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Hace 50 años

Del 13 al 19 de abril de 1976: Llenazo por Semana Santa en Alicante

El turismo abarrota la ciudad en las vacaciones de Pascua y destaca el aumento de visitantes soviéticos, japoneses y estadounidenses

Hace 50 años en Alicante. Del 13 al 19 de abril de 1976: El turismo abarrota la ciudad

Hace 50 años en Alicante. Del 13 al 19 de abril de 1976: El turismo abarrota la ciudad / Rafa Arjones / Perfecto Arjones

Ramón Pérez

Ramón Pérez

Ya se sabía que el turismo era un gran invento. Alicante, a diferencia de aquel pueblo de provincias de la película de Martínez Soria y López Vázquez, tenía aquella fórmula perfecta que se perseguía: una playa. Explotado aquel maná, los números cada vez eran más redondos, con más cifras y hasta más brillantes. Tal semana como ésta pero de 1976 llegaba la Semana Santa, un periodo vacacional que ya apenas tenía nada que envidiar al verano. En aquellos días Alicante multiplicaba su gente por las calles y las cifras oficiales no hacían más que corroborar que aquel pueblito de pescadores que un día fue era ahora una ciudad por la que muchos soñaban.

Era Alicante uno de los puntos fuertes de aquella España turísticamente socorrida. En apenas un año, el país había aumentado en 43.578 plazas hoteleras y las nacionalidades que más se habían apuntado a visitarnos eran la soviética, japonesa y estadounidense. Los establecimientos de la provincia rozaban el lleno para Semana Santa y este diario se hacía eco de que en municipios costeros como Dénia o Moraira era ya improbable encontrar alojamiento para verano.

No destinado al turismo, pero sí lugar en el que muchos extranjeros acabarían teniendo propiedad era el terreno donde se levantaría el complejo Bonalba, más allá de Mutxamel, que entonces ya aparecía en las líneas de los periódicos. Aquellos primeros pasos se anunciaban como un «balcón al Mediterráneo» y eran parcelas desde 800 metros cuadrados, a 225 pesetas el mismo. «Luz, agua, viales, alcantarillado», todo eso decían los carteles, que recordaban que el plan parcial de urbanización del entorno estaba aprobado oficialmente.

La Semana Santa, la puramente religiosa, no copaba tantas páginas como hoy, ni congregaba a tantos fieles (o quizás curiosos), pero sí que era referencia nacional las procesión de Santa Cruz. «En siete minutos se sube el paso la Hermandad de Santa Cruz a la carrera», titulaba INFORMACIÓN. «Ser costalero es la ambición de todo vecino», explicaban. También con la religión a cuestas ocupaba páginas enteras de publicidad las comuniones, que estaban a la vuelta de la esquina. Aquélla era pues época de compras de los vestidos y trajes y en este periódico se anunciaba El Corte Inglés, pero de Murcia, claro. A Alicante no llegaría hasta 1989.

Los paros obreros como respuesta a la lucha por condiciones dignas continuaban en la provincia. Era el turno del mármol y la piedra y a aquella protesta se unían 47 empresas que no tenían todavía convenio (40 de Novelda, cuatro de Monóvar y tres de La Romana). Sin embargo, una amarga noticia llegaba para el sector de la leche: el director general de Trabajo anunciaba que la huelga laboral de Clesa era ilegal y que la empresa no pagaría el salario de los 13 días de parón.

Mientras, el Ayuntamiento autorizaba la construcción de un espigón en el Cabo de la Huerta. Alejandro Forner Vidal era el promotor de aquel expediente para construirlo como defensa costera en Cala Palmera. Mediría 50 metros de longitud y cuatro de anchura y costaría alrededor de 750.000 pesetas. «A su amparo crecerá una playa y al proyecto no se le ven inconvenientes», contaban. Por otra parte, de enhorabuena estaba el sector del calzado, buen bastión en la provincia, porque Gerald Ford, presidente norteamericano, ignoraba la petición de restricciones a la importación que habían pedido las empresas de allí por la dura competencia: «No habrá cuotas tarifarias para los zapatos españoles». Quienes sí andaban con la mosca detrás de la oreja eran los habitantes de Callosa d’en Sarrià porque se estaba construyendo una carretera cerca del nacimiento de las fuentes del Algar. «Sospechamos que tendremos un problema de agua», decían.

En deportes el joven Sergio Cardell se proclamaba campeón de España de judo, un año después de haber sido campeón júnior, militar y quedar segundo en el absoluto. Era también aquélla una semana amarga para el fútbol español en Europa: el Barça caía eliminado en semifinales de la UEFA contra el Liverpool de Keegan y Hugues; y el Real Madrid se quedaba a un paso de la final de la Liga de Campeones contra el Bayern de Múnich tras un doblete de Gerd Müller.

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