Las faldas del castillo de Santa Bárbara de Alicante, un hogar para personas sin recursos: “Aquí se vive en paz”
La mayoría de los vecinos que frecuentan la zona aseguran que la convivencia se mantiene, pero se quejan por los restos de comida y por la suciedad que se acumula en el entorno

Tiendas de campaña y basura en el Benacantil / Pilar Cortés
El monte Benacantil, en las faldas del castillo de Santa Bárbara, se ha convertido en un refugio improvisado de personas sin hogar. El despliegue de tiendas de campaña, también frecuente en otros puntos de la ciudad, ha llegado también a este lugar céntrico, pero a su vez aislado de la zona urbana debido a su elevación.
En la subida habilitada para vehículos hacia la fortaleza, por la que según las señales solo se admite el paso de taxis y autobuses, se observan tiendas instaladas en la parte alta del monte, en una zona de acceso limitado a pie, posible a través de cuestas, piedras y desniveles. Otras se han colocado en la parte más baja del monte, la adyacente a la calle Doña Violante, que baja al barrio del Raval Roig.
Generan mucha suciedad, no limpian, no recogen, e incluso a veces hacen fuego para cocinar
En total, alrededor de una decena de tiendas, desperdigadas entre sí, se concentran en un monte frecuentado por personas que pasean a sus mascotas y donde las reuniones familiares también son habituales, sobre todo en el espacio de los merenderos. “El problema principal es que aquí hay niños, hay perros, y a veces estas personas dejan excrementos y las mascotas se acercan a donde están”, dice una vecina que no quiere dar su nombre.
La suciedad, de hecho, es la principal queja compartida por los visitantes del monte. Pedro Álvarez se expresa en este sentido. “Generan mucha suciedad, no limpian, no recogen, e incluso a veces hacen fuego para cocinar. Como un día se les escape tendremos un problema”, afirma, a la vez que reconoce que hasta ahora no ha sido conocedor de incidentes personales provocados por los pernoctantes.

Suciedad acumulada en el monte Benacantil de Alicante. / Pilar Cortés
Algunas de las personas sin hogar también depositan colchones para dormir o se introducen en una de las casetas del monte, accediendo incluso por la ventana. “Pero yo salgo todas las mañanas y todas las tardes con el perro y no hay problema”, afirma Aurelio García.
Yo salgo todas las mañanas y todas las tardes con el perro y no hay problema
Sin embargo, no todos los que pasan por el monte lo ven igual. Un vecino que prefiere mantener el anonimato ha presentado un escrito ante el Ayuntamiento alertando de la situación. Según afirma, en ocasiones “se encuentran montadas varias tiendas rodeadas de ropa sucia, calzado, bolsas de basura, botellas, enseres viejos, muebles y diversos elementos susceptibles de degradar la naturaleza y atentar contra la higiene”. Las llamadas a la Policía Local, afirma, no han surtido efecto.

Tiendas de campaña en el monte Benacantil de Alicante. / Pilar Cortés
En el escrito, el vecino solicita la retirada de las tiendas “por ser estas contrarias a las ordenanzas municipales, puesto que no está permitida la acampada en esta zona”. Otros, incluso, afirman haber visto salir a gente de las zonas de campamento improvisado “en un estado lamentable” y que “dejan basura”.
Me busco la vida, vivir en la calle es una decisión difícil, pero intento dejar la situación de lado y valorar lo bueno
Los acampados, generalmente, rehúyen de la conversación. Sí que ha accedido a hablar Alberto, natural de Bogotá (Colombia), actualmente sin trabajo y a la espera de regularizar su situación en España. Informático de oficio, explica que una ONG le acogió en el Cabo de la Huerta y que actualmente se encuentra en la calle por falta de fondos económicos, y más en una situación de crisis habitacional como la actual con unos precios disparados de los alquileres. “Me busco la vida, vivir en la calle es una decisión difícil, pero intento dejar la situación de lado y valorar lo bueno”, afirma.
Lo bueno, según él, es que “aquí se vive en paz”. El Benacantil le ofrece esta calma en comparación “con la gente que vive bajo puentes o en calles, donde suele haber más problemas de convivencia”. A la espera de regularizar su situación y de trabajar “aunque sea en negro instalando pantallas”, Alberto asegura que en su caso procura limpiar lo que hay alrededor de su tienda y todo lo que él genera, aunque reconoce que “no todo el mundo hace lo mismo”.
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