La artesanía y las tradiciones se dan la mano en el mercadillo de Santa Faz
Los puestos en la plaza de San Diego y las pulseras volcánicas marcan las novedades de una edición con un refuerzo de la oferta

Rafa Arjones
Miles de peregrinos avanzan cada año hacia Santa Faz con devoción, pero también con la mirada puesta en todo aquello que rodea a la romería. Entre puestos, aromas dulces y reliquias, el mercadillo se convierte estos días en una parada obligada de la Peregrina donde lo artesanal convive con nuevas propuestas pensadas para atraer a públicos de todas las edades.
Este año, además, la cita llega con novedades tanto en la oferta de productos como en la distribución de los espacios. La incorporación de una nueva zona en la plaza de San Diego permitió este jueves descongestionar otros puntos clave y ofrecer una experiencia más cómoda para visitantes y comerciantes. Allí, desde primeras horas de la mañana, los peregrinos comenzaron a llenar los puestos, especialmente los dedicados a la alimentación y bebida, que se convirtieron en uno de los principales reclamos durante la jornada.
La plaza de San Diego se estrenó como uno de los epicentros del mercadillo con un total de siete puestos, en su mayoría activos solo durante el jueves de la Peregrina. Aunque al inicio de la mañana la afluencia fue tímida, los vendedores coinciden en que este nuevo emplazamiento ofrece ventajas frente a otros años.
Lo que más se lleva la gente es la caña de azúcar, los puros y el regaliz, lo típico de estas fechas
"Habíamos estado otros años donde la feria, pero aquí se está mejor, menos gente, y se trabaja más tranquilo", explicó Emilio José Martínez desde su puesto de alimentación, donde los productos más demandados siguen siendo los clásicos. "Lo que más se lleva la gente es la caña de azúcar, los puros y el regaliz, lo típico de estas fechas", recordó Martínez.
Este es el primer año que estamos en esta plaza San Diego, ya veremos, de momento va bien, está habiendo muy buena acogida
Nuevos espacios y nuevos sabores
La percepción se repetía entre otros comerciantes de la plaza. "Este es el primer año que estamos en esta plaza San Diego, ya veremos, de momento va bien, está habiendo muy buena acogida", señaló Vanesa López, quien destacó además que "la gente lo que pide son refrescos fríos, garrapiñadas y manzanas de caramelo". Por su parte, Bryan Cacuando, dedicado a la artesanía, reconocía las dudas iniciales al ubicarse en la plaza San Diego. "Al principio nos hemos quedado preocupados porque no pasaba mucha gente, pero conforme ha ido avanzando la mañana se ha ido animando y ahora hay bastante público", confirmó Cacuando.
Al principio nos hemos quedado preocupados porque no pasaba mucha gente, pero conforme ha ido avanzando la mañana se ha ido animando
A esta nueva zona se suman otros puntos consolidados como la plaza Luis Foglietti, junto al monasterio, que ha mantenido su papel central con seis puestos abiertos. En ellos, los productos tradicionales siguen siendo protagonistas, como en el interior del monasterio, donde la actividad no cesa.

Los tradicionales bastones, en uno de los puestos de Santa Faz / ALEX DOMINGUEZ
Los dulces elaborados por las hermanas Agustinas siguen siendo uno de los mayores atractivos gastronómicos, los rollitos de anís y vino, junto a los bizcochos, también en su versión de chocolate, vuelven a encabezar las ventas. Sin embargo, este año también se han introducido novedades como el cabello de ángel de papaya o la mermelada de guayaba. "No sabríamos decir cuánto puede llegar a venderse en un día como hoy o en todo el fin de semana de Santa Faz, pero no se para", explicaba Julio Forner, voluntario en el monasterio.
Lo que más se lleva la gente son las pulseritas rojas con nudos, las más tradicionales, de esas ya no nos quedan
Tradición que se reinventa
El abanico de recuerdos que los peregrinos pueden llevarse a casa es cada vez más amplio. Este año, las pulseras elaboradas con piedras de coral y roca de lava volcánica, que incorporan una medalla de la Santa Faz son una de las novedades. "Siempre se innova", apuntaba Natalia Martínez, quien subrayaba que "lo que más se lleva la gente son las pulseritas rojas con nudos, las más tradicionales, de esas ya no nos quedan, se las han llevado todas esta mañana volando".
Los bastones que más se llevan son los pequeños para los niños, que les hace gracia, o para senderismo
No faltan tampoco los clásicos bastones, conocidos como gaiatos, que siguen formando parte del ritual de muchas familias. "Los bastones son de lo más tradicional que hay en este mercadillo, nosotros llevamos viniendo toda la vida a vender bastones", explicaba Sergio Martínez, quien detallaba que "los que más se llevan son los pequeños para los niños, que les hace gracia, o para senderismo". Cada año, añadía, "intentamos innovar con los colores y las formas que siempre llama la atención".
Hemos venido con los niños a hacer la romería e intentamos cogerles unos xiulets o algún bastoncito
Para muchos compradores, adquirir estos objetos es una forma de mantener vivas las tradiciones. "Hemos venido con los niños a hacer la romería e intentamos cogerles unos xiulets o algún bastoncito con su nombre manteniendo las tradiciones que tenemos como alicantinos", señalaba Alejandro Amores. En la misma línea, Fini Fira destacaba el valor sentimental de estas compras: "Nos hemos parado a comprar un bastón en Santa Faz para nuestro nieto, el gaiato tradicional. Le ponemos grabado el nombre, es una tradición familiar", explica.
Nos hemos parado a comprar un bastón en Santa Faz para nuestro nieto, el gaiato tradicional. Le ponemos grabado el nombre
Incluso quienes acuden por primera vez se suman rápidamente a este ambiente. "Me he llevado unos escapularios y una pulsera para mi marido, es la primera vez que vengo, venimos de Elda y estupendísimo, volveremos a repetir", afirmaba Romi de Juan.
Una feria para completar la experiencia
Más allá del mercadillo, la feria de atracciones de Sant Joan se consolida como otro de los grandes focos de atención. Tras la caminata, especialmente para los más pequeños, las atracciones se convierten en el complemento perfecto a la jornada. No todo son compras o gastronomía, la diversión también forma parte esencial de esta celebración.
Entre el ruido de las atracciones, las luces y el constante ir y venir de visitantes, los niños fueron los auténticos protagonistas, disfrutando de un espacio pensado para prolongar la experiencia festiva más allá del recorrido hacia el monasterio.
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