y la Procesión del Silencio de la Buena Muerte, la ciudad respiró fe y devoción

Semana Santa en Alicante 2026: El Cristo de la Buena Muerte protagoniza la sobrecogedora Procesión del Silencio

Semana Santa en Alicante 2026: El Cristo de la Buena Muerte protagoniza la sobrecogedora Procesión del Silencio / Pilar Cortés

Lydia Ferrándiz

Lydia Ferrándiz

Alicante se sumergió en un silencio denso y compartido en la tarde del Jueves Santo. No fue un vacío, sino una forma de presencia. Una pausa que recorrió las calles mientras la ciudad se entregaba a una de sus jornadas más solemnes. Entre la luz que se extinguía lentamente y la penumbra que ganaba terreno, cada procesión fue trazando un camino de recogimiento en el que el tiempo pareció discurrir de otra manera. El silencio no solo acompañó, sino que sostuvo cada instante.

La encarga de abrir el Jueves Santo fue la Hermandad de la Santa Redención y María Santísima del Mayor Dolor desde la parroquia de San Antonio de Padua, donde la salida fue uno de los momentos más delicados. La procesión avanzó con sus dos titulares, el paso de la Santa Redención y el de María Santísima del Mayor Dolor, envueltos en una atmósfera de recogimiento. Este año, la imagen de la Virgen adquirió un protagonismo especial gracias a la restauración y el baño de oro de los cuatro faroles que la acompañan, una intervención realizada con motivo del décimo aniversario de la llegada de la talla.

La nueva luz no rompió el silencio, sino que lo acentuó, iluminando con delicadeza el rostro de una de las imágenes más queridas de la ciudad. El acompañamiento musical, con la fanfarria de la Santa Redención, la Agrupación Costa Blanca y Nuestra Señora del Consuelo y la Sociedad Cultural Deportiva Carolinas, aportó solemnidad al cortejo con marchas como "Santa Redención" y "María Santísima del Mayor Dolor".

Tarde de recogimiento

Cuando la tarde comenzó a apagarse, el recogimiento se trasladó al patio de la Casa Salesiana con la Hermandad de la Santa Cena. Este año, las obras en el centro educativo marcaron una previa más íntima, restringida al ámbito de la hermandad. La salida volvió a ser uno de los momentos más sobrecogedores, con el paso de la Santa Cena abriéndose paso con dificultad en un silencio expectante. El cortejo, compuesto por los pasos de la Santa Cena, el Cristo de la Caída, el Cristo Esperanza de los Jóvenes y María Madre de Misericordia, avanzó con una cadencia que invitaba a la contemplación.

Como novedad, destacó el estreno de la marcha "Santísimo Cristo Esperanza de los Jóvenes", compuesta por Rubén Urbán, que acompañó por primera vez a la imagen titular. Además, tras la eliminación de la lectura de los versos de pasión frente a la Diputación, la hermandad reforzó el encuentro final entre los cuatros pasos en la Rambla de Méndez Núñez, donde la estrechez del espacio intensificó el recogimiento del momento.

Desde el barrio de Benalúa, la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad y Caridad y Cristo de la Paz salió con un cortejo marcado por la sobriedad y el arraigo. La nueva junta de gobierno imprimió cambios organizativos que reforzaron la identidad de la procesión. El recorrido mantuvo enclaves como la plaza Navarro Rodrigo o la estación de penitencia en Nuestra Señora de Gracia, introduciendo variaciones en su tramo final, alcanzando el Ayuntamiento por la calle Mayor. Entre sus titulares, el Cristo de la Paz y Nuestra Señora de la Piedad y Caridad avanzaron en un ambiente de profundo respeto.

Fue en la avenida de la Constitución donde tuvo lugar uno de los momentos más representativos del Jueves Santo alicantino: el encuentro de pasión entre el Cristo de la Paz y María Santísima del Mayor Dolor. En el apartado musical, destacó la recuperación de marchas como "Mystica" o "El Señor de Benalúa" aportaron nuevos matices a una procesión profundamente enraizada.

La noche más íntima

Con la noche ya cerrada, Alicante se adentró en el silencio más profundo con la salida de la Hermandad Penitencial del Perdón desde la concatedral de San Nicolás. Conocida como "la de los sacos", su procesión volvió a distinguirse por la austeridad y la ausencia de luz. El cortejo, formado por el Cristo del Perdón y la Virgen María Medianera de Todas las Gracias, avanzó al ritmo del tambor y el rezo del rosario. Este año, la celebración del 70 aniversario de la hermandad marcó una edición especialmente significativa. La Virgen estrenó una nueva vestimenta, donada por miembros de la propia hermandad, rompiendo de forma con la sobriedad habitual. Además, recuperó un elemento simbólico de su historia: tres rosas rojas, en representación de los tres clavos de Cristo.

La procesión incorporó unos clavos reliquia cedidos por la familia Salvetti, una de ellas una reliquia de Santa Gema y otras vinculadas a los papas Borgia. Durante la salida de los tronos desde la concatedral de San Nicolás, se interpretó al órgano y trompeta una pieza del funeral de la reina Mary de Henry Purcell, intensificando la solemnidad del momento. La participación del colegio CEU Jesús María reforzó el carácter comunitario de la procesión.

La jornada culminó con la Hermandad del Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora de las Angustias, cuya Procesión del Silencio volvió a sumir al Casco Antiguo en una quietud absoluta y en cuya vigilia previa estuvo presente el expresidente de la Generalitat Carlos Mazón, portador del Cristo hasta 2024. Desde la Puerta Negra de la concatedral de San Nicolás, el cortejo avanzó entre sombras, donde el silencio no era solo respeto, sino lenguaje. Tras el sonido inicial de la fanfarria, el silencio se impuso con rotundidad.

Las estrechas calles amplificaron cada paso, cada respiración contenida, en una procesión donde el recogimiento alcanzó su máxima expresión. El Cristo de la Buena Muerte, talla anónima del siglo XVI, y Nuestra Señora de las Angustias, la única imagen en Alicante atribuida a Francisco Salzillo, avanzaron entre promesas y miradas emocionadas. El canto de los misereres, en puntos clave del recorrido, añadió una dimensión aún más profunda a una experiencia que trascendió lo visible.

Cuando la noche terminó de cerrarse sobre Alicante, el silencio permaneció suspendido en el aire. Un silencio lleno de significado, que convirtió el Jueves Santo en una vivencia compartida de solemnidad, memoria y fe.

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