8-M TODO EL AÑO
Alexandrina Moura Da Fonseca Maia: «No quiero ir ni delante ni detrás, quiero ir al lado»
8 de abril. En el Día Internacional del Pueblo Gitano se conmemora el I Congreso Mundial Gitano celebrado en Londres en 1971, donde se instituyeron su himno y su bandera

Alexandrina recibe el Premi 9 d’Octubre por acciones a favor de la igualdad y por una sociedad inclusiva de manos de Ximo Puig ante la presencia de Pedro Sánchez en el Palau de la Generalitat, 2018. / Arakerando
Son las 11 de la mañana del lunes 11 de febrero de 2008; la Sala de Columnas del Congreso de los Diputados reúne a más de 350 mujeres gitanas para escuchar el primer Manifiesto del Foro de Mujeres del Instituto de Cultura Gitana (ICG). En el acto, presidido por la entonces vicepresidenta primera Carmen Calvo, intervienen el director del ICG, Diego Fernández; la responsable del Patronato de ICG, Beatriz Carrillo y su coordinadora del área de mujer, Alexandrina Da Fonseca. Este Manifiesto, explica Drina —como así la nombran sus amigos— «contiene una reivindicación para la igualdad de oportunidades desde la unidad y la libertad de expresión y decisión; desde el compromiso personal y el respeto más profundo por los valores fundamentales de nuestro pueblo y desde el orgullo como gitanas y nuestra convicción de ser mujeres de hoy, europeas y del siglo XXI». Recoge, en sus catorce acciones, claves para el desarrollo de la mujer gitana: educación igualitaria en el núcleo familiar, universidad y acceso al mercado laboral; la conciliación y corresponsabilidad familiar; además de planes de igualdad e incorporación femenina en todos los ámbitos sociales y estudios rigurosos que fomenten el progreso y la cosmovisión de la mujer gitana. Saben que romper con lo establecido entraña muchas dificultades, aunque están convencidas de su logro «Todas juntas. Sin miedo a la libertad», según concluye su Manifiesto.

Alexandrina con sus hermanos José y Armenio (pequeño). / Colección familiar
Casi veinte años después, y mientras atardece en Gran Alacant, Drina expone que para los gitanos «la familia es lo más importante» y, «sin ser mi familia de sangre, también he sentido que eran algo mío, y me he comprometido con muchas personas y mujeres». Había que avanzar lento, «era casi imposible salir sin los maridos y, miguita a miguita, lo fuimos consiguiendo, hasta poder irnos de viaje y pasar noches fuera; y lo más importante, las gitanas que tenían niños pequeños, los dejaban con sus maridos. Y eso era bueno. Ellas me querían y ellos me odiaban. La vida ha sido muy difícil para las mujeres de los 70 que empezábamos a querer hacer cosas. Más aún, siendo mujer gitana y viviendo en un país que no es el tuyo. Esa soy yo, nací en Lisboa en 1954, tuve mi primer hijo con 15 años, mi pareja es paya, fui abuela con 36 y bisabuela a los 54; tienes que andar toreando siempre, intentando que la balanza no se incline más de un lado que de otro». Drina añade: «Nosotras no tenemos vida, pertenece a los demás; padres, hermanos, maridos, todos dicen lo que tenemos que hacer. Es muy duro, pero es real. Otra cosa es que tú lo permitas; parece que los hombres son los que mandan, pero las mujeres son quienes les asesoran; tienen un papel importantísimo con los maridos, pero no pueden hablar públicamente, no deben, aunque sean asuntos oficiales».

