Seis meses de soledad obligada en Alicante: "No tengo ilusión por nada"
Desde que el Ayuntamiento de Alicante cerró el Servicio de Estancias Diurnas de la plaza América, sus más de 30 usuarios aseguran que han empeorado sus condiciones físicas y psicomotrices. Reclaman la apertura urgente de un nuevo espacio, anunciado por el alcalde Luis Barcala, del que nada se sabe por ahora

Jose Navarro
El 15 de agosto de 2025 es un día marcado en negro en el calendario de una treintena de personas mayores de Alicante. En ese momento, hace ahora más de seis meses, su vida cambió por completo, de un plumazo y contra su voluntad. Con el cierre del Servicio de Estancias Diurnas (SED) de la plaza América, los usuarios del Centro de Día se vieron forzados a vivir en soledad. Ahora, medio año después, continúan a la espera de que se materialicen las promesas del Ayuntamiento, que mantiene la reapertura del centro con un solo euro reservado en el presupuesto municipal, pendiente de una futura modificación de crédito.
Aunque fuentes municipales han indicado que ya se ha escogido una ubicación alternativa y se está elaborando el anteproyecto para su conversión en un nuevo Centro de Día, los antiguos usuarios del SED han criticado ante el Síndic de Greuges que "no se ha puesto en funcionamiento ningún recurso público equivalente que sustituya de forma real y efectiva las funciones que desempeñaba dicho servicio produciéndose una ruptura del principio de continuidad existencial".
Además, denuncian que, desde el pasado mes de agosto, la situación de los más de treinta afectados por la clausura del SED es bien distinta a como era el pasado año. "El alcalde, que es tan festero, con las Hogueras está loco y con las personas mayores que no tenemos para nada nos ha tirado a la calle. No hay derecho, me iba muy bien ir al centro y hemos estado muchas personas ahí. ¿Por qué nos ha tirado a la calle? Que piense que tiene madre y que a nosotros no nos hace caso, nos ha dejado como un mocho", lamenta Rosa, que ha recibido a INFORMACIÓN en su casa. Tanto ella como sus familiares aseguran que, en este tiempo, sus condiciones físicas y psicomotrices han empeorado por la falta de estimulación y ejercicio que le proporcionaban las actividades diarias del SED. En la misma línea, Rosa Picó lamenta que ya no tiene "ilusión por nada", ni siquiera por levantarse o desayunar. "La soledad es muy mala, te cansas de estar sola y las ideas no son muy buenas..." añade con pesar.
Los usuarios, caso por caso
Al igual que ellas, sus 31 compañeros del ya extinto SED urgen una solución al deterioro de su calidad de vida. En este sentido, los afectados han remitido un informe al defensor del pueblo valenciano, alertando de su estado de salud actual. En él, se concreta, caso por caso, cómo les ha afectado la clausura del Centro de Día:
A. P. C. acudía regularmente, tras el cierre, la familia solicitó atención a Servicios Sociales, la cita concedida le fue anulada el mismo día sin que hasta la fecha se haya vuelto a contactar para nueva valoración. Actualmente, se encuentra sin atención social efectiva y sin alternativa al recurso perdido.
A. G. R. permanece la mayor parte del tiempo aislada en su domicilio, con escasa actividad y ausencia de socialización, continúa pendiente de valoración del grado de dependencia y se encuentra en lista de espera para acceder a algún recurso similar.
C. H. es una persona con graves problemas de salud y dolores crónicos, presenta un empeoramiento significativo con largos periodos en cama, mala adherencia a la medicación y disminución de la movilidad. Vive sola gran parte del día y recibe únicamente una hora diaria de ayuda a domicilio.
A. M. I. vive sola y no tiene hijos, contando únicamente con apoyo ocasional de sobrinos. Se ha incorporado a actividades puntuales en un centro de mayores sin que conste valoración de dependencia ni concesión de recurso asistencial estable.
E. B. F. vive con su hija y percibe una prestación económica aproximada de 315 euros mensuales, vinculada al cuidador no profesional. Resulta insuficiente para compensar la pérdida del SED y no garantiza una atención equivalente.
E. G. H. vivía sola mientras acudía al centro, continúa en situación similar. Dispone de ayuda a domicilio dos veces a la semana, concedida anteriormente al cierre. Ha sufrido una infección recientemente y la familia valora retirarle su independencia ante la falta de apoyo suficiente para ello.
F. M. A. C. se encuentra en lista de espera para acceder a un Centro de Día o un recurso equivalente, sin que se le haya ofrecido hasta la fecha ninguna solución efectiva.
I. C. C. vive sola y es atendida puntualmente por su hijo. Desde la clausura, presenta un estado depresivo acusado, habiéndose visto claramente afectada por la pérdida del recurso que estructuraba su vida diaria.
I. G. R. no puede permanecer sola en ningún momento. Ante la existencia de una opción pública equivalente, la familia se ha visto obligada a contratar a una cuidadora privada a tiempo completo, asumiendo íntegramente el coste.
