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Arribar i Pouar, la primera barraca popular en las Hogueras de Alicante

En 1978 un movimiento juvenil desafió a la Gestora y abrió la Fiesta a todo el público, con un espacio de entrada libre entre la calle Tucumán y la de José María Py que fue el pistoletazo a una nueva concepción de las Hogueras. Vinculados a la izquierda, buscaron hacer populares unas fiestas que no lo eran tanto y apostaron por la cultura del País Valencià

Varios de los miembros fundadores de la barraca Arribar i Pouar, incluida la belleza.

Varios de los miembros fundadores de la barraca Arribar i Pouar, incluida la belleza. / INFORMACIÓN

Ramón Pérez

Ramón Pérez

Plena noche de Fogueres. Calor, música a tope, mucha peña y ojos vidriosos. En la confluencia entre las calles Tucumán y José María Py no cabe un alma. De pronto, un tipo se sube a la barra y grita a la gente: «Ya hemos hecho 100.000 pesetas, estáis invitados a una ronda». Otro, arrinconado por pura necesidad de huir de aquella algarabía, observa la imagen y no puede más que sonreír. «La que hemos liado», se dice para sí. Aquella explosión de felicidad sin restricciones responde a las noches de fiesta y libertad que se vivieron en las Hogueras de 1978, las primeras de la historia que tuvieron una barraca popular en la ciudad de Alicante.

Aquel hito, que provocó un cambio en la concepción de la Fiesta que dura hasta hoy, respondió a la osadía de unos jóvenes alicantinos de origen diverso que sintieron la necesidad de desafiar las normas establecidas. «Éramos unos mañacos que queríamos hacer la revolución», rememora Antonio Sánchez, que responde al mote cariñoso de «Gigi» y que fue uno de los que formaron aquella barraca pionera a la que llamaron Arribar i Pouar.

«A principios de 1978, las Hogueras eran un mundo cerrado, de señoritos, donde no entraba nadie, y quisimos que fuera una fiesta popular e hicimos hasta que pudimos», explica Gigi. Y vaya si lo hicieron, en tiempo récord y sorteando obstáculos para que el 20 de junio la Fiesta fuera abierta y no solo para cuatro. Esos jóvenes inquietos eran alrededor de una veintena y se conocían de diferentes actos reivindicativos en aquella Alicante recién abierta a la democracia. «Siempre estábamos pegando tumbos en la manifestación de aquí, en la de allá…», recuerda Gigi. La mayoría de ellos estaban organizados en partidos políticos: unos en la Liga Comunista Revolucionaria, otros en la Federación de Juventudes Libertarias, también anarquistas, trotskistas… «Pero aquello lo hicimos porque creíamos que la fiesta auténticamente popular es la que no presenta ninguna barrera», recuerda Mariano Sánchez Soler, otro de aquellos pioneros. «Fue una acción de contestación social, de dar una respuesta diferente a unas fiestas que no eran todo lo populares que debían ser», asegura Silvia Ramírez Pacheco.

Lo primero que tuvieron que hacer fue entrar dentro del sistema para poder cambiarlo. Era marzo, a tres meses de la Fiesta. El requisito: buscarse una hoguera para ser su barraca y luego buscar unas 400.000 pesetas para costear todos los gastos (equipo de música, bebida, vallas, pagar a los artistas…). Lo primero fue la comisión, la de José María Py. «Yo creo que allí había algún pez gordo y dijeron mejor tenerlos cerca por si la lían», revela Gigi. Lo segundo, la pasta, ya fue más complicado. «Es que éramos unos chiquillos y estábamos pelados», recuerdan entre risas. Movieron cielo y tierra, se reunieron en asambleas improvisadas en la casa de uno, en la de otro, o en plena calle, y de ahí salieron propuestas para recaudar fondos.

Pegatina que se diseñó para promocionar la barraca en 1978.