Al fondo, desde la izda.: Alexandrina, Rosa Peris, Carmen Calvo, Diego Fernández y Beatriz Carrillo; en primer término, Esperanza Fernández. Sala de Columnas del Congreso, 2008. / Congreso de los Diputados
Lealtad
Antes de 1998, fecha en que se convierte en presidenta de la Asociación de Mujeres Gitanas Arakerando, Drina lleva ya un largo trecho avanzando en su compromiso con la inclusión real del pueblo gitano, que «somos todos, mujeres y hombres», y aclara «no quiero ir ni delante ni detrás, quiero ir al lado». Recuerda sus primeros trabajos, «cuando respondía que, aunque morenita, pelo rizado, y portuguesa, mi origen era Brasil, sabía que no tenía que decir que era gitana. Nosotros no somos independientes, cuando alguno hace algo malo —nunca oyes decir que los gitanos son buena gente— se generaliza y aunque hay gente trabajadora —como en todas las comunidades— lo negativo se eleva al máximo. No hay forma de romper esos prejuicios de golpe, son años y años de lucha». Desde pequeña aprendió de su familia a «echar una mano a quien tuviera problemas» y así siguió; comienza a reunirse, a formar parte del «movimiento», «al principio éramos cuatro o cinco personas, buscábamos gente creíble, referentes, activistas que aportaran, y libres, sin afiliación; íbamos por delante y algunos después formábamos parte del embrión de diferentes asociaciones». Así, Drina, Premio Lola Puntes 2026 por su trayectoria, ha formado parte de Unión Romaní, Fundación del Secretariado Gitano, primera mujer en la Junta Directiva de la Federación Autonómica de Asociaciones Gitanas de la Comunidad Valenciana, Consejo Valenciano del Pueblo Gitano e ICG del Gobierno español.
Es en el ICG donde Drina vuelve a encontrarse, a quien conocía del «movimiento», con Margarita Pin Arboledas (Valencia, 1949), diputada en las Cortes por el Partido Socialista entre 1996 y 2011. Como funcionaria de la Generalitat Valenciana desarrolló su labor «con gitanos», dedicándoles «casi cuatro décadas de su vida profesional y política». Marga, paya y orgullosa al tener tratamiento de «prima» por parte de Drina, está jubilada y prefiere reconocerse como «activista gitana». Recuerda que «el ICG estaba en el programa electoral de Rodríguez Zapatero y se constituyó en 2007». Drina y Marga fueron nombradas asesoras, hasta ser un total de quince —trece de etnia gitana— coordinados por Diego Fernández. Rememora Marga: «Durante 17 años y con gobiernos de diferentes partidos, compartimos acciones en el ICG y, en 2025, desde el Ministerio de Cultura cesaron al director; ante la falta de explicación, la solicitamos y como ésta no fue convincente, trece de los quince asesores dimitimos. Formábamos un equipo muy compacto, como una familia; fuimos leales a quien nos nombró; he aprendido que entre los gitanos hay una solidaridad tremenda, y eso creo que en el mundo payo no existe». Consultada Drina sobre la noticia de que el cese del director se produjo por presentar y cobrar gastos indebidos durante su gestión, afirma que «es una manipulación política, al fin y al cabo, éramos gitanos».

De pie y desde la izda.: Marga Pin, Antoni Francesc Gaspar, Diego Fernández y Alexandrina; detrás, gitanos europeos y sujetando la bandera, jóvenes gitanas de Arakerando Elda. III Congreso Internacional de Cultura Gitana, Valencia, 2022. / Colección familiar
Para Marga, «la líder de la mujer dentro del movimiento gitano es Drina, el sacrificio y el esfuerzo que tenía ella, no lo tenía yo, aunque tengo hijos también; me admira su empoderamiento personal y su dignidad gitana, además de lo que protege a su gran familia» y recuerda los años juntas en el ICG, «además de charlas a mujeres, gente joven, en universidades; dimos forma al Manifiesto de Mujeres Gitanas y organizamos, entre otros, el primer encuentro internacional de mujeres gitanas en 2011. Algunas mujeres que acudían nos decían, yo soy gitana, pero si lo digo me discriminan». De hecho, continúa Marga: «Creo que la mujer gitana es discriminada por ser gitana y por ser mujer; también creo que tienen unos valores de los que muchas payas deberíamos aprender: constancia, sacrificio, entrega, convicción de que hay que ayudar a su pueblo y de su lucha para no ser marginadas fuera o dentro de su comunidad». Para comprenderlo mejor, «es necesario conocer cómo funciona la sociedad gitana, donde prevalece un patriarca que vela para que la mujer esté en casa, cuidando de los hijos». Parecería que el pueblo gitano es machista, pero Drina aclara que «después de ver todo lo que veo en la población no gitana, los gitanos son muy normales; no hay noticias de que hayan matado a mujeres gitanas».
Inclusión real
Cuando en 2019, el Gobierno del Botànic II constituyó el Consejo Valenciano del Pueblo Gitano (CVPG), Drina es nombrada vicepresidenta primera representando a las vocalías sociales y se encuentra, entre otros, con el presidente de la Federación Maranatha de Asociaciones Gitanas, José Alfredo Maya Maya (Madrid, 1973), un «gitano por los cuatro costados», como él mismo se define. José Alfredo explica que conoce a Drina desde «su juventud» y que es «un referente en la lucha por mejorar y visibilizar a nuestro pueblo» y hasta 2024, que terminó el mandato de Drina, han estado «luchando codo con codo en el CVPG». José Alfredo va de reunión en reunión, también en Madrid, mientras resume la labor de Drina: «Defensa de derechos e inclusión, destacando su implicación contra la discriminación, promoviendo la igualdad de oportunidades en educación, empleo y vivienda; enseñanza y concienciación, ayudando a romper estereotipos sobre la comunidad gitana; mediación intercultural entre instituciones y el pueblo gitano, facilitando el diálogo y que las políticas públicas realmente funcionen; preservación cultural, defendiendo sus tradiciones y promoviendo el orgullo de pertenencia sin renunciar a la inclusión y, por último, un trabajo en el que Drina sobresale, el empoderamiento de la mujer gitana». A los problemas ya mencionados con los que se enfrenta la mujer gitana, suma lo que considera «el punto clave, donde todo se decide: la educación, el abandono escolar en los primeros años sigue siendo uno de los factores más determinantes, además del matrimonio temprano, priorizar la familia y sus cuidados o menor autonomía individual». El pueblo gitano, continúa «quiere la inclusión igualitaria en la sociedad, que se respeten su identidad cultural y tradiciones», quedando aún mucho camino por recorrer; y «hay que conseguir algo clave, que cada vez haya más voces gitanas en política, arte, universidad y medios».

