Las monjas más tropicales: los dulces se transforman esta Santa Faz
Las Agustinas reinventan sus tradicionales postres con frutos de la huerta en una semana de peregrinación marcada por la afluencia masiva de visitantes

Alex Domínguez
La cuenta atrás para la Romería de la Santa Faz ya se respira en cada rincón del monasterio, donde el trabajo de las monjas Agustinas se convierte estos días en un ir y venir de manos que amasan, rellenan y envasan. Entre el aroma de la repostería y los preparativos de la Peregrina, este año la tradición llega con una novedad: los dulces de siempre se reinventan con sabores tropicales como la papaya y la guayaba, frutos de una huerta que sigue dando sorpresas.
En plena semana grande de la Romería, la vicaria de las Agustinas en el monasterio de la Santa Faz, sor Irene Estadella, señala que estos días el ambiente se debate entre la serenidad y dedicación. "Llevamos meses haciendo rollitos, con mucha paz y tranquilidad, y ahora ya estos días previos a la peregrinación la actividad se incrementa", afirma Estadella.
Una preparación que se ha centrado en lo esencial, pero que incorpora matices nuevos que han despertado la curiosidad de los visitantes. Así, entre los clásicos rollitos y bizcochos elaborados como cada año, la verdadera novedad está en las mermeladas, donde la huerta ha marcado el rumbo de la creatividad.
Llevamos meses haciendo rollitos, con mucha paz y tranquilidad, y ahora ya estos días previos a la peregrinación la actividad se incrementa
"Este año hemos introducido, porque hemos tenido una cosecha generosa de papaya, el cabello de ángel de papaya", explica sor Irene. Junto a ella, aparece también otra creación inédita: la mermelada de guayaba, que se suma a las ya tradicionales de higo o naranja, esta última con gran acogida hasta agotar existencias en pocos días, mientras que aún queda producción de mandarina.
Dulces que viajan con la peregrinación
Aunque la producción de dulces no es tan abundante como en otros años, en el monasterio confían en que habrá suficientes para todos los peregrinos. "No hemos hecho tantos dulces como otros años, pero habrá para todos los que quieran", asegura sor Irene Estadella, que recuerda que la llegada de visitantes es constante durante toda la semana.
Y es que la Santa Faz no vive solo de su día grande, sino que la semana de la peregrinación ha comenzado ya con una afluencia constante, especialmente de familias y niños que llenaban este martes recinto desde primera hora. El viernes, en particular, adquiere un carácter especial con la llegada de enfermos y personas mayores a la hora santa de la mañana, una celebración que sor Irene describe como "muy bonita y muy emotiva".
No hemos hecho tantos dulces como otros años, pero habrá para todos los que quieran
Junto a la repostería, las novedades también se encuentran en la tienda del monasterio que este año ofrece también un abanico de productos religiosos que cada año acompañan a los peregrinos como recuerdo de su paso por la Santa Faz. Pulseras, camisetas y pañuelos forman parte de una oferta que se ha ampliado con encargos especiales para esta edición.
"Hay todo tipo de productos religiosos pero, este año como novedad, hemos hecho camisetas y pañuelos que no se habían elaborado antes", explica sor Irene. Todo ello convive con la presencia constante de visitantes de distintas nacionalidades, lo que ha convertido el espacio en un punto donde el inglés y otras lenguas son habituales en la atención diaria. "Esta semana estamos teniendo que sacar el poco inglés que tenemos para poder atender a todos los turistas que se acercan a conocernos", destaca.
Una devoción que se renueva cada año
Más allá de la logística y la actividad comercial, la Santa Faz sigue siendo para las Agustinas un espacio profundamente espiritual. "Para nosotras siempre es una experiencia que vivimos y esperamos con mucha ilusión, con mucho cariño e intentamos que sea una vivencia espiritual y de fraternidad para todos los peregrinos", apunta sor Irene.
De esta forma, la comunidad religiosa percibe cada año cómo la devoción por la Santa Faz, tan arraigada en la identidad de Alicante, crece y se transforma. "Cada vez somos más conscientes de lo que la Santa Faz significa para nuestro pueblo, de la raíz profunda que tiene en los corazones de los alicantinos", reflexiona la religiosa.
Las oraciones de las hermanas se centran este año especialmente en la paz mundial
Este año, además, las oraciones de las hermanas Agustinas se centran especialmente en la paz mundial. "Somos conscientes de lo frágil que es la paz en el mundo y creemos que solo Dios puede dar la verdadera paz", afirma sor Irene. En ese gesto repetido de quienes dejan sus peticiones o sus agradecimientos en los buzones del monasterio se condensa también la esencia de la Romería: salud, familia, trabajo, estudios o agradecimientos por lo recibido. "Es conmovedor ver cómo la gente viene a dar gracias por lo que ha sucedido en sus vidas", apunta la religiosa.
Entre dulces reinventados, devoción y peregrinos que no dejan de llegar, la Santa Faz vuelve a convertirse un año más en un lugar donde tradición y novedad conviven, y donde incluso un nuevo sabor puede ser también una forma de fe.
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