Pegatina que se diseñó para promocionar la barraca en 1978. / INFORMACIÓN

La de más enjundia tuvo lugar en el cine terraza de Carolinas, cuyo dueño era amigo de la familia de Gigi. Se pensó en hacer varios espectáculos pero poca gente compró entrada y, para colmo, a mitad de actuación salió un tipo al escenario y gritó: «¡Vamos a quedarnos todos en pelotas!». Una movida. «El dueño nos quiso matar, aunque luego se portó y no nos cobró el alquiler del local», revela Gigi. Resultado del primer amago recaudatorio, un fracaso.

Pese a ello, se tiró del boca a boca para salir adelante. Que hacía falta una furgoneta para ir y venir, la ponía Manolo Ruano, que era de los pocos que tenía carné. Un presidente, pues Mariano Sánchez Soler; un tesorero, Gigi; una belleza, María, la hermana pequeña de ambos… Y así con todo. Del equipo de sonido se encargó José Ramón Celdrán, que entonces era locutor en Radio Alicante, donde aquellos jóvenes también se pasaron para hacer publicidad de la flamante nueva barraca. De las bebidas, Antonio Defez, alma máter del proyecto y cuyos padres regentaban la conocida cafetería Leuka y tenían mano con los proveedores. Las barras, de madera, cosa de Amador Navarro en la comuna anarquista de Ciudad Jardín. «La música la llevamos nosotros también, yo recuerdo que cogí la mayoría de mis vinilos más bailables, que por cierto luego no recuperé», confiesa Silvia Ramírez, protagonista de aquella aventura.

Las Hogueras

El éxito fue rotundo, barraca llena todos los días y oferta variada. Se pensaron actividades para niños a media tarde, actuaron los payasos catalanes Germans Poltrona y hubo presencia de dolçainers y conciertos de los grupos Corranda y Geyser. «Todo eso lo movió Lluís Avellà, que tenía muy buenos contactos», cuenta Gigi. La portada de la barraca fue obra del artista Juanjo Hernández y esa veintena larga de entusiastas hizo de todo: turnos de barra, de limpieza, de montaje, repartieron pegatinas de la barraca… Fotos de todo aquello, apenas queda un posado de unos cuantos antes de entrar en faena. «Vivíamos la vida, no la retratábamos, lo nuestro era el arte efímero; quien estuvo, lo disfrutó; quien no, se lo perdió», cuenta María Jesús Ivorra, que recuerda que ni siquiera tenía 18 años entonces.

En aquella Arribar i Pouar cupo todo el mundo. «En los movimientos underground siempre hemos cabido todos, no hacíamos distingos; había profesores, reponedores, bolleras, yonquis, en definitiva gente que teníamos curiosidad», indica Ivorra. Quizás ésa fue la llave del éxito, abrir la puerta de la Fiesta a todos: «Quisimos hacer algo que no había en las otras barracas, algo de carácter popular y reivindicativo de la cultura del País Valencià», prosigue Víctor García, otro integrante. «Allí se unieron centenares de jóvenes progresistas, vinculados a la cultura libertaria y de izquierdas que soñaban con una fiesta realmente popular donde la democracia se abriera paso entre tanta parafernalia», aclara Sánchez Soler.

Tarjeta identificativa de la barraca Arribar i Pouar, con Mariano Sánchez Soler de presidente.

Tarjeta identificativa de la barraca Arribar i Pouar, con Mariano Sánchez Soler de presidente. / Archivo Municipal de Alicante

Hubo incidentes, claro. En la previa Antonio Defez perdió dos dedos por parar con el pie un buen petardo que amenazaba con destrozar lo que ya estaba montado. La Gestora también trató de torpedear a última hora la salida de aquella barraca progresista. «Se inventaron cualquier excusa y una de ellas fue obligar al presidente a hacerse una foto con la chaqueta de foguerer», recuerda Sánchez Soler. «Se tuvo que vestir de cucaracha, como se decía entonces», cuenta entre risas Víctor García. También el día 23 desapareció buena parte de lo recaudado. «Hubo uno que estaba y luego no se supo más de él, pero bueno ya ha pasado mucho tiempo», coincide la mayoría.

Legado

De aquellos pioneros copiaría el Ayuntamiento solo un año más tarde la idea y en 1979 montaría una barraca popular en Campoamor, precisamente al lado de donde se movería Arribar i Pouar en su segunda edición y donde también se ubicaría la del Tio Cuc tiempo después. La oferta se fue diversificando, aparecieron barracas abiertas aunque organizadas por partidos políticos como el PC o el MC, las de las radios en la playa, el Ayuntamiento iría moviendo su barraca popular a lo que hoy es el parking de la Lonja, al paseo de Gadea… «Los racós como se conocen hoy nacieron a partir de aquello, pero sea como fuere, las Hogueras no han sabido captar a la juventud para la Fiesta, ahora es muy comercial, las empresas hacen su negocio y cada vez es menos participativa y más encorsetada», lamenta Gigi. «Tras aquello se pudo hacer una Fiesta democrática, pero ha quedado un nacional-folklore pseudotelevisivo», incide Sánchez Soler.

Significados políticamente y con el nombre en valencià, Arribar i Pouar incluyó en varios de sus bocetos publicitarios la senyera. «Fue una defensa de nuestra cultura e identidad sin precedentes, pero alguna amenaza sí que sufrimos», relatan. Gigi le quita algo de hierro: «En la cremà fuimos con las senyeras a la hoguera que nos había aceptado y hasta hubo alguno que quiso bailar con la belleza». Desvanecido en el tiempo aquel fogonazo reivindicativo en las Hogueras, la mayoría de ellos continuaron dando «guerra» en diversos colectivos como La Tripa del Moro, la Mesa de Carnaval, Alacant Desperta, la Colla de Dimonis o Els Nanos i Gegants.

Pegatina que se diseñó para promocionar la barraca en 1978.

Pegatina que se diseñó para promocionar la barraca en 1978. / INFORMACIÓN

Gigi estuvo en muchos de esos colectivos y trabajó como administrativo en la Diputación; Silvia Ramírez fue trabajadora social y una reputada activista por los derechos de la mujer; Lluís Avellà fue ingeniero y un maestro dolçainer; Mariano Sánchez Soler se convirtió en un periodista y escritor de prestigio; Amador fue artesano y María Jesús se hizo abogada y ambos son voces autorizadas en Alacant Desperta; Víctor trabajó como archivero en Suma y hoy sigue vinculado a la Festa en Sèneca-Autobusos; Manolo Ruano tuvo el pub La Luna y luego trabajó el cuero...

Todos ellos contribuyeron con Arribar i Pouar a que las de 1978 sean consideradas por muchos como las primeras Hogueras modernas por su empeño en abrir la fiesta a todo el mundo.

Sin espacio nuevo de ocio en Teulada

El Ayuntamiento de Alicante, en su intención de renovar el contrato para la concesión del Mercadito de Hogueras, propuso habilitar un nuevo espacio para la fiesta en el entorno de Teulada. En concreto, preveía que ese nuevo recinto de ocio en la zona del mercadillo reuniese entre 4.000 y 8.000 personas al día con un gasto medio de 15 euros. Sin embargo, ese espacio por ahora no verá la luz. Tras la falta de interés entre las empresas (el contrato se quedó desierto), el gobierno de Barcala propuso a la Federació de Fogueres que se hiciera cargo del Mercadito, con la vista especialmente puesta en el espacio protocolario de Federico Soto. El ente gestor de la Fiesta aceptó la oferta pero entre sus condiciones figuraba la renuncia al nuevo espacio de Teulada, para centrar los esfuerzos en el entorno de Soto. Todo parece indicar que así será, porque este pasado martes el ejecutivo local avanzó el visto bueno a la propuesta de la Federació.

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