La vinculación entre Juan Sebastián Elcano y la Santa Faz de Alicante que ahora cumple 500 años
El marino vasco, conocido por ser haber capitaneado la primera circunnavegación de la Tierra, murió en el océano Pacífico en 1526, y en su testamento pidió entregar 24 ducados a la iglesia de la Santa Verónica

Transcripción de parte del testamento de Juan Sebsastián Elcano junto a la réplica de la embarcación en la que naufragó en 1926. / Rafa Arjones
Del Milagro de la Lágrima a la expedición en el Pacífico en la que murió el marino Juan Sebastián Elcano pasaron solamente 37 años. Tiempo suficiente para que la Santa Faz adquiriera una notable notoriedad. Prueba de ello es que el citado navegante, natural de Getaria (Guipúzcoa) y conocido por haber capitaneado la primera circunnavegación de la tierra de la que se tiene constancia, citó en su testamento el actual monasterio de la Santa Faz, entonces Iglesia de la Santa Verónica.
De eso se cumplen ahora exactamente 500 años. Elcano murió en agosto de 1526 y su testamento, redactado a finales de julio ante una muerte pronosticada dadas las condiciones de la expedición, incluyó su deseo de honrar el templo alicantino.
En concreto, Elcano zarpó en 1525 en una nueva expedición después del éxito anterior de la nao Victoria, la única que completó la vuelta al mundo navegando hacia el oeste entre 1519 y 1522 y que trajo consigo toneladas de especias. La posterior la capitaneó Francisco José García Jofre de Loaísa, quien situó a Elcano como su guía y capitán de una de las siete naves convocadas para el recorrido. El clima hostil y las condiciones adversas provocó la muerte de ambos y de muchos otros navegantes que tenían como misión continuar profundizando en las novedades y las riquezas que ofrecían los mares y las tierras aún desconocidas.
El mensaje póstumo
Pero el marino no sobrevivió a aquel viaje. Y en su testamento se acordó de Alicante y de su propósito de peregrinar hasta el monasterio de Santa Faz. Por ello, en el texto donde dejaba expresada su última voluntad a la hora de repartir sus bienes una vez muriera, añadió un apartado que se puede leer en el interior del mismo templo religioso a través de unos recuadros situados junto a una réplica de Santa María de la Victoria, la nave en la que naufragó. “Ítem mando por cuanto tengo prometido de ir en romería a la Santa Verónica de Alicante, e porque yo no puedo complir, que se haga un romero, e mando para dicho romero 6 ducados; allende de ello mando que le sean dados al dicho romero 24 ducados para que los dé a la iglesia de la dicha Santa Verónica, e traiga fée del prior e los mayordomos que recibieren los dichos 24 ducados”, según recogía el testamento.

Transcripción de parte del testamento de Juan Sebastián Elcano, en el monasterio de Santa Faz. / Rafa Arjones
Se desconoce por qué Elcano se comprometió a acudir al monasterio de la Santa Faz. El caso es que su disposición fue cumplida, pero muchos años después. Esto llegó en la Santa Faz de 1944, cuya romería se celebró el 20 de abril de aquel año y una comisión de la Armada acudió a cumplir con la última voluntad del marino. Dicha comisión la presidió el almirante Francisco Bastarreche, que entonces actuaba como procurador en las Cortes franquistas.
Habían pasado 418 años de su disposición y los 26 ducados se tradujeron en la cantidad de 15.000 pesetas dirigidas a las monjas clarisas de la iglesia y en la citada reproducción de la nave. A Bastarreche le acompañaron el académico Federico García Sánchez, que en los días anteriores se encargó de divulgar esta historia en Alicante; y el almirante alicantino Julio Guillén Tato, muy presente en aquellas jornadas de devoción.
La Santa Faz de 1944
La comitiva de aquella edición de la Peregrina del 20 de abril de 1944 partió de la entonces colegiata de San Nicolás (poco más tarde se erigió en concatedral) a las 8 de la mañana y pasó por la desaparecida ermita de la Virgen del Socorro, en el Raval Roig, hasta llegar al santuario de la Santa Faz, previo paso por la avenida de Dénia, entonces conocida como carretera de Valencia. Antes de llegar al destino definitivo la comitiva paró en la finca Lo de Díe “para rezar unos responsos”, práctica habitual entre la comitiva oficial en aquellos tiempos.
Además, en dicho año se celebró una misa por Juan Sebastián Elcano en el monasterio. La cita religiosa continuó con el Tedeum y el himno a la Faz Divina y culminó con el acto de cumplimiento del legado del navegante.

Imagen publicada en INFORMACIÓN el 21 de abril de 1944 de la Peregrina de la Santa Faz. / INFORMACIÓN
La participación popular también fue leída como un éxito. Con la novedad que el cumplimiento del testamento de Elcano otorgaba a esa edición, y con “marinos en el corazón del cortejo peregrino portando a sus hombros el voto” del navegante “consistente en una reproducción primorosa” de la embarcación, dicha recreación, evidentemente en miniatura, “iba gallarda y ambiciosa de llegar al Monasterio”, dejó escrito Juan José Tomás Marco en INFORMACIÓN. Tras esta comitiva se constataba la “insuperable manifestación de fe del pueblo alicantino”. La participación se cifró en 80.000 personas en una ciudad que entonces no alcanzaba los 100.000 habitantes.
Según las crónicas de 1944, cuando Elcano firmó su testamento en 1526, “la devoción hacia este santo vestigio estaba entonces muy extendida entre la cristiandad”. 37 años antes de la muerte del marino, el 17 de marzo de 1489, la reliquia fue paseada por la huerta de Alicante para pedir lluvia en aquel año de sequía. En el barranco de Lloixa se produjo el milagro.
Según los documentos de los años posteriores, el cura que portaba la reliquia cargaba con un peso desproporcionado, cayó al suelo y, en pedir ayuda, los presentes vieron que la Santa Faz representada lloró una lágrima desde su ojo derecho. El acontecimiento fue relatado en el oficio de 1518, donde también se narra que distintas personas fueron hasta Alicante para avisar de los hechos producidos. Muchos de los que oyeron el relato se desplazaron al barranco. Es el primer origen de la Peregrina actual.
Se da la circunstancia, según las narraciones antiguas, que tras aquel posible episodio las lluvias beneficiaron al campo alicantino. La historia se dio a conocer en el mundo cristiano. De esto último da fe el testamento de Juan Sebastián Elcano, del que se cumplen 500 años en este 2026.
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