Entrevista
Ángel Belzunegui: "Sin migración sí habría un verdadero apocalipsis demográfico"
El catedrático de la Universitat Rovira i Virgili ofrece en Alicante una conferencia sobre demografía, inmigración y extrema derecha en la que cuestiona los discursos alarmistas sobre el envejecimiento, la regularización y la teoría del gran reemplazo

Ángel Belzunegui analiza en Alicante la inmigración, la regularización de personas sin papeles / Rafa Arjones
En plena ofensiva política y cultural sobre la inmigración, el catedrático de Sociología de la Universidad de Rovira i Virgili de Tarragona Ángel Belzunegui ha intentado enfriar en el Círculo Progresista de Alicante uno de los debates más contaminados del momento, en el que se mezcla baja natalidad, envejecimiento, regularización de migrantes y el fantasma del llamado “gran reemplazo”. Frente a los discursos alarmistas, el profesor defiende volver a los datos y niega que España esté ante un “apocalipsis demográfico”.
Pregunta: Ha hablado en Alicante de apocalipsis demográfico, ¿qué hay de real y qué hay de exageración en esa idea?
Respuesta: Hay que serenar el debate y hablar de datos demográficos, proyecciones a futuro y del concepto de apocalipsis demográfico, la idea de que vamos hacia una sociedad envejecida que no puede sostenerse por sí misma, con una inmigración creciente. Son males que se relacionan con la baja natalidad y la baja fecundidad. Frente a las ideas extremas de la gran sustitución, de la pérdida de población y del invierno demográfico, hay que situar los datos y hablar sobre ellos. Para nada reafirman ese apocalipsis demográfico.
P: ¿La regularización que impulsa el Gobierno de Sánchez responde a una necesidad social o laboral?
R: Fundamentalmente, se basa en dos pilares. Uno es una realidad existente: se prevé regularizar a unas 500.000 personas extranjeras, aunque se sabe que hay más. La mayoría ya desarrolla una actividad económica, por lo que se pretende aflorar trabajo que hoy está en la economía sumergida, sin pagar impuestos ni Seguridad Social. Desde el punto de vista laboral, la medida es necesaria. Desde el punto de vista humano y social, también. Si esas personas están viviendo y trabajando con nosotros, deben tener contrato y derechos sociales y civiles. La regularización beneficia al tejido económico y permite también exigir obligaciones a quienes ya forman parte de esa realidad.
P: ¿También puede acentuar tensiones de convivencia en algunos barrios o espacios urbanos?
R: Tenemos que tener en cuenta que el porcentaje de extranjería en el país, no solo en España, puede generar tensión social. Hay muchos motivos, no solo que la gente sea de extrema derecha, xenófoba o contraria a la inmigración. Si bien es cierto que no hay un umbral a partir del cual las sociedades occidentales asimilen la cuestión migratoria, sabemos que hay zonas tensionadas y que eso la sociedad autóctona no lo tolera bien por diferentes razones. La regularización traerá beneficios y, en determinados espacios urbanos, puede que se agudicen conflictos sociales que tienen que ver con la convivencia.
La ultraderecha usa la inmigración como chivo expiatorio de todos los malestares
P: ¿Está creciendo el rechazo a la inmigración?
R: Hay un clima de rechazo hacia la inmigración cada vez más creciente en determinados espacios, alimentado por ideologías políticas que consideran que los inmigrantes vienen a España a beneficiarse de las ayudas. Los datos que tenemos no nos dicen exactamente eso, pero es un discurso que cala. El aumento de la población extranjera en determinadas zonas del territorio nacional puede incrementar ese rechazo, que considera que la población inmigrante viene a competir por unos recursos que son escasos en el Estado del bienestar.
P: ¿Por qué prende el discurso del gran reemplazo si no se sostiene demográficamente?
R: La teoría del gran reemplazo sostiene que la población europea acabará siendo sustituida por población africana, del Magreb o subsahariana, y que Europa dejará de ser reconocible en sus valores y tradiciones. Pero esa idea no está apoyada por los datos. Las proyecciones del INE hasta 2074 apuntan a un aumento de la población extranjera, pero también hay que tener en cuenta que muchas personas accederán a la nacionalidad española. Por eso, interpretar esas cifras como una sustitución cultural automática es un error.

Ángel Belzunegui, este martes, junto a Juan Antonio Roche y Juana Serna / Rafa Arjones
P: Aunque España cambie demográficamente, ¿por qué eso no equivale necesariamente a que vaya a dejar de ser reconocible?
R: La sociedad española dentro de 50 años será diferente, sin duda, pero igual que la actual ya es muy distinta de la de hace medio siglo. Hemos cambiado en lo económico, en lo social y en las libertades. Es tan erróneo decir que con la inmigración no pasa nada como afirmar que España va a desaparecer o que dejará de ser reconocible. Habrá cambios, claro, pero habrá que ver en qué se concretan y cómo evoluciona esa sociedad.
P: ¿Qué miedos sociales aprovecha hoy la extrema derecha al hablar de inmigración?
R: Fundamentalmente, se trata de convencer a las personas de que sus problemas vitales, económicos y personales tienen un origen común en la inmigración. Es un viejo mecanismo de chivo expiatorio: si te va mal, la culpa es de los inmigrantes porque rebajan los sueldos, acaparan ayudas o colapsan la sanidad. Así se desvía el foco del reparto de la desigualdad y de la estructura económica. Desde el punto de vista emocional, se apela a la nación, la cultura o el legado recibido como si estuvieran amenazados. Se utiliza a la inmigración como catalizador de malestares como la vivienda o los bajos salarios. En eso la ultraderecha es bastante eficaz.
No hay apoyo jurídico para priorizar a los nacionales en prestaciones y servicios
P: ¿Tiene encaje legal el pacto del PP y Vox en Extremadura para priorizar a los nacionales en prestaciones y servicios?
R: Son cuestiones ilegales que no van a poder hacer. En eso tiene razón Ayuso, que ha salido diciendo que hay ciertos aspectos que son ilegales. No hay ningún apoyo jurídico para priorizar a los nacionales frente a quienes no lo son en la provisión de prestaciones y servicios públicos. La sanidad es universal, hay una ley que obliga a que todo el mundo sea atendido, incluso las personas que no tienen derecho de residencia. Pueden poner muchas cláusulas y brindis al sol para sus electores, pero dudo que eso se produzca materialmente porque es ilegal. Son recursos de cara a la galería.
P: ¿Hasta qué punto la baja natalidad en España condiciona el futuro?
R: Lo condiciona totalmente. España tiene una de las fecundidades más bajas del mundo, en torno a 1,3 hijos por mujer, y eso tiene consecuencias muy serias a largo plazo. El problema demográfico de fondo no se entiende sin ese dato. Las proyecciones del INE apuntan a que, con fecundidad baja y poco saldo migratorio, España perdería población en las próximas décadas. Y en un escenario sin migración, el envejecimiento sería extremo. Eso sí sería un verdadero apocalipsis demográfico, una sociedad muy envejecida y difícil de sostener.
P: ¿Hasta qué punto necesita España a la inmigración para sostener su equilibrio demográfico?
R: Los procesos demográficos no son solo sumar y restar, sino buscar equilibrios. Regularizar a 500.000 personas no es una barbaridad en términos cuantitativos dentro de la evolución de la población. España necesita inmigración y también recuperar algo de fecundidad si quiere sostener su estructura social y económica. Además, este no es un fenómeno solo español. Sin migración, España arrastra crecimiento vegetativo negativo desde 2008 y la fecundidad de las mujeres extranjeras también se está acercando a la de las españolas.
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