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ANÁLISIS

El Parque Central de Alicante, esa fina línea entre la ilusión y la decepción

Si el ministro Puente y el alcalde Barcala quieren despejar las legítimas dudas que rodean a los alicantinos lo tienen fácil: un papel, con fases, plazos y presupuesto, y una firma pública

Propuesta para el Puente Rojo y su entorno

INFORMACIÓN

C. Pascual

C. Pascual

No hace ni una semana que el Salón Azul del Consistorio alicantino se puso todo lo guapo que pudo, a la espera de la necesaria rehabilitación del edificio, para acoger la multitudinaria presentación del Parque Central, un proyecto acordado por tres administraciones (Ayuntamiento, Generalitat y Gobierno Central, a través del Ministerio de Transportes y de Adif), de dos colores políticos distintos (PP y PSOE). Todo un hito en los actuales tiempos de polarización.

Fueron muchos los que quisieron conocer de primera mano el diseño pactado, los trazos gruesos del futuro Parque Central, una actuación que lleva décadas entre las promesas incumplidas de quienes gobiernan y que nace principalmente para dar solución a las vías férreas que fracturan la ciudad en su acceso sur y ofrecer un espacio verde en un entorno donde el cemento y el ladrillo son predominantes.

Las sensaciones fueron buenas, incluso mejores de las esperadas. El ministro Puente debió salir satisfecho de la primera prueba de fuego. Aún más, si cabe, el alcalde Barcala, que además ha conseguido un cierto balón de oxígeno en su peor momento al frente de la Alcaldía por el escándalo de las viviendas protegidas de Les Naus.

En lo político, dejando al lado el show diario de Vox, se percibió una importante unidad política, incluyendo a Compromís (con predicamento en lo relacionado con las luchas de índole ferroviaria en la ciudad), pese a descartarse, como ya se había deslizado en las páginas de este diario, un soterramiento al uso.

Estado actual del entorno del Puente Rojo sobre terrenos del futuro Parque Central.

Estado actual del entorno del Puente Rojo sobre terrenos del futuro Parque Central. / ALEX DOMINGUEZ

En lo social, las sensaciones no fueron muy diferentes. Entre los vecinos que siguieron desde el salón más noble la presentación no se escuchó ningún portazo, pese a ese eufemismo de "integración ferroviaria" que no esconde por completo la playa de vías. A los vecinos, en general, la música no les disgustó, les sonó agradable, sin ocultar obviamente discrepancias con un diseño que, adelantándose a los hechos, el propio Puente subrayó que es preliminar, que sobre él caben ajustes siempre que no modifiquen el concepto.

Entre las críticas preliminares no figuraban las vías, el principal temor entre los mandatarios que llevaban más de un año trabajando en el proyecto (de ahí el autodesmentido del alcalde tras decir en un primer momento, acertadamente, que habría un "semisoterramiento"). Los vecinos pusieron el dedo en otras cuestiones, como las 1.400 viviendas proyectadas, criticando en tiempos de crisis habitacional que se mantenga la cifra inicial pese a que el proyecto se ha abaratado en cientos de millones de euros al no enterrar por completo las vías; la zona comercial proyectada en el entorno de la estación del ferrocarril, así como el uso hotelero que asomaba en el extremo junto a la avenida de Salamanca.

El foco

Pero realmente, la principal inquietud entre los vecinos presentes, como también entre aquellos empresarios y otros invitados presentes en la puesta de largo del pasado lunes, es el tiempo, los plazos de ejecución. Y con razón. La pregunta más repetida es si esta vez será la definitiva o se quedará en otra promesa incumplida.

Que la ilusión que en un primer momento ha despertado el proyecto no se convierta en incertidumbre, como paso previo a otra decepción (la enésima), es una tarea que compete exclusivamente a las administraciones involucradas en el Parque Central. Tanto el Ayuntamiento como el Ministerio de Transportes, sin olvidar a la Generalitat, deben trabajar con celeridad para que esta vez sí se convierta el deseo en realidad. Solo de ellos depende acortar los eternos tiempos de la administración, porque cuando se quiere, siempre se puede.

Y si quieren luchar contra las legítimas dudas que existen en la ciudad tras años de desengaños, deben anunciar, con luz y taquígrafos, un calendario con las fases previstas para el proyecto y sus tiempos de ejecución. Sin más demoras. No existe mejor arma contra el desánimo que una planificación clara, con fechas que se vayan cumpliendo. A Puente puede venirle bien, quién sabe, pero Barcala lo necesita, no pueden seguir pasando los días sin un solo proyecto con el que ilusionar a los alicantinos. Y para la ciudad, además, es una urgencia.

Si unos y otros quieren, de verdad, que la ciudadanía empiece a creer en el Parque Central, enterrando cualquier sombra de duda, lo tienen fácil: un papel, con fases, presupuesto y plazos concretos, y una firma pública. Qué menos.

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