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El Pla se rebela contra la expansión de los apartamentos turísticos en Alicante

Vecinos del barrio alicantino alertan de la conversión de antiguos comercios en alojamientos para visitantes tras actos vandálicos con pintadas y daños en cerraduras contra una actividad que el sector turístico defiende si cumple la ley

El alicantino barrio de El Pla se rebela contra la expansión de los apartamentos turísticos

El alicantino barrio de El Pla se rebela contra la expansión de los apartamentos turísticos / Jose Navarro

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Borja Campoy

Borja Campoy

En El Pla, el malestar por la expansión de los apartamentos turísticos ya no se expresa solo en conversaciones de portal, reuniones vecinales o quejas por el precio de la vivienda. También ha empezado a aparecer en las fachadas. En calles como Barcelona, General Elizaicín o Martínez de Velasco han surgido pintadas contra la turistificación y algunos accesos han sufrido daños, con silicona en cajetines de llaves o cerraduras. El mensaje, repetido en distintos puntos, resume el tono de la protesta: “La clase trabajadora responde al turismo”.

Las acciones vandálicas no agotan el debate, pero sí evidencian una tensión creciente en un barrio situado a pocos minutos a pie del centro, en las faldas del Benacantil, y cada vez más atractivo para alojamientos turísticos. El Pla, tradicionalmente residencial y obrero, se ha convertido en una nueva zona de expansión para un modelo que ya ha transformado el Casco Antiguo y el Centro Tradicional y que ahora avanza hacia barrios próximos, más baratos y bien conectados. La presión no se mide solo en pisos enteros destinados a visitantes, sino también en bajos comerciales que dejan de ser fruterías, talleres, bodegas o pequeños negocios para convertirse en apartamentos.

Todos los comercios que eran fruterías o talleres se han convertido en vivienda turística

Nico Alijas

— Vecino de El Pla

“Se han quedado con todo, la situación del barrio es decadente”, resume Nico Alijas, vecino de El Pla. Su diagnóstico enlaza la pérdida de comercio de proximidad con el encarecimiento de la vivienda. “Todos los comercios se han ido reformando para destinarlos a vivienda turística. Esto también provoca un precio excesivo de los alquileres de los pisos y las habitaciones. Antes una habitación costaba 200 euros y ahora 500. Esto al final lo pagamos la comunidad de vecinos que vivimos aquí toda la vida”, afirma.

Al final lo pagamos los de siempre, la clase trabajadora de un barrio obrero

Óscar de Sayas

— Vecino de El Pla

La misma sensación comparte Óscar de Sayas, también vecino del barrio, que describe un cambio acelerado en los últimos años. “Las calles se han llenado de pisos turísticos, han convertido todos los bajos comerciales en apartamentos. Se nota en la presión de los precios de la vivienda, lo comentamos los vecinos”, señala. A su juicio, el problema golpea de lleno a quienes ya residían en la zona. “Son pisos que no valen nada, sin ascensor ni calefacción, y están en 650 euros. Es un problema que no han sabido resolver las administraciones ni les interesa. Y al final lo pagamos los de siempre, la clase trabajadora. Este es un barrio obrero”, añade.

El problema de fondo no es solo turístico, sino habitacional. Alicante acumula anuncios de nuevas promociones públicas y asequibles para intentar aliviar la crisis de vivienda, aunque buena parte de esos proyectos siguen pendientes de plazos, trámites o ejecución. Al mismo tiempo, la ciudad arrastra una presión creciente sobre el alquiler, un mercado tensionado por la demanda residencial, la falta de oferta asequible, el atractivo turístico y nuevas fórmulas de alojamiento. En ese contexto, barrios como El Pla aparecen como una frontera más de un conflicto que ya no se limita al centro ni a la fachada marítima.

Mientras la actividad esté regulada y dentro de la ley, los actos vandálicos deben condenarse

Daniel Elman

— Presidente de la Asociación de Bloques de Apartamentos Turísticos de Alicante

La pérdida de identidad comercial es una de las derivadas que más preocupa a los residentes. Esperanza Escobar, panadera del barrio, lo vive desde el mostrador. “Estamos viendo que todos los bajos de nuestro entorno se han convertido en pisos turísticos y nuestra panadería puede acabar así en cualquier momento. Vivimos con esa incertidumbre. Conocemos muchos comercios que ahora se han convertido en apartamentos”, explica.

Un cajetín de llaves, inutilizado

Un cajetín de llaves, inutilizado / Jose Navarro

Esa mutación también la observa Juanma Sabater, joven del barrio, que habla de una transformación progresiva del tejido urbano. “Hay muchos locales cerrados y una reconversión hacia el sector servicios, hasta que pinche la burbuja. Los pequeños locales están cerrando, tiendas, panaderías… También se percibe una degradación de la seguridad. Y una pérdida de identidad del barrio”, sostiene.

Vivimos con la incertidumbre de que nuestra panadería acabe convertida en piso turístico

Esperanza Escobar

— Comerciante de El Pla

La inquietud no nace ahora. Hace dos años, las asociaciones vecinales de El Pla y Carolinas Bajas ya compartieron una charla sobre la proliferación de apartamentos turísticos. Entonces, los residentes advertían del impacto de este fenómeno sobre los precios de alquiler y compra, la convivencia y la capacidad de las comunidades de propietarios para limitar la actividad en sus edificios. Aquella reunión planteaba vías informativas y legales para afrontar un problema que los barrios consideraban ya desbordado.

Los pequeños locales están cerrando y el barrio pierde identidad con la presión turística

Juanma Sabater

— Vecino de El Pla

El sector turístico rechaza las actuaciones vandálicas y defiende que la actividad debe poder desarrollarse si cumple la normativa. El presidente de la Asociación de Bloques de Apartamentos Turísticos de Alicante (Abatur), Daniel Elman, recuerda que el Ayuntamiento ha aprobado una regulación con límites por zonas y sostiene que, dentro de ese marco, no caben ataques contra inmuebles o negocios. “Todo lo que esté contemplado en la limitación del Ayuntamiento no debería sufrir actos vandálicos de ninguna manera”, afirma.

Más pintadas en calles del barrio de El Pla

Más pintadas en calles del barrio de El Pla / Jose Navarro

Elman defiende que, “mientras la actividad esté regulada y dentro de la ley”, las acciones vandálicas deben condenarse “igual que en el resto de actividades económicas de la ciudad”. Entre esa condena y el malestar vecinal se mueve ahora el debate en El Pla. El mensaje de las pintadas remite a una discusión más profunda sobre qué modelo de barrio queda cuando los bajos dejan de abrir cada mañana como comercios de proximidad y empiezan a funcionar como alojamientos de paso.

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