Colaboradoras y asesoras del Instituto de Cultura Gitana en la entrega de los Premios 8 de abril; en el centro y detrás de Alexandrina, Estrella Morente. | COLECCIÓN FAMILIAR
Drina, por su parte, resume: «Es imposible hacer política para gitanos sin gitanos». Así, es partidaria de involucrar a las mujeres en Arakerando cuando se esfuerzan y tienen interés. Josefa Santiago Oliva, vicepresidenta de Arakerando, explica cómo nació esta asociación, «para reivindicar viviendas sociales, de la mano de dos monjas seglares, Amparo Camarero y María Dulce Castelar, un sacerdote, y varios gitanos, como Eugenio y José Cabeza, Tío Salvador, Constantino Correas, presidente antes que Drina y compadre de Armenio Da Fonseca, padre de Drina, a quien llamaban «el rey», según una entrevista publicada en INFORMACIÓN en 1975, donde anunciaba la primera misa flamenca en la ciudad. Cuando regresan sus padres a Portugal, y Drina tiene tiempo libre, se ofrece como voluntaria en Arakerando, fue la primera gitana en hacerlo. Y como había desempeñado multitud de trabajos, aportaba experiencias de todo tipo y, sobre todo, acumulaba lo más importante, la vivencia de la lucha por los derechos gitanos desde todos los programas municipales, provinciales, autonómicos y nacionales que surgieran —revive cómo a Los polvorines subía casi a gatas porque su Marbella no podía—. Cuando le dicen «tienes muchísimos recursos y soluciones para todo», ella piensa que «la vida se lo ha enseñado» y que hay que «ir cambiando el interior de tu mochila, dejando por el camino lo inservible, perdiendo cosas y ganando otras en la lucha por conseguir algo» dice Drina mientras sonríe. En la actualidad, y con una veintena de profesionales «se imparten formaciones a cerca de 250 personas entre Elda y Alicante». En Elda «llevamos ya dos décadas, allí empezó Drina», explica Josefa. Hay variedad de talleres: empleo, salud, empoderamiento, formación básica, dirigidos a mujeres y hombres, gitanos y payos; además se ayuda en la gestión de casi 2000 trámites anuales, y existe un programa muy completo de apoyo escolar.
Autodidacta

Alexandrina, en la sede de Arakerando. | ARAKERANDO
Drina es la segunda mujer de ocho hermanos y seis hermanastros. Su padre decía «No gano para dar carrera a tantos hijos, pero sí para vivir en un buen barrio donde aprendan educación y acciones correctas. He crecido en lugares donde no vivían gitanos, aunque los visitábamos constantemente, porque mis padres nos llevaban». Drina supera los estudios primarios en Lisboa. Entonces «me cerraba en mí misma, no podía entender que en el colegio no me quisieran, me vieran rara». Con nueve años lleva las cuentas del quiosco de prensa de su abuela materna que no sabía leer ni escribir —registraba con cruces, puntos y rayas cada reparto en una libretita— y redacta cartas para el «movimiento». Así nació su solidaridad y siguió creciendo, hasta ver cómo la ayuda y consejo prestado a otras familias que visitaban a sus padres, y la persecución que sufrían las minorías, precipitó que tuvieran que abandonar Portugal. Para sus dieciséis ya están en Alicante, pasando antes por Francia, Sevilla, Málaga y Valencia. «Mi padre decía que las normas están para romperlas y pensaba que yo tenía mucho potencial, por eso me permitía asistir a todo, para que aprendiera; él tenía una mente muy abierta, había salido de casa con 14 años y viajado mucho; me hacía sentir reina e impedía que mis hermanos me mandasen tareas; creo que salir a trabajar o estudiar fuera del núcleo familiar, te da una visión totalmente diferente y piensas ‘yo puedo hacerlo’». Al hablar del camino recorrido, Drina revive «reuniones donde prácticamente todos eran hombres, pero no me acobardé y me hice respetar» y las cuotas le parecen «fatal, las mujeres tienen que estar porque lo valen y con el mismo derecho que los hombres».
Drina sigue aprendiendo cada día, si «tú me hablas mal, yo te contesto con bien; con mi palabra, sin gritar, puedo callar a cualquiera, también a los hombres, sé dar bofetadas sin mano». Recuerda a su familia, sus padres, sus abuelos, «me enseñaron a ser comprensiva, tolerante, práctica y dadivosa», y es lo que transmite a los suyos «sed generosos porque la vida lo ha sido con nosotros; lo único que me acobarda es la falta de salud, de lo demás, no tengo miedo a nada. Siempre adelante».
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