J. J. F. B. vive solo y es atendido por su hijo, dispone de apoyo privado dos días a la semana. Los recursos ofrecidos por la administración no se adaptan a su delicado estado de salud y no tiene acceso a teleasistencia pública.
J. M. L. es una persona viuda y sin hijos, atendida por alguien de su entorno. Ha sufrido una enfermedad grave con hospitalización reciente y, en la actualidad, no dispone de apoyo en su domicilio.
J. P. D. vive en soledad, con supervisión puntual, se le han ofrecido actividades esporádicas en centros de mayores, pero nada equivalente al SED. Dispone de ayuda a domicilio concedida antes de la clausura, que no ha sido ampliada después.
J. S. R. ya disponía de teleasistencia, pero presenta deterioro cognitivo significativo y una situación familiar compleja. El cierre ha supuesto una pérdida importante de apoyo, estimulación y seguimiento en su vida.
M. R. reside con su esposa, que se encuentra en tratamiento de diálisis. Presenta deterioro cognitivo grave y es atendido fundamentalmente por su hijo, no dispone de recursos públicos suficientes.
M. A. también sufre deterioro cognitivo y comparte domicilio con su marido, de edad muy avanzada. El SED suponía un alivio fundamental para el cónyuge-cuidador, que actualmente se encuentra sobrecargado.
J. M. L. R. vive sola y presenta principio de alzhéimer. Ante la falta de soluciones públicas, la familia ha tenido que apuntarla a un Centro de Día privado, destinando a ello la totalidad de su pensión. Actualmente está enferma y uno de sus hijos debe atenderla día y noche. Servicios Sociales no ha concedido ningún apoyo adicional.
M. M. P. se encuentra en casa de su hija, con apoyo privado para su limpieza y aseo. No ha recibido ningún recurso adicional por parte del Ayuntamiento.
M. R. G. P. vive sola y después de la clausura del SED la única respuesta recibida ha sido la facilitación de contactos de empresas privadas, debiendo asumir el coste de cualquier servicio.
R. J. A. es una persona con diabetes y constantes vitales descompensadas. No cuenta con compañía, lo que supone un riesgo evidente para su salud. Ha sido hospitalizada y presenta un estado depresivo acusado. Dispone de ayuda a domicilio pero es insuficiente para su situación.
M. T. C. G. vive sola y dispone de teleasistencia tras valorar su situación de dependencia. A pesar de ello, manifiesta que los recursos actuales no sustituyen al SED, que cubría necesidades de socialización y seguimiento.
M. A. E. V. reside con su hija, que trabaja todo el día, permaneciendo solo gran parte de la jornada. Presenta párkinson y deterioro cognitivo. Únicamente acude dos horas semanales a un centro de mayores. Está en lista de espera para asistir a algún Centro de Día de carácter privado.
P. G. no tiene ningún recurso concedido ni compañía en su domicilio. Presenta síntomas claros de depresión y aislamiento social.
J. R. E. vive sola y dispone de ayuda a domicilio, aunque presenta deterioro cognitivo y requiere de supervisión por parte de su familia. A pesar de ello, pasa gran parte del día sola y la clausura del SED le ha supuesto una pérdida de apoyo y socialización.
J. M. L. presenta un estado anímico muy bajo, supervisada por sus hijos. No se le ha concedido ningún recurso público.
M. P. H. F. vive sola y su hija trabaja fuera todo el día. Fue derivad a a un centro privado pero no se adaptó por no corresponderse con su perfil funcional. Permanece aislada y deprimida. La teleasistencia le ha sido denegada y tiene reconocido el grado II de dependencia. No puede salir sola porque se desorienta.
R. S. persona con elevado deterioro cognitivo, que vive solo pero atendido por familiares y una cuidadora privada. Se desconoce la existencia de recursos adicionales tras el cierre.
R. E. M. persona con cáncer en fase avanzada, vive sola y cuenta con atención a domicilio diaria, sin que ello sustituya las funciones del SED clausurado.
R. P. F. es atendida por su hijo y por su nuera fuera del horario laboral. Dispone de cuidadora privada para tareas puntuales y pasa la mayor parte del día sola frente a la televisión.
R. S. R. tiene ayuda a domicilio y teleasistencia, es diabética y recibe supervisión ocasional de sus nietas, permaneciendo sola gran parte del día.
S. V. H. vive con su nieto, que actúa como cuidador no profesional, por lo que percibe la prestación económica correspondiente sin otros recursos que sustituyan al Centro de Día.
V. O. C. tiene un deterioro cognitivo avanzado. Pese a ello, vive sola, ya que no cuenta con familia en Alicante. Tenía ayuda a domicilio antes de la clausura del SED, pero se desconoce su situación actual, lo que resulta especialmente preocupante.
M. M. F. vive con su hija, pero se desconoce si dispone de algún recurso concedido tras el cierre del centro, sin que conste un seguimiento específico.
N. T. también vive sola, por lo que tiene concedido el servicio de Menjar a Casa y ayuda a domicilio. Desde el cierre del SED, presenta síntomas depresivos y empeoramiento del bienestar emocional.
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