Análisis
El Parque Central de Alicante, un tren que no se puede perder
La ciudad conocerá este lunes el diseño acordado entre las administraciones para una iniciativa que urge tras tantos décadas de espera

Los terrenos en los que se proyecta el futuro Parque Central de Alicante / Alex Domínguez
Llegó el día. Este lunes, si no se produce ningún contratiempo de última hora y tras una espera demasiado larga, Alicante conocerá el diseño del Parque Central, acordado entre el Gobierno de España y el Ayuntamiento de Alicante, que no es algo baladí en estos tiempos de encarnizada confrontación política. De hecho, la puesta de largo del proyecto será de etiqueta: con el alcalde de Alicante, Luis Barcala, de anfitrión en el Salón Azul del Palacio Consistorial (que está para pocos actos de postín, a la espera de su más que necesaria rehabilitación); del presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, y del ministro de Transportes, Óscar Puente.
Será un día, este 13 de abril, que perfectamente podría pasar a la historia de la ciudad. Para bien... o para mal: se verá si puede hacerse realidad un añorado objetivo o si será una nueva oportunidad perdida. Y es que no se habla de un proyecto más, de una promesa cualquiera. Se trata de un desarrollo urbanístico que promete transformar una parte fundamental de la ciudad, "coser" la vertiente sur, darle sentido a un espacio integrado en un ámbito de actuación (la OI/2) que supera los 468.000 metros cuadrados en total, es decir, aproximadamente medio centenar de campos de fútbol.
Un espacio ahora inutilizado, pese a su privilegiada ubicación, inaccesible en buena parte de su superficie, lleno de polvo, de escombros, de ratas y en el que pueden levantarse, de ejecutarse finalmente el Parque Central, unas 1.400 viviendas (un tercio de ellas de protección pública en un momento de tanta necesidad habitacional) y generarse un gran pulmón verde, junto a dotaciones públicas. Difícil decir a estas alturas qué urge más en Alicante.
Ahora, nueve meses después de la primera fecha prevista, en julio de 2025, tras el acuerdo inicial entre las administraciones involucradas, llega el momento de conocer los detalles, que son el todo en un proyecto de esta envergadura, por su coste, por su plazo de ejecución, pero, sobre todo, por su relevancia para la ciudad. Este lunes los relojes se pondrán a cero. Puede ser el pistoletazo de salida para un proyecto realmente de ciudad.
Pero también puede que tantos años de espera, tantos meses de incertidumbre, de rumores, desde que el Gobierno y el Ayuntamiento acordaron el diseño que ahora se pondrá negro sobre blanco, queden en nada, en un nuevo documento apilado en ese montón de proyectos nunca ejecutados, que en Alicante no son pocos en su historia más reciente. ¿Estaría lista la ciudad para perder otro tren? Sería difícil de explicar y aún más de entender.
Puente y Barcala tienen una oportunidad única para hacer gala de un entendimiento nada habitual en política
Ahí, cuando se desvelen los detalles, se sabrá si Barcala fue riguroso al hablar de "semisoterramiento" o si hizo bien al autoenmendarse días después, al considerar que su expresión no había sido "precisa". Ahí se conocerá, por tanto, si el proyecto apuesta por que los trenes lleguen bajo tierra a la estación, integrada en la futura intermodal, o, si como sucede ahora, lo harán a cielo abierto.
Ahí se desvelará de no ser un soterramiento al uso, como sucede en otros proyectos impulsados por el ministerio desde la llegada de Puente, cómo se hará para llevar a cabo la integración ferroviaria que, sin ir más lejos, acordó el Gobierno con el Ayuntamiento de Granada hace apenas unos meses, en un proyecto urbanístico en un ámbito similar en una ciudad también gobernada por el PP.
Una actuación en tierra nazarí, por si el lenguaje resulta familiar este lunes, en la que se defendió que "permitirá mejorar la permeabilidad, promover el despliegue de zonas verdes e itinerarios peatonales y reducir la contaminación acústica en el menor tiempo y con la mayor certeza", aludiendo a que era la "más viable desde el punto de vista técnico y financiero". Ahí se impuso el pragmatismo frente a los deseos más ambiciosos.
Ahí, cuando se descubra el proyecto del Parque Central de Alicante, se verá cuántos de los aproximadamente 600 metros de vías que actualmente están al descubierto, entre el principio del túnel del soterramiento, allá por el cruce de Ausó y Monzó, y la estación, pasarán a estar bajo techo, de no ser finalmente la totalidad. Y cómo se realizará esa "cobertura", si por los medios clásicos u otros más modernos y menos costosos, como en Granada, por ejemplo, donde hablan de un soterramiento "low cost".
Silencio roto
Y, sobre todo, ahí se escuchará, por primera vez, tanto al ministro Óscar Puente como al alcalde Luis Barcala hablar sobre la solución planteada. Se sabrá qué piensan, el nivel de satisfacción tras las negociaciones entre el Gobierno y el Ayuntamiento y con qué convencimiento defienden su proyecto.
Se podrá intuir si el acuerdo, entre dos políticos dispares en lo ideológico y de partidos rivales pero que han evidenciado repetidamente su afinidad personal, es firme, sólido, indisoluble o si existen posibles vías de agua ante las siempre esperadas críticas. Que la presentación se realice en plena crisis del ejecutivo de Barcala por Les Naus, y en una semana clave por las primeras comparecencias públicas, es otro evidente gesto de esa amistad.
Y ahí ya se podrá adivinar si el proyecto, con sus posibles ajustes, se ejecutará o si volverá a un cajón, otra vez más, tal vez para enterrar para siempre el Parque Central. El grado de responsabilidad de los actores, políticos y sociales, no será menor, porque se trata de un desarrollo que Alicante no solo merece, sino que necesita. Estará a examen el compromiso tanto del Gobierno central como del municipal con Alicante, ante la posibilidad de cerrar una herida ya enquistada por el abandono de tantos y tantos años.
Puente y Barcala pueden convertirse en un espejo para la buena política, donde el entendimiento se imponga al enfrentamiento de estos tiempos, ante una transformación urbana que debe estar a la altura de la décima capital de España, que cumpla con las expectativas tras tantas promesas. La cuenta atrás llega a su fin, ahora falta saber si para siempre o para poner en marcha otra, la de verdad: la fecha de inicio de unas obras para que Alicante salga de una vez del letargo.
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