Cuando Tabarca formó parte de Elche... y de Barcelona
La isla no formó parte de Alicante hasta finales del siglo XVIII y su insularidad ha marcado su ambigüedad administrativa

Matías Segarra
La demanda de los vecinos de Tabarca de independizarse parcialmente del Ayuntamiento de Alicante y convertirse en una entidad menor sumaría, en caso de materializarse, un nuevo estatus territorial de los muchos que ha ostentado la isla a lo largo de su historia. A ocho kilómetros de Santa Pola y a veinte de Alicante, la insularidad del lugar lo convierte en singular, también a nivel administrativo e incluso nominal.
La primera referencia toponímica escrita localizada de la isla corresponde al geógrafo griego Estrabón, de aproximadamente hace dos milenios, cuando se refiere a Planesia. Gregori Mayans, erudito del siglo XVIII, vinculaba esta denominación a una isla casi homónima cerca de Marsella (Planier), debido a que los marselleses, colonos de los griegos, habrían habitado el terreno. Otra interpretación del mismo intelectual es que Planesia, en lugar de ser sinónimo de «llano», tal como se ha acostumbrado a pensar (Tabarca también es conocida como la «illa plana»), significaría «peligroso», en relación los escollos que presenta.
Según José Luis González Arpide, autor de la exhaustiva obra Los tabarquinos, que publicó el Instituto Gil-Albert en 2002, la llegada de los romanos a la isla fue seguida de la rebautización como Planaria debido, ahora sí, a su condición llana, y también a la similitud con el nombre de la isla corsa Pianosa. Otro geógrafo, este árabe y del siglo XII, Al Edrisi, se refirió a la isla como Planasia.
Más adelante, los estudiosos detectan pruebas documentales con el nombre de «isla de Santa Pola» a partir del siglo XV y que persistiría hasta el siglo XVIII, cuando adquirió el nombre de Nueva Tabarca con la consumación de su adhesión al municipio de Alicante.
Administración
En cuanto a su definición territorial, ésta tuvo relación histórica con su entorno geográfico: el de Elche y Santa Pola. El último municipio, que en buena parte correspondía a lo que se conoció como Portus Illicitanus, se separó definitivamente de Elche en 1835. A ello se debe que desde esta ciudad se considere la isla de Tabarca como un territorio propio o, como mínimo, cercano.
Tal como escribe González Arpide, «la villa de Elche, desde tiempo inmemorial, se considera dueña de la isla de Santa Pola, ejerciendo pleno dominio sobre ella, sufriendo los mismos efectos y disponiendo de las mismas prerrogativas que la villa posea con el paso de los siglos». Esto es así desde la conquista cristiana del siglo XIII, primero a manos castellanas y posteriormente de la Corona de Aragón a partir de principios de la siguiente centuria.
La primera evidencia de la pertenencia de Tabarca a Elche es un escrito de 1337, en el que Ramon Berenguer, hijo del monarca Jaume II, que había recibido la donación de Elche y Crevillent por parte de su padre, concedía la licencia al Concejo de la villa ilicitana para edificar una torre en la isla que no se llegó a construir.
Campaña bélica
A finales de aquel siglo XIV, la villa de Elche, y por tanto Tabarca, fueron vendidas a Barcelona por su propietario, el infante (y posteriormente rey) Martí l'Humà, para hacer frente a las consecuencias económicas de la campaña bélica de Sicilia. Entre 1392 y 1473, la isla formó parte de la actual capital catalana, aunque el Concejo de Elche continuó funcionando. Posteriormente, el rey Juan II confiscó la villa de Elche tras un conflicto con la nobleza barcelonesa y el territorio, Tabarca incluida, recuperó su estatus anterior, pese a que fue donado al noble castellano Gutierre de Cárdenas en virtud de otro tratado medieval que los ilicitanos rechazaron.
Etapa alicantina
Ya en esos siglos, Elche y Alicante pleiteaban por los permisos de pesca en los alrededores de Tabarca, lo que puede identificarse como el origen de la disputa por el dominio de una isla asediada, también, por los ataques de la piratería musulmana que motivaron, de hecho, la repoblación definitiva de Tabarca con la llegada de los genoveses rescatados de la Tabarka tunecina en 1770. En aquel momento pasó a formar parte del término de Alicante, con el carácter de pedanía, pese a las reivindicaciones de Elche por orden del monarca Carlos III.
Los genoveses que repoblaron la isla procedían de una isla africana (de donde fueron convertidos a esclavos por un gobernante tunecino) que formaba parte de la república genovesa, que se integró en la unificación del actual estado italiano. Los nuevos tabarquinos, que aún conservan sus apellidos de origen, poblaron la isla con la creencia de las autoridades de que el asentamiento la protegería de los ataques piratas.
Fue así como se desarrolló un poblado al uso, con casas, iglesia y elementos defensivos como las murallas. Y fue cuando se adoptó el nombre de Nueva Tabarca, forjando una identidad que aún perdura. Sus condiciones, sin embargo, nunca fueron las mejores para habitar. La isla quedó bajo el control de un gobernador militar nombrado por la monarquía en su situación de plaza fuerte, aunque su dependencia de Alicante era evidente.
Con la desaparición de la figura del gobernador militar en 1850, la isla quedaba aún más a expensas del Ayuntamiento alicantino para garantizar servicios. Un hecho que se hizo notar en el retraso de infraestructuras tan elementales como el cementerio en una isla en la que los cuerpos descansaban casi al aire libre. La figura del pedáneo, instaurada en la segunda mitad del siglo XIX, desapareció en 2015 por decisión del Ayuntamiento de Alicante, entonces gobernado por un recién llegado tripartito de izquierdas, que lo consideraba como un sistema de representación «obsoleto».
La última persona en ejercer este cargo fue Cayetano García entre 1995 y 2015. Cree que la eliminación de esta figura fue «perjudicial», porque «antes una persona se encargaba de los asuntos de la isla y ahora no lo hace nadie». Fruto de aquella desaparición fue la creación de la asociación de vecinos, liderada por Carmen Martí, «para tener intermediarios que estuvieran conectados con el Ayuntamiento».
La constitución de Tabarca como entidad local menor, una reivindicación promovida por la mayoría de los residentes, la dotaría de un «presidente», que ejercería las funciones de alcalde junto a sus «vocales», como si fueran concejales. Una solución que desde la entidad vecinal persiguen por sentirse «abandonados» desde Alicante y que el antiguo alcalde pedáneo considera «muy descabellada», porque entiende que la isla «no recauda suficientes impuestos».
Desde la desaparición del alcalde pedáneo se han celebrado, de manera interrumpida, siete sesiones ordinarias de comisiones sobre la isla de Tabarca. La primera fue en 2019 y la última tuvo lugar el 5 de mayo de 2025. El resultado de este órgano no ha sido satisfactorio tampoco para los vecinos, que buscan un estatus territorial más ambicioso para la isla y poder adquirir cuotas de autogobierno tras una historia de muchos cambios.
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