Radiografía a la vivienda en Alicante: miles de pisos prometidos entre la urgencia y la ciudad futura
Las administraciones activan promociones para aliviar la crisis, aunque la mayoría de los anuncios no tiene fecha, mientras urbanistas y arquitectos alertan de la lentitud de los trámites y los límites para seguir creciendo

Plan Vive en Rabasa / Rafa Arjones
Alicante ha entrado de lleno en la vivienda como gran problema de ciudad. Mientras los precios aprietan y el acceso a una casa se aleja para cada vez más vecinos, las administraciones han puesto sobre la mesa un mapa amplio de promociones, suelos y planes con los que prometen empezar a aliviar la presión en los próximos años. Lo hacen en un contexto marcado por la polémica de Les Naus, la primera promoción de vivienda protegida en la ciudad en dos décadas que ya ha acabado investigándose en un juzgado por las sospechas que envuelven a las adjudicaciones y que ya acumulad quince imputados.
La cuestión, sin embargo, no es solo cuántos pisos se anuncian desde las administraciones, sino qué parte de esa oferta llegará realmente a tiempo y qué modelo de crecimiento dibuja para una ciudad que sigue ganando población y que ya se enfrenta a sus propios límites de suelo, servicios, movilidad y recursos.
Sin suelo ágil ni trámites rápidos, Alicante no resolverá su problema
La gran cifra que hoy exhibe Alicante está en el futuro Plan General. El Ayuntamiento plantea en ese documento una bolsa de más de 40.000 viviendas, buena parte de ellas ya anunciadas desde hace años, en un horizonte de entre dos y tres décadas, con la idea de dar respuesta al crecimiento demográfico previsto y reordenar el desarrollo de la ciudad. Es el gran armazón del relato institucional sobre la vivienda, una ciudad de Alicante que seguiría creciendo en población y que, sobre el papel, dispondría de suelo y capacidad para incorporar decenas de miles de nuevos hogares en los próximos veinte o veinticinco años.
La gran incógnita ya no está en cuántos pisos se anuncian, sino en cuándo llegarán realmente
Ese volumen se reparte, según los avances difundidos hasta ahora por el Ayuntamiento, entre 22.300 viviendas en sectores de expansión, otras 14.300 en operaciones de regeneración urbana y reconversión de suelos, 1.300 destinadas específicamente al alquiler asequible y una bolsa adicional de unas 5.000 posibles viviendas más. El planteamiento combina así nuevos desarrollos con intervenciones sobre la ciudad ya consolidada y se acompaña, además, de una reserva aproximada del 40 % para vivienda protegida. Todo ello se proyecta para una Alicante que, según el propio marco municipal, podría acercarse a los 466.000 habitantes en las próximas décadas.
La falta de mano de obra especializada es ya casi reconocida como el principal cuello de botella
Pero esa es solo una parte de la foto. Frente a ese gran horizonte de largo plazo, Alicante tiene ya otra realidad más pegada al presente, la de las promociones concretas que distintas administraciones han ido activando, licitando, adjudicando o proyectando en los últimos meses. Ahí el debate cambia de escala y también de tiempo. Ya no se trata tanto de la ciudad que puede llegar dentro de veinte años, sino de qué vivienda puede empezar a materializarse antes y con qué capacidad real para aliviar una emergencia habitacional que se percibe ahora.
Plan Vive
En ese plano inmediato, la Generalitat aparece como el actor con mayor volumen de vivienda concreta en marcha sobre Alicante. Según el recuento trasladado por la conselleria, suma 711 viviendas en distintas fases dentro del Plan Vive: 200 ya adjudicadas, 342 licitadas, 34 en construcción y otras 135 de próxima licitación. Es la bolsa más sólida fuera del PGE y la que mejor permite medir qué parte del discurso institucional sobre la vivienda baja del papel al terreno.
No basta con construir más si no se blinda un parque público estable y trazable
Ese mapa autonómico se reparte por distintos puntos de la ciudad. Rabasa concentra una parte importante, con promociones adjudicadas, licitadas y otra ya en construcción, pero también aparecen actuaciones en Ciudad de la Luz, Garbinet, Babel, Benisaudet y Polígono de San Blas, además de las cinco parcelas cedidas por el Ayuntamiento a la EVHA en avenidas y calles como Jaime I, Dénia, Médico Ricardo Ferré, Enfermera Angelina Ceballos y Banda los Claveles. La imagen que deja ese despliegue es la de una red de promociones repartidas por varios barrios, con distintas velocidades administrativas y con un peso relevante de la vivienda protegida y el alquiler asequible.

Vivienda proyectada en la ciudad de Alicante / INFORMACIÓN
A ese mapa se suman, por ahora, otras actuaciones de menor tamaño impulsadas por el Ayuntamiento y el Gobierno central. En el ámbito municipal figura la operación de la calle Ceuta, en San Blas, donde el Patronato de Vivienda ha licitado una promoción de alrededor de 30 viviendas de protección pública mediante permuta de suelo por obra, con una parte destinada al alquiler asequible, tras quedar desierto el primer intento de promover la construcción desde el propio Ayuntamiento. Y por parte del Estado aparece el proyecto de Casa 47 en Benalúa-Alipark, con 12 viviendas públicas en alquiler asequible sobre un solar procedente del antiguo patrimonio de Defensa.
Suma
Con todo, la cuestión de fondo no se agota en sumar viviendas. La gran pregunta es cuánto de ese volumen servirá de verdad para aliviar la crisis y en qué plazos. Porque una cosa es el suelo o la promoción anunciada y otra muy distinta la vivienda terminada, adjudicada y ocupada. Ahí es donde aparece el primer gran contraste del mapa alicantino, entre la amplitud de las cifras sobre el papel y la incertidumbre sobre su capacidad real para traducirse a tiempo en oferta suficiente en una ciudad donde la demanda aprieta ya.
Desarrollos, regeneración y densificación son estrategias complementarias
Es ahí donde los expertos introducen una primera llamada a la cautela. Ninguno niega que Alicante necesite más vivienda ni que el planeamiento sea imprescindible, pero coinciden en rebajar cualquier lectura triunfalista de las cifras anunciadas. El PGE puede ser, en una opinión generalizada, un buen armazón estructural para ordenar la ciudad futura, pero no resuelve por sí solo la urgencia actual y tampoco garantiza que toda esa oferta llegue, y menos aún en plazo. Entre el papel y la llave media un recorrido largo en el que pesan la gestión, la capacidad real de ejecución, la disponibilidad de suelo útil y la propia aptitud de la ciudad para absorber ese crecimiento sin generar nuevos desequilibrios.
Alicante puede crecer pero no a costa de generar nuevas periferias desconectadas
El principal freno que señalan los especialistas está en los tiempos. El abogado urbanista Rafael Ballester advierte de que, incluso cuando un suelo ya está en condiciones de desarrollarse, pueden pasar entre ocho y diez años hasta construir vivienda, mientras que la presidenta del Colegio Oficial de Arquitectura Técnica de Alicante, Cristina Bordera, añade otro doble tapón: la lentitud burocrática y la falta de mano de obra cualificada para ejecutar todo lo que se anuncia. No es casual que el propio Ayuntamiento haya prometido esta semana, una vez más, medidas para agilizar licencias y expedientes en Urbanismo. El problema es que esa reacción confirma, más que desmiente, que una parte importante del atasco está hoy en la capacidad real de transformar planes, parcelas y anuncios en pisos terminados.
Salidas
Tampoco ve la mayoría una única salida al problema. El catedrático de Urbanística y Ordenación del Territorio de la UA Pablo Martí sostiene que nuevos desarrollos, regeneración urbana y densificación son estrategias complementarias, no excluyentes, mientras que la catedrática de Composición Arquitectónica de la UA y miembro del Consejo Asesor de Vivienda, Elía Gutiérrez, defiende que Alicante no puede limitarse a rehabilitar y necesita también un gran proyecto de regeneración urbana. En una línea similar, el presidente del Colegio Territorial de Arquitectos de Alicante, Emilio Vicedo, apuesta por rellenar huecos y priorizar la ciudad compacta antes que extenderse sin más. Lo que emerge de esas voces es la idea compartida de que Alicante tendrá que crecer, pero la discusión real está en cómo hacerlo sin repetir errores de dispersión, desequilibrio o falta de ciudad.
El crecimiento obligará a medir cuestiones como el agua, la movilidad o los servicios básicos
A partir de ahí aparece otra gran pregunta de fondo sobre si Alicante está en condiciones reales de absorber ese crecimiento. El director del Laboratorio de Climatología de la UA, Jorge Olcina, cree que una bolsa tan amplia de vivienda puede asumirse si se despliega de forma gradual, racional y acompañada de una infraestructura verde sólida, agua garantizada, movilidad y equipamientos. Pero tanto él como otros especialistas advierten de que una ciudad sostenible no puede crecer de cualquier manera ni generar nuevas periferias desconectadas. El debate no es solo si caben más vecinos, sino si Alicante será capaz de sostenerlos con zonas verdes de calidad, transporte, servicios y espacio público suficiente.
Hay que rellenar huecos y apostar por una ciudad compacta antes que seguir extendiéndose
Los expertos añaden otra alerta de fondo: no basta con construir más si no se blinda un parque de vivienda protegida y asequible. Alicante ya tiene sobre la mesa miles de pisos anunciados; el examen real empezará cuando toque comprobar cuántos llegan, cuándo y para qué ciudad.
Gobierno: plan con cláusula «anti Naus»
El nuevo Plan Estatal de Vivienda aprobado por el Gobierno esta semana incluye una cláusula antifraude inspirada en el caso de Les Naus de Alicante, con la exigencia de adjudicar las viviendas financiadas con fondos públicos mediante criterios objetivos, medibles, transparentes y trazables. La medida se acompaña del blindaje de la vivienda protegida y de un refuerzo de los controles para evitar que recursos públicos acaben en operaciones especulativas o en repartos irregulares. Además, el Ejecutivo ligará su financiación al cumplimiento de esas condiciones